George Antheil y el Ballet Mécanique

Publicado: junio 12, 2019 Última Modificación junio 12, 2019 Por: adminmusica

por José Antonio Palafox

En 1924, el pintor cubista francés Fernand Léger (1881-1955) se puso detrás de la cámara cinematográfica para dirigir —en colaboración con el cineasta estadounidense Dudley Murphy— un experimento fílmico que se convirtió en uno de los cortometrajes representativos del avant-garde francés: Ballet Mécanique, una danza de objetos y engranajes enlazados por el ritmo y la analogía de formas reconocibles tomadas de la vida popular que desfilan ante los ojos del espectador como variaciones del titular de un periódico (“On a volé un collier de perles de 5 millions”).

El encargado de musicalizar este vigoroso experimento con los elementos puros del lenguaje cinematográfico (forma, movimiento, ritmo, composición visual) fue el compositor estadounidense George Antheil (1900-1959), cuya aportación terminó siendo el elemento más radical de la obra. Antheil tenía solo 23 años cuando, recién llegado a París, se encontró inmerso en la efervescente vida de la vanguardia artística europea del momento, al lado de figuras del calibre de James Joyce, Man Ray, Erik Satié, Gertrude Stein, Igor Stravinsky, Pablo Picasso, Ernest Hemingway, Ezra Pound y Salvador Dalí. Su fama como enfant terrible de la música, debida a sus piezas para piano “ultramodernas”, llamó la atención de Léger, quien le propuso la creación de una pieza que se sincronizara “mecánicamente” con su película. Así, George Antheil empezó la composición de la que llegaría a ser su obra más representativa: el Ballet Mécanique.

Al final, el proyecto se topó con limitantes de orden técnico que impidieron la sincronización audiovisual deseada, por lo que el cortometraje se estrenó como una “película muda” en septiembre de 1924. Pero George Antheil continuó desarrollando su provocadora propuesta sonora, y el 19 de junio de 1926 estrenó, en el Théatre des Champs Elysées, la versión definitiva de su Ballet Mécanique, que con su novedosa estructura y su poco ortodoxa orquestación —la cual incluía fuentes sonoras inusuales como sirenas antiaéreas y hélices de avión— desencadenó reacciones encontradas entre el público, que terminaron (como era costumbre en la época) con una batalla campal donde hubo abucheos, insultos, aplausos y uno que otro sillazo.

Fernand Léger: Ballet Mécanique

Hasta el momento, Antheil nunca había compuesto obras de gran envergadura, pero en los casi 30 minutos de duración de su Ballet Mécanique demostró una asombrosa flexibilidad para incluir y entrelazar complejas figuras rítmicas, endiablados arpegios atonales, una desaforada velocidad de 150 pulsaciones por minuto y densos bloques prácticamente cacofónicos que crean un espeso y agresivo muro de sonido en el que encontramos, por aquí y por allá, destellos de jazz, ragtime y el inconfundible “mecanicismo” exaltado por el futurismo de Tomaso Marinetti, todo en conjunto con un elemento entonces completamente nuevo dentro de las técnicas compositivas: el uso del silencio total. En efecto, en diversas secciones del Ballet Mécanique encontramos inesperados lapsos de absoluto silencio, algunos de casi 20 segundos de duración, los cuales fueron denominados por el propio Antheil como “tiempo-espacio”.

Igual de radical que la estructura de la obra es su orquestación, que en su versión original constaba de una arriesgada mezcla de instrumentos entre los que se encontraban 16 pianolas sincronizadas divididas en cuatro grupos, dos pianos, tres xilófonos, siete timbres eléctricos, tres hélices de avión, una sirena de manivela, cuatro bombos y un tam-tam. Sin embargo, no hubo manera de mantener la sincronización planeada entre las pianolas, por lo que en las primeras interpretaciones se optó por recortar las partes de los cuatro grupos y combinarlas en un solo conjunto de rollos de papel perforado, interpretados por una sola pianola.

George Antheil: Ballet Mécanique (versión de 1953) / Philadelphia Virtuosi Chamber Orchestra, dirige Daniel Spalding

El escándalo suscitado en París llamó inmediatamente la atención de un editor y promotor neoyorquino que, ni tardo ni perezoso, organizó dos conciertos en el Carnegie Hall para llevar a cabo el estreno estadounidense del Ballet Mécanique. Así, el 10 de abril de 1927 tuvo lugar el primer concierto, en el que desafortunadas dificultades técnicas hicieron de la velada un estrepitoso fracaso: los enormes ventiladores que se usaron para recrear el sonido de las hélices de avión hicieron volar los programas de mano, los pañuelos y los peinados del público, además de que —por alguna inexplicable razón— la sirena eléctrica que suena en el clímax final de la obra tardó más de un minuto en empezar a funcionar, por lo que el (ya de por sí molesto) público se encontraba abandonando la sala cuando fue sacudido por el agudo estruendo del aparato. Como era de esperarse, la crítica destrozó a Antheil y su Ballet Mécanique, el segundo concierto en el Carnegie Hall fue cancelado y el compositor quedó hundido en una crisis emocional y financiera de la que solo empezó a recuperarse después de 1940.

Aunque el Ballet Mécanique no volvió a interpretarse en vida del compositor, Antheil no dejó de revisar su partitura y en 1953 terminó una versión más corta y “amigable”, con menos sonidos industriales, más pianos, otros dos xilófonos y un uso dosificado de la pianola. Esta segunda versión es la más interpretada (y grabada) actualmente, pero —aunque utiliza gran parte del material temático original— en realidad es prácticamente una composición distinta. Fue hasta finales de la década de 1990 que, gracias a los avances tecnológicos, la película de Fernand Léger logró ser sincronizada adecuadamente con la partitura de Antheil, además de que por fin se pudo interpretar la versión original del Ballet Mécanique, con todo y el sonido de las 16 pianolas perfectamente sincronizadas que el compositor había planeado usar en 1924.

George Antheil murió en Nueva York en febrero de 1959. Su obra —que consta de más de 300 piezas entre las que encontramos sinfonías, música de cámara, sonatas para piano, un concierto para violín, dos conciertos para piano, tres cuartetos para cuerdas, varias partituras para cine y seis óperas— cayó en el olvido, y la relativa fama de que goza el compositor descansa únicamente en el Ballet Mécanique, controvertido trabajo que con el tiempo encontró su justo lugar entre las obras maestras de la primera mitad del siglo XX.

George Antheil: Ballet Mécanique (versión de 1924) / INSOMNIO, dirige Ulrich Pöhl

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