De gripes y satélites: Porgy and Bess en el Auditorio Nacional

El pasado sábado 1 de febrero el Auditorio Nacional registró una nutrida afluencia de público para la proyección de Porgy and Bess.

Por Música en México febrero 6, 2020 Última Modificación febrero 6, 2020

por José Antonio Mireles Palafox

El pasado sábado 1 de febrero el Auditorio Nacional registró una nutrida afluencia de público para la proyección de Porgy and Bess, no solo una de las obras representativas de George Gershwin sino también una de las óperas estadounidenses más controvertidas desde su estreno en 1935, ya que es una historia de ¿amor? entre afroamericanos pobres donde la esperanza de una vida mejor se ahoga —literal y metafóricamente— en una tormenta de violencia, lascivia, prejuicios, abuso policial, fanatismo religioso, alcoholismo y drogadicción.

Para algunos, acertado retrato social de una comunidad afroamericana que lucha por un futuro digno en el desolado entorno de Carolina del Sur en los años 20; para otros, perpetuación de los estereotipos más deleznables hecha, a fin de cuentas, por blancos (George Gershwin en la música, Ira Gershwin y DuBose Heyward en el libreto), lo cierto es que Porgy and Bess cuenta con algunos de los momentos más memorables en la historia de la música estadounidense, por ejemplo la bellísima y harto “covereada” Summertime, o esa alegre aceptación de la pobreza como libertad ante las preocupaciones mundanas que es I Got Plenty o’ Nuttin’, sin mencionar el hermoso y delicado dueto I Loves You, Porgy. 

George Gershwin: Summertime (Porgy and Bess) / Golda Schultz (Clara), la orquesta y el coro del Met, dirige David Robertson

Controversias aparte, el hecho es que con esta espléndida y absorbente nueva producción de una ópera que tenía casi 30 años sin representarse en su escenario, el Met continúa manteniendo los altos niveles que han caracterizado su temporada 2019-2020. Cortesía de James Robinson, la ingeniosa puesta en escena se desenvuelve en una estructura giratoria que representa el “esqueleto” de lo que parece haber sido una típica mansión aristocrática sureña y que ahora es el conjunto de viviendas del grupo de afroamericanos que residen en Catfish Row. De hecho, más que Porgy y Bess, el núcleo de esta ópera es la comunidad, que en su ambivalencia no duda en rezar a Dios por la Tierra Prometida pero se gasta su poco dinero en alcohol y juegos de azar, o da la espalda a una “perdida” (Bess) de su condición pero se mantiene unida ante la intrusión de los blancos. Así, las escenas corales son fundamentales en la partitura de Gershwin, y el Met salió avante con un soberbio coro de cantantes negros que pasaban de la más desenfrenada alegría (por ejemplo al apostar a los dados o en la escena del picnic) a la más profunda congoja y fervor (como cuando se organiza el sepelio de Robbins). Además, un grupo de bailarines ofreció impresionantes y complejas escenas de baile (espléndidamente coreografiadas por Camille A. Brown) a la altura de, digamos, West Side Story, con rítmicos golpes de pies y brazos agitándose en el aire en una especie de evocación de los orígenes africanos.

En cuanto a los protagonistas, tanto la elección de cantantes como su desempeño individual y colectivo fueron más que acertados. Antes de iniciar el espectáculo, el gerente general del Met, Peter Gelb, se presentó en el escenario para anunciar que Eric Owens, el bajo barítono encargado de encarnar a Porgy, sufría de un fuerte resfriado, pero que aun así había decidido salir a cantar. Gelb pidió el apoyo y comprensión del público, pero en realidad la condescendencia no fue necesaria, porque —salvo un par de toses que se le escaparon casi al final de la ópera— Owens ofreció una interpretación memorable que sin duda se encuentra entre lo más destacado de su carrera. El cálido sonido de su poderosa y bien modulada voz, impregnado de una delicada sensibilidad, resultó perfecto para dar vida al inválido de buen corazón y serena sabiduría y dio un toque muy particular a los esperados duetos Bess, You Is My Woman Now y I Loves You, Porgy, donde la pareja protagónica alcanzó un equilibrio como pocas veces se ha escuchado. Visiblemente agotado y con la frente llena de sudor, Owens logró llegar hasta O Lawd, I’m On My Way, su último tema, con admirable energía y coherencia. Por su parte, el hermoso timbre de voz y la radiante presencia de la soprano Angel Blue hicieron una verdadera creación de Bess, orgullosa y frágil mujer en busca de una vida estable pero también enganchada al consumo de cocaína. Electrizantes resultaron la escena en que Bess vuelve a entregarse a Crown, su antiguo amante, y la parte en que —tras angustiosa lucha interna— la joven vuelve a caer en las garras de la droga.

George Gershwin: Bess, you is my woman now (Porgy and Bess) / Eric Owens (Porgy), Angel Blue (Bess) y la orquesta del Met, dirige David Robertson

La soprano sudafricana Golda Schultz encarnó a una Clara de gentil presencia que atrapó al respetable con una exquisita versión de Summertime, la conmovedora canción de cuna con que inicia la ópera. Jake, el esposo de Clara, fue interpretado con gran carisma y fenomenal voz por el bajo barítono Donovan Singletary. Una delicia resultó escuchar a la veterana mezzosoprano Denyce Graves como María, la ruda matriarca que vela por el bienestar de Catfish Row, sobre todo en el momento en que amenaza —con hiperrealistas tripas de tiburón destazado en la mano— a Sportin’ Life, el detestable pero cautivante proxeneta y vendedor de droga que causará la perdición de Bess, encarnado con gran magnetismo por el joven tenor Frederick Ballentine, quien se desplazaba por el escenario como viva imagen del más taimado Mefistófeles. Crown, el agresivo y vicioso amante de Bess, estuvo a cargo del bajo barítono Alfred Walker, quien dotó a su personaje de una amenazadora aura que nos hacía temer lo peor cada que aparecía en escena. Mención aparte merece la intensa interpretación de la soprano Latonia Moore como Serena, cuyo doloroso lamento impregnado de furia en My Man’s Gone Now, mientras el féretro con su esposo asesinado por Crown es sacado de su modesta habitación, nos dejó con la sangre helada y fue merecedor de un prolongado aplauso. 

George Gershwin: My Man’s Gone Now (Porgy and Bess) / Latonia Moore (Serena) y la orquesta del Met, dirige David Robertson

Rica en el uso de elementos tomados del jazz, el blues, el gospel, los pregones callejeros y el spiritual, la notable partitura de George Gershwin navega entre el ligero dinamismo del musical de Broadway y el obscuro dramatismo del Romanticismo europeo. Al frente de la orquesta del Met, el maestro David Robertson ofreció una vigorosa lectura llena de contrastes y matices. Rehuyendo exotismos y liviandades, Robertson construyó sabiamente y con elegancia las atmósferas adecuadas para cada escena, lo cual hizo de esta una de las mejores versiones de Porgy and Bess que hemos escuchado. 

Desafortunadamente no todo fue miel sobre hojuelas, aunque esta vez el espectáculo ofrecido por el Met está libre de culpa. A quien hay que achacar el trago amargo es a la tecnología satelital, que falló de la manera más miserable posible en tres ocasiones (a nivel continental, según se nos informó), dejando al público del Auditorio Nacional sin imagen ni sonido durante una parte de las entrevistas tras bambalinas y, peor aún, al inicio de la tercera escena del segundo acto. También desagradable resultó esta vez el subtitulado, que en su afán por traducir a un español inculto el inglés inculto que hace de los textos de Porgy and Bess una deliciosa pesadilla para los melómanos lingüistas, terminó haciendo de los personajes una especie de puertorriqueños, dominicanos o quien sabe qué mescolanza con tintes racistas donde se usó y abusó hasta decir basta de, entre otras, la elisión de las letras d y r y la sustitución de la letra s por la letra j, con lo que Dios terminó siendo “Dioj”, ten cuidado pasó a ser “ten cuida’o” y el doctor se convirtió en “el doltol”, por mencionar solo unas cuantas. Ni hablar.

George Gershwin: Fragmento de Leavin’ for the Promise’ Land (Porgy and Bess) / Orquesta y coro del Met, dirige David Robertson

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