El violinista del diablo

Estamos en 1830. El genovés Niccolò Paganini (David Garrett) es un violinista y compositor cuya prodigiosa maestría interpretativa lo lleva a ser aplaudido como una […]

Por Música en México Última Modificación agosto 28, 2021

Estamos en 1830. El genovés Niccolò Paganini (David Garrett) es un violinista y compositor cuya prodigiosa maestría interpretativa lo lleva a ser aplaudido como una especie de fenómeno de circo en los mediocres ambientes donde desarrolla su carrera. Sin embargo, esto no parece preocuparle pues para él la música es algo mucho más profundo que lo eleva a niveles muy por encima del mundo real. Así, en cada concierto que ofrece hace entrega de un apasionado virtuosismo que luego compensa en su vida privada con intensas francachelas en las que abusa del alcohol, el opio, el juego y los placeres de la carne. Por supuesto, el tren de vida que lleva hace que las deudas se acumulen y mantengan vacíos sus bolsillos, y es por eso que cuando un siniestro personaje que dice llamarse Urbani (Jared Harris) se acerca a él para ofrecerle el financiamiento de su carrera musical y una vida de gloria y deleites sin igual en la que solo tendrá que preocuparse por seguir creando revolucionaria música con su violín (el cual, por cierto, perderá poco después al apostarlo en un juego de cartas), Paganini —sin dudar y sin hacer preguntas— firma un contrato fáustico por el cual Urbani se pone a su servicio para hacerlo famoso a cambio de que el músico le devuelva el favor cuando se encuentren en la otra vida.

Es entonces que Paganini, bajo la complaciente mirada de su mefistofélico representante, empieza a ofrecer exitosos conciertos por toda Europa, obteniendo en todas las esferas sociales un inusitado reconocimiento aderezado con estrafalarios relatos sobre su extraña personalidad, sus conquistas sexuales y los poderes demoniacos que le permiten tocar el violín de la manera en que lo hace. Mientras tanto, en Londres, el promotor John Watson (Christian McKay), que está al borde de la ruina económica, decide jugarse el todo por el todo y organizar una serie de conciertos del virtuoso violinista para recuperar su prestigio. Aún contra su voluntad, Paganini emprende el viaje a Inglaterra, acompañado de Urbani. Sin embargo, su fama lo precede, y es así que —apenas intentar llegar al hotel donde Watson le ha conseguido alojamiento— se topa de frente con una iracunda multitud liderada por Primrose Blackstone (Olivia d’Abo), defensora de la moral y la decencia inglesas, quien no está dispuesta a permitir que un músico mujeriego, drogadicto, apostador y adorador del diablo se presente en su ciudad. Ante este inconveniente, a Watson no le queda más remedio que alojar a Paganini y a Urbani en su casa (que, por cierto, acaba de ser vaciada por sus acreedores). Ahí, el violinista conoce a Charlotte (Andrea Deck), hija de Watson y prometedora cantante de ópera. Como era de esperar, entre Charlotte y Paganini pronto inicia un romance que desagrada a Urbani, quien hará todo lo posible para mantener al músico bajo su maligno influjo.

Dirigida en el 2013 por el cineasta inglés Bernard Rose (Candyman, Immortal Beloved, The Kreutzer Sonata), El violinista del diablo es una película que aborda la vida del gran violinista y compositor italiano Niccolò Paganini (1782-1840) desde la perspectiva de la leyenda que afirma que vendió su alma al diablo a cambio de su asombrosa habilidad para tocar el violín. Llena de clichés e inexactitudes históricas en beneficio de un relato que navega entre la lucha del genio artístico como fuerza creadora y destructora y el amor como fuerza redentora (en este caso condenada al fracaso), la biografía presentada por Rose resulta un retrato superficial cuya premisa inicial termina por desestimar (en vez de explicar) el inigualable talento musical de Paganini, además de presentarlo como una especie de estrella de rock (con larga y sedosa cabellera, lentes de sol y vociferantes fans que se desmayan extasiadas al escucharlo tocar un par de notas incluidos) narcisista y manipulable cuyo único interés es asistir a fiestas para emborracharse, drogarse y levantar todas las faldas que pueda. Para dar mayor peso a la leyenda se hace hincapié en el hecho de que, tras su muerte, la Iglesia se negó a permitir que fuera enterrado en suelo consagrado, aunque se pasan por alto su intensa preparación musical —bajo la tutela de maestros como Giovanni Servetto y Alessandro Rolla— y la enfermedad que padecía —posiblemente el síndrome de Marfan, que se caracteriza por la desproporcionada longitud de los brazos y las manos, o el síndrome de Ehlers-Danlos, que provoca una inusual hipermovilidad de las articulaciones—, razones que explicarían tanto su prodigiosa manera de tocar el violín como su peculiar apariencia física.

Así pues, aunque como filme biográfico El violinista del diablo es un trabajo fallido, como reelaboración del mito de Fausto no deja de poseer cierto interés, acrecentado con una elegante puesta en escena y una acertada atmósfera oscura cercana a la del cine de terror. También ambivalente resulta la elección del violinista alemán David Garrett (1980) para encarnar a un improbable Niccolò Paganini de aspecto más cercano al de los protagonistas de Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) que al retrato que del verdadero Paganini hizo un contemporáneo suyo, el poeta alemán Heinrich Heine (1797-1856). A lo largo de toda la película Garrett despeja cualquier duda que pudiera haber sobre su más que limitada capacidad actoral, pero también demuestra con creces que es un violinista de primerísimo nivel. Y es que aunque los personajes son unidimensionales, los diálogos lamentables y la historia predecible, si algo tiene de disfrutable esta película son sus estupendas secuencias musicales. Cada que la trillada trama cede el paso a la música, parece que fueron Bernard Rose y David Garrett quienes vendieron su alma al diablo, el primero para lucirse con deslumbrantes movimientos de cámara y el segundo para ofrecer admirables y apasionadas interpretaciones al violín. Cabe mencionar que la destacable banda sonora de El violinista del diablo —que cuenta con la participación de la Orquesta de la Radio de Múnich bajo la batuta del maestro Ulf Schirmer (1959) y la Orchester 1756 der Salzburger Konzertgesellscaft en instrumentos de época— está formada por fragmentos de obras de Niccolò Paganini, Domenico Scarlatti (la Sonata en fa menor K. 466), Gioachino Rossini (el aria Nacqui all’affanno e al pianto de la ópera La Cenerentola), Franz Schubert (las canciones Erlkönig y Gretchen am Spinnrade) y Sergei Rachmaninoff (la Rapsodia sobre un tema de Paganini y la Sinfonía No. 2), adaptadas por el propio David Garrett y el compositor y arreglista holandés Franck Van der Heijden (1967), colaborador habitual de sus producciones discográficas y conciertos.

Desafortunadamente, la única versión completa de El violinista del diablo que pudimos encontrar no está en su idioma original (inglés) sino doblada al español. Esperamos que esto no represente ningún impedimento para nuestro amable lector.

Visita: https://www.youtube.com/watch?v=Djudc9bg7Mo

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