Baile / Duelo / Son – Homenaje a Federico García Lorca

Publicado: septiembre 26, 2015 Última Modificación septiembre 27, 2015 Por: adminmusica

Orquesta Filarmónica de la UNAM – Jan Latham-Koenig

De la consulta de diversos textos históricos y enciclopédicos surge una descripción invariablemente triste de la muerte de un gran artista. Al estallar la guerra civil española en 1936, el poeta granadino Federico García Lorca se hallaba en proceso de terminar La casa de Bernarda Alba, una de sus obras mayores. Gente cercana, que le quería y le admiraba, lo invitó a refugiarse en México, pero él prefirió permanecer en su tierra. Acogido a la hospitalidad de amigos que querían protegerlo de las hordas de fanáticos, una tarde fue sacado de la casa por un grupo de hombres armados, y asesinado en su ciudad natal el 19 de agosto de 1936. Ese día, España perdió a una de sus grandes voces, y el mundo perdió a un artista que supo, como pocos, transformar con voz propia las más profundas raíces de su pueblo, el pueblo andaluz.

Al margen del luto colectivo y oficial, la muerte de García Lorca dejó una huella íntima, profunda y triste en Silvestre Revueltas, cuya admiración por el poeta era bien conocida. De esa tristeza larga surgió la creación del Homenaje a Federico García Lorca, una de las obras orquestales más importantes de Revueltas. Entre las muchas cosas que se han dicho y escrito sobre Revueltas y García Lorca, y sobre la obra misma, existe un fascinante texto de Juan Marinello, algunos de cuyos fragmentos cito a continuación:

“Sentía Silvestre una profunda admiración por Federico, del que gustaba recordar con frecuencia los versos mejores. Poemas suyos le inspiraron sus Siete canciones, en que se hermanan gozosamente sus trasmundos. Había en ello una razón primordial: uno y otro, el músico y el poeta, eran hijos fieles y privilegiados de sus pueblos y dueños de un don, de un garbo libérrimo hecho de lealtades y sorpresas: los dos ponían el oído en la calle y en el campo y echaban a andar por caminos recónditos los humores sorprendidos. Por otro lado, y sin olvidar las diferencias abismales entre lo andaluz y lo mexicano, misterios de distinta voz, ha de medirse lo que es el cauce del idioma y el estar a todo, ventura y riesgo, que acerca el corrido al romance. Son opuestos en muchos sentidos lo gitano y lo charro pero en uno y otro campo relucen, muerte y vida, el acero y la flor. Por algunas semanas vivió Revueltas en una alucinación meditabunda, inmerso en el ámbito lírico de Federico, al que la muerte absurda ofrecía una profunda luz. Obsedía al músico el hecho monstruoso, y de tanta sustancia inquietante y turbadora, de aquella fuente tan rica de clamores seculares y futuros, cegada por un tajo de ancestral barbarie. ¿Cómo podía haber ocurrido aquello? ¿Cómo podía quebrarse de un solo golpe el vaso milagroso en que esperaban la señal mil criaturas obstinadas y relucientes? Antes de pasar a la orquesta, me adelantó Silvestre momentos de su llanto viril y desolado. Al comienzo dio a su obra un lindo título lorquiano: Llanto por García Lorca. Después, equivocándose, le cambió el nombre. En su voz física se traslucía mejor que en su música el tamaño de su conmoción; pero entonces y después, el temblor primero y en la traducción certera, se descubre la claridad atormentada en que se encuentran dos espíritus hermanos y diversos. Cada vez que oigo el lamento de Silvestre a la muerte de Federico se me hace más afilado, más heridor, el relieve de su mensaje. No hay dudas de que sólo el pueblo puede engendrar este grito contenido, este desgarramiento de viejas raíces destrozadas; pero sólo una sensibilidad de suprema jerarquía puede alumbrarnos este tesoro soterrado.”

La obra a la que Marinello se refiere en este poético texto es, en efecto, una conmovedora pieza luctuosa, pensada y realizada por Revueltas bajo una visión típicamente mexicana de la muerte. Una solitaria y áspera trompeta llama al luto, y como respuesta obtiene un sabroso baile encabezado por el flautín y lleno de los sonidos de charanga tan típicos de la música de Revueltas. Las trompetas con sordina juegan aquí un papel prominente. Para la sección central de la obra, el duelo propiamente dicho, vuelve la llamada inicial de la trompeta, que se prolonga en una melopea protagónica de una marcha fúnebre. Y para finalizar, Revueltas ofrece a su querido García Lorca un son, bailable y lúdico, pero con un trasfondo de evidente tristeza, lleno de reminiscencias de las bandas populares.

Si alguien se pregunta qué hacen un baile y un son como protagonistas de una música luctuosa, puede hallar la respuesta con una simple mirada a la añeja tradición funeraria mexicana. No hace falta profundizar mucho para comprender cabalmente que el Homenaje a Federico García Lorca es una expresión de duelo netamente popular, perfectamente congruente con la ambivalente actitud que los mexicanos tenemos hacia la muerte. En este sentido, no es difícil establecer un cercano paralelo entre el Homenaje a Federico García Lorca y las calaveras de José Guadalupe Posada. Las miradas socarronas de esas calaveras nos recuerdan que en nuestra cultura popular los velorios son momentos de duelo, sí, pero también son momentos de intercambio social en los que la rememoración del muerto suele transformarse paulatinamente en una celebración por la vida. En este sentido, siguiendo a Marinello, la música fúnebre compuesta por el charro para conmemorar al gitano rebasa ampliamente su dedicatoria individual para convertirse en una expresión muy significativa de nuestra peculiar relación con la muerte y con los muertos.

El Homenaje a Federico García Lorca fue estrenado en el Palacio de Bellas Artes el 14 de noviembre de 1936, en un acto auspiciado conjuntamente por la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, el Frente Popular Español y la Juventud Comunista de México. En esa ocasión, la pieza fue presentada con el título provisional de Tres piezas para diez instrumentos. En 1949, el Homenaje a Federico García Lorca fue puesto en escena como ballet, con coreografía de Waldeen.

Fuente: OFUNAM


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