Stabat Mater de Poulenc

Publicado: marzo 28, 2015 Última Modificación marzo 28, 2015 Por: adminmusica



Coro Monteverdi Würzburg | Christine Wolff – Soprano | Matthias Beckert – Director

Francis Poulenc compuso su Stabat Mater durante el verano de 1950 en Noizay, el valle del Loira y completó su orquestación el 22 de abril de 1951. El estreno público fue el 13 de junio de ese año, en el Festival de Estrasburgo con la soprano Geneviève Moizan, el Coro de Saint-Guillaume y la Orquesta Municipal de Estrasburgo, dirigidos por Fritz Münch.

Poulenc es asociado por el público melómano por su característico humor. A lo largo de su vida compuso una serie de entretenidas obras que provocaban francas carcajadas e incluso erupciones de hilaridad incontrolada. Pero a partir de la década de 1930 Poulenc mostró un lado más reflexivo, un desarrollo quizá desencadenado por la muerte de su amiga cercana, Raymonde Linossier, la única mujer de quien cayó profundamente enamorado. Ello condujo a Poulenc hacia un período de introspección, a renovar su interés en el catolicismo y, por ende, a la composición de un breve pero sustancioso corpus de música sacra coral.

En su Stabat Mater encontramos a Poulenc adherido a una postura esencialmente devota, pero incluso en esta obra solemne se rompe el carácter con su típica dosis de humor, más notablemente en la sección “Eja Mater”. Este movimiento corto no es en absoluto lo que esperaríamos coN un texto como: “Ah madre, fuente de amor, me haces sentir la fuerza de tu dolor, así puedo llorar con ustedes.” La música es alegre y positiva, y termina con un pequeño glissando desde el primer trombón que suena francamente irrespetuoso. No obstante, el Stabat Mater sigue siendo una obra abrumadoramente grave y piadosa, “espero que pueda conmover a quienes gustan de oraciones”, escribió.

El impulso inmediato para su composición fue el fallecimiento del artista y amigo Christian Bérard, quien murió repentinamente, el 11 de febrero de 1949. En una entrevista, Poulenc explicó: “un Réquiem habría parecido un servicio fúnebre para Bérard. Un Stabat Mater, como una oración de intercesión, me pareció más adecuado. Lo pensé durante mucho tiempo, pero lo escribí muy rápido durante el verano de 1950, después de escribir un concierto para piano en un estilo muy irreverente, que provocó una crítica mordaz”.

Poulenc divide el texto clásico del Stabat Mater en doce movimientos y le imprime a cada uno un carácter distintivo, cada sección asume una postura fresca en cuanto a la orquestación, tempo y tonalidad. El resultado es una obra que no permite al oyente asentarse en un carácter único por periodos extensos. Los movimientos intermedios normalmente duran menos de tres minutos y los restantes no son mucho más largos.

Poulenc conservó un cariño profundo por su Stabat Mater hasta el final de su vida. El 26 de marzo de 1962, a menos de un año de su muerte, escribió a Bernac: “he terminado Les Ténèbres… con el Gloria y el Stabat creo que tengo tres buenas obras religiosas. Me podrían evitar unos días en el Purgatorio, si acaso me salvo del Infierno.”

Fuente: James M. Keller para la Orquesta Sinfónica de San Francisco


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