Minería: Britten, Mansurian y Sibelius

Publicado: agosto 24, 2015 Última Modificación agosto 24, 2015 Por: adminmusica

Carlos Miguel Prieto volvió al podio en programa retador y estimulante dándonos la oportunidad de conocer a un importante compositor a través de una de sus máximos intérpretes.

por Ricardo Rondón

Carlos Miguel Prieto volvió al podio en programa retador y estimulante dándonos la oportunidad de conocer a un importante compositor a través de una de sus máximos intérpretes, la violista Kim Kashkashian. Se trata de Tres Arias del compositor armenio Tigran Mansurian. La obra tiene cierto corte cinematográfico pero no establece un estado de ánimo acorde al tema que trata de describir. Es música gris y sin la personalidad que esperábamos. La interpretación fue inmejorable pero la solista se adueñó del micrófono e hizo pesada la introducción. Como “encore” tocó una canción folklórica del mismo compositor dentro de una línea similar a la principal.

Prieto abrió con la magnífica Sinfonia Da Requiem de Britten, su Op. 20 de 1940. Aunque usa los títulos en latín del réquiem católico, su relación con la misa fue más emotiva que litúrgica. La muerte del padre del compositor inspiró esta obra, fuerte e intensa. Britten la compuso en 1940 en los Estados Unidos. La Filarmónica de Nueva York la estrenó bajo Sir John Barbirolli. El músico ofrece el siguiente análisis:

“El primer movimiento (Andante ben mensurato) es una “marcha lenta que encierra un lamento. Tres temas hacen su aparición expresando dolor pero resignación”. Fue una excelente interpretación y ejecución. Sin pausa pasamos a la segunda sección (Allegro con fuoco), “una forma de danza de la muerte” con un ritmo marcial de cierta quietud. El esquema es de una serie de clímax, cada uno más fuerte que el anterior que se desintegran para entrar al final. La Sinfonía cierra (Andanta piacevole) primero con una gran quietud cuyo tema principal es noble y confortante.

Una melodía nueva cede a esa quietud que se encarga de cerrar la composición. La Segunda Sinfonía de Jean Sibelius es seguramente la más popular de las siete que escribió. Su contenido musical y manufactura no dejan de provocar los sentimientos más románticos y de grandeza imaginables. Podría cerrar uno los ojos e imaginarse los deslumbrantes paisajes finlandeses en todo su esplendor. Es música de una exuberante juventud, búsqueda, gusto y emoción. La orquestación es en sí una obra maestra que culmina con la derrota de la tiranía que vivía Finlandia y que buscaba con firmeza la libertad. Sin ser extraordinaria, la dirección de Prieto tuvo su habitual vitalidad pero a ratos se perdían los detalles en un todo orquestal de muchos decibeles y trompetas ensordecedoras. Los tiempos fueron rápidos pero sentimos que Prieto aún no se identifica totalmente con esta gloriosa partitura. Podemos decir que fue una experiencia aceptable más no memorable. Faltaron grandeza y misterio.

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