Iolanta y el Castillo de Barba Azul – desde el Met

Publicado: febrero 17, 2015 Última Modificación febrero 17, 2015 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón

Después de dos montajes que no dejaron reacciones positivas entre el público, el Metropoltian Opera nos ofreció triunfales representaciones de dos óperas casi no vistas en México. De hecho, podemos estar equivocados pero Iolanta es un estreno. El director de este ambicioso programa fue Mariusz Trelinski, que se anotó un éxito muy merecido. Tchaikovsky maneja en su última ópera el triunfo de la luz sobre la obscuridad, todo a través del amor y las muestras afectivas. La música tiene momentos de belleza y expresividad que nos conmovieron profundamente y Trelinski manejó este cuento de hadas con mano maestra, colocando la acción en un cuarto cuadrado, en medio de un bosque, que podría considerarse como una cárcel para Iolanta, nacida ciega. Usando efectos giratorios y muy buena acción escénica, el director contó con un elenco inmejorable y en todos sentidos logró una representación que dudamos mucho se vuelva a repetir. La dirección musical de Valey Gergiev es famosa en el repertorio ruso, y quedó claro que está acostumbrado a trabajar con estos artistas. El nivel de excelencia fue sobresaliente. Anna Netrebko, en brillante voz y con una actuación que nos transmitió las añoranzas de este personaje cultivando una línea musical fabulosa. Se veía muy bella, como siempre, y es una actriz de primera. El Dio con Vaudemont, estupendamente cantado por el tenor Piotr Beczala, fue uno de los muchos puntos inolvidables de la función. Beczala mostró una vez más porqué es uno de los tenores en mayor demanda en el mundo. No solo es por la belleza de su voz sino por la forma en que penetra psicológicamente a sus personajes. Tres artistas rusos debutaron en Iolanta. Alexei Markov hizo un Robert de una belleza lírica fantástica, coronando cada una de sus frases con rico sonido baritonal. Es apuesto, simpático y con la gran escuela rusa. El rey René, padre de Iolanta, le dió seriedad y preocupación paternal. La voz es rica en sonoridad aunque los graves le cuestan cierto trabajo. Ibn-Hakia, el médico moro que cura a Iolanta condujo a Alexei Tanovitski a lograr una creación ideal con potente sonido, hermosos matices y una riqueza que no tienen la mayoría de los barítonos. Para los tres cantantes rusos fue un debut intachable y ojalá y vuelvan pronto. Valery Gergiev hizo sonar a la orquesta del Met al nivel que acostumbra o sea el más alto de su repertorio. Un verdadero triunfo para todos los responsables del descubrimiento en América del último testimonio lírico de Tchaikovsky.

Del mundo de la luminosidad y el amor en donde el espíritu romántico triunfa sobre la cárcel de la ceguera, pasamos a algo diametralmente opuesto, El Castillo de Barba Azul de Bela Bartok, visto en Bellas Artes en forma de concierto y más recientemente en otros recintos. Esta historia se va de las tinieblas al mundo más obscuro y trágico. Barba Azul, después de tomar como esposa a Judith, la introduce a su castillo y le entrega siete llaves que describen el contenido de este húmedo y repulsivo lugar. La curiosidad de Judith va avanzando y pronto descubre Barba Azul que nuevamente está condenado a la soledad. Todos los seres humanos albergan secretos y un mundo absolutamente personal, Barba Azul no es la excepción. Trelinski utilizo proyecciones impactantes y de inmediato recreo este mundo, cuyo contenido no tiene nada que ver con un cuento de hadas. En el final, Judith descubre que las esposas de Barba Azul viven en un mundo infernal condenadas a la soledad y la angustia. Ahora, ella las acompañará. Nadja Michael encarnó a Judith con seguridad, aplomo, atractiva femineidad y dotes de actriz que pocas cantantes tienen. Fue una actuación en donde manifestó una comunicación admirable con el público. El bajo Mikhail Petrenko fue un Barba Azul arrogante, seguro de si mismo, angustiado por el comportamiento de Judith, y finalmente capaz de conservar su prestancia. La voz sonó bien para la parte; siempre fue musical y expresivo en su incapacidad de perdonar a su consorte. Gergiev obtuvo una actuación loable de la complicada partitura con solos muy buenos y clímax intensos y aplastantes. Como señalamos al principio, finalmente el Met se puso a la altura de su gran reputación. ¡Bravo!

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