Cuarteto de cuerdas no.13 en la menor (Rosamunda) D. 804, Op. 29 – Franz Schubert (1797 – 1828)

Publicado: agosto 6, 2015 Última Modificación agosto 6, 2015 Por: adminmusica

Sini Simonen, violín | Benjamin Bowman, violín | Steven Dann, viola | Richard Lester, violonchelo

Schubert creció tocando música de cámara con su familia y compuso varios cuartetos de cuerda (bastante apreciables) para estos asuntos domésticos. Sus cuartetos maduros compuestos para interpretaciones públicas datan de los años 1820 e incluyen el movimiento único “Quartettsatz”, el “Rosamunda”, “La muerte y la Doncella”, y el épico cuarteto en sol mayor, lo que suma un total de quince cuartetos. Escrito en 1824 cuando Schubert tenía solo 27 años (le restaban cuatro años de vida), el cuarteto “Rosamunda” sería la única obra del género interpretada y publicada durante su vida. Eclipsado por los cuartetos más dramáticos que le rodean cronológicamente, el cuarteto decimotercero es notable por su reservada suavidad teñida de oscuridad, una atmósfera y textura delicadas y la firma incontenible de Schubert: un delicioso lirismo.

Como solía hacer con frecuencia, Schubert tomó prestadas semillas melódicas y rítmicas de su propia música –canciones y música incidental– para cristalizar la nueva obra. Estas influencias son detectables en las cuatro movimientos, particularmente las gentiles melodías del movimiento lento tomadas del entreacto de la obra Rosamunda, escrita un año antes; así, el nombre del cuarteto lo aporta una historia más que el mismo Schubert.

El primer movimiento es el más intenso. Su melodía nostálgica con una urgencia rítmica subyacente ubica el carácter distintivo de Schubert: anhelo esperanzado rodeado de desesperación. Al usar temas múltiples, texturas flexibles, fuertes dinámicas y breves y alarmantes guiños de fugatos, la música se alza y decrece, cada nuevo gesto positivo se desbarata por una oscuridad más fuerte. Los movimientos intermedios son más sutiles. El Andante con el tema de Rosamunda canta suavemente, pero se alza hacia un punto culminante de angustia, aunque brevemente. El Menuetto es una sorpresa: en vez de una vivaz scherzo, Schubert escribe una música con carácter atmosférico que gana su rítmica oscilante tentativamente, tímida e incierta. El trío trae alivio por su sencillez casta que baila hacia la luz. Este espíritu más amable impregna el finale, sorprendentemente suave para Schubert. Una danza folklórica de ritmo moderado y ligera influencia gitana se convierte en el escaparate de una fantasía magistral de texturas y tonalidades parpadeantes que confirman que el cuarteto Rosamunde es una sutil delicadeza entre las obras maestras “tardías” de Schubert.

Fuente: earsense.org


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