Satie y Suzanne

Es una noche lluviosa. Sentado a la mesa de un solitario café parisino, Erik Satie rememora tiempos pasados.

Por Música en México abril 18, 2020 Última Modificación abril 19, 2020

Es una noche lluviosa. Sentado a la mesa de un solitario café parisino, Erik Satie rememora tiempos pasados. La atmosfera del local lo sumerge en un estado de ensoñación y pronto los fantasmas cobran forma ante sus ojos. Hay uno, sobre todo, que brilla con luz propia: Suzanne Valadon, la única mujer que el compositor amó en su vida…

Dirigido por Tim Southam y estrenado en 1994, Satie y Suzanne es un mediometraje canadiense que narra de una manera poco convencional el breve romance protagonizado por el compositor Erik Satie (1866-1925) y la pintora Suzanne Valadon (1865-1938). Rehuyendo la narrativa anecdótica convencional y el uso de diálogos, la película transcurre en su totalidad dentro del espacio cerrado del café (¿la mente del compositor?), donde —mientras afuera la lluvia arrecia— la pareja se reencuentra para intentar restañar las heridas de su apasionado amor teniendo como marco las coreografías circenses y los bailes que, al ritmo de distintas obras de Satie interpretadas por el pianista neerlandés Reinbert de Leeuw, desarrollan los pocos parroquianos presentes en el local.

Aunque Satie y Suzanne no puede clasificarse como una biopic ni como un documental ni como un ensayo biográfico, algunas partes de los textos recitados en off son fragmentos de cartas escritas por Satie o por personas que lo conocieron, lo cual nos permite profundizar un poco en la personalidad de un compositor cuyas extravagancias y actitudes antirrománticas sirvieron para proteger su fragilidad afectiva. En el último papel de su vida, el actor inglés Nicholas Pennell (1938-1995) dio vida a Erik Satie, mientras que la reconocida bailarina y cineasta inglesa Veronica Tennant (1946), quien fue prima ballerina del Ballet Nacional de Canadá por 25 años, encarna a Suzanne Valadon. Por su parte, Tim Southam, el director, tiene en su haber diversos capítulos de series televisivas como La zona muerta, Dr. House, Bones, Motel Bates y American Gods, así como el documental Drowning in Dreams (1997), la película para televisión One Dead Indian (2006) y el mediometraje Inner Voices (2003), en el cual utiliza una estructura similar a la de Satie y Suzanne para narrar el triángulo amoroso entre Robert Schumann, su esposa Clara y Johannes Brahms. Las coreografías presentadas en Satie y Suzanne son cortesía de la reconocida coreógrafa Debra Brown, quien ha trabajado con el Cirque du Soleil (Nouvelle Expérience, Saltimbanco, Alegría, Quidam y La Nouba, entre otros espectáculos), el Met de Nueva York (Los fantasmas de Versalles de John Corigliano, La fille du régiment de Gaetano Donizetti), la Ópera Lírica de Chicago (la tetralogía de El anillo del nibelungo de Richard Wagner) y una nutrida lista de grupos y cantantes de rock y pop (Aerosmith, Shakira, Céline Dion y Madonna, entre otros). Como dato de trivia, los cuatro bailarines contorsionistas y el jugador de ajedrez que aparecen en Satie y Suzanne son miembros de la troupe del Cirque du Soleil.

Erik Satie se instaló en Montmartre, entonces ya uno de los principales centros artísticos de París, en 1887. Pronto se encontró inmerso en la vertiginosa vida bohemia de la ciudad, tocando el piano habitualmente en cafés-chantants y cabarets como el mítico Le Chat Noir, Le Divan Japonaise y L’Auberge du Clou. En esa época conoció a Claude Debussy y compuso sus tres Gymnopédies, sus cuatro Ogives y las primeras Gnossiennes. Entre 1891 y 1892 escribió varias piezas de inspiración mística (Sonneries de la Rose Croix, Le Fils des étoiles) para el ocultista Joséphin Péladan (1858-1918) y en 1893 se topó de frente con el amor encarnado en la figura de la pintora posimpresionista Suzanne Valadon, una de las mujeres más carismáticas y extraordinarias de su tiempo.

Hija de una lavandera viuda, Marie-Clémentine Valade (más tarde Suzanne Valadon) nació en la localidad de Bessines-sur-Gartempe. Aunque desde temprana edad mostró inclinación por el dibujo, su precaria situación económica la obligó a ganarse la vida como pudo, trabajando como costurera, lavandera, camarera y vendedora de coronas fúnebres. Se instaló con su madre en Montmartre, donde se desempeñó como acróbata del circo Mollier hasta que una caída del trapecio puso fin a su carrera. Entonces se ofreció como modelo de artistas y pronto se encontró posando para pintores de la talla del simbolista Pierre Puvis de Chavannes, con quien sostuvo un breve romance, Pierre-Auguste Renoir, quien la retrató en algunos de sus cuadros y la alentó para que se convirtiera en pintora, Edgar Degas, quien al ver los bocetos de la joven le dijo “Eres una de nosotros”, y Henri de Toulouse-Lautrec, con quien también tuvo un breve romance que desembocó en un intento de suicidio por parte de la joven.

En el ínterin, Marie-Clémentine se había convertido en madre soltera. En 1883, a los 18 años de edad, tuvo un hijo al que llamó Maurice. La identidad del padre nunca se supo, pero el pintor, ingeniero y promotor artístico español Miquel Utrillo, quien fue amante de Marie-Clémentine (entonces ya convertida en la pintora Suzanne Valadon) en 1890, dio su apellido al hijo de la pintora. Con los años, Maurice Utrillo (1883-1955) se convertiría en uno de los grandes pintores del grupo llamado Escuela de París.

En enero de 1893 la pintora tuvo su primer encuentro con Erik Satie, quien quedó tan impactado por su belleza que a las pocas horas de haberla conocido le propuso matrimonio. Suzanne rechazó la propuesta, pero aceptó vivir con él una intensa relación amorosa que tuvo como resultado dos obras de arte: por parte de ella, el retrato al óleo Erik Satie, que el compositor conservó en la pared de su habitación hasta su muerte; por parte de él, la brevísima (dura menos de 30 segundos) y enigmática canción para voz y piano Bonjour Biqui, Bonjour!

Pero el de Suzanne Valadon era un espíritu libre, caprichoso e indomable que chocaba de frente con el alma tímida e insegura del compositor. Lleno de tensiones y conflictos, el amor terminó por marchitarse tan solo seis meses después de haber iniciado. Suzanne puso fin a su relación con Satie y continuó un camino que la llevó a disfrutar de gran reconocimiento como pintora, a convertirse en la primera mujer en ser admitida en la Société Nationale des Beaux-Arts y a casarse, en 1896, con el prominente banquero Paul Moussis, con quien vivió durante los siguientes 14 años hasta que lo abandonó por André Utter, un joven pintor de 23 años amigo de su hijo, a cuyo lado permaneció hasta su muerte.

Por su parte, Satie jamás volvió a intentar enamorarse. Su romance con Suzanne Valadon lo había dejado, en sus propias palabras:

sin nada excepto una helada soledad que llena el cerebro de vacío y el corazón de tristeza”.

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