Ars Nova: un nuevo arte musical

Publicado: junio 28, 2018 Última Modificación junio 28, 2018 Por: adminmusica

Por Francesco Milella

Hoy vamos a comenzar de manera insólita, con un hecho histórico que pareciera no tener nada en común con nuestras curiosidades musicales: la batalla de Bouvines. El 27 de julio de 1214, cerca de un pequeño pueblo entre Francia y Bélgica, el Papa Inocencio III y el rey de Francia Felipe Augusto enfrentaron y derrotaron al rey de Inglaterra, Juan sin tierra y a Otón IV, emperador germánico. Las consecuencias de este evento militar, el primero a nivel internacional de la Europa moderna, fueron determinantes: los ganadores, el Papa y el rey francés, sin conquistar ningún terreno, reiteraron y fortalecieron su propio poder y su autoridad internacional. Entre los derrotados, Juan sin tierra, maléfico hermano de Ricardo Corazón de León, regresó a Inglaterra enfrentando una crisis interna que determinó la victoria de la nobleza local y la firma de la Magna Charta Libertatum, documento fundamental en la historia del derecho. Más desafortunado fue el destino de Otón IV, quien terminó por abdicar a favor de Federico II, joven emperador muy cercano al Papa y, sobre todo, al mundo de la cultura.

Lo que estos hechos nos cuentan, más allá de las fascinantes (y actuales) maniobras políticas y diplomáticas, es el nacimiento de una nueva Europa: en breve tiempo fueron naciendo nuevas universidades (Nápoles en 1224) y escuelas poéticas (Sicilia y Toscana); se realizaron profundas reformas de la Iglesia (no podemos olvidar el Concilio Lateranense en el que Inocencio III reconoció oficialmente a los franciscanos). Europa fue encontrando nuevos modelos y creando nuevas instituciones: obviamente las artes no se quedaron atrás y siguieron el mismo recorrido que las introdujo en una extraordinaria fase de renovación.

¿Y la música? El magisterio de Leoninus y Perotinus en la Catedral de Notre-Dame de París había abierto definitivamente las puertas de la polifonía, una técnica que el siglo XIII interiorizó totalmente marcando el inicio de una nueva época. Desde el Ars Antiqua (siglo XI-XII) la música se fue abriendo camino lentamente hacia lo que Philippe de Vitry (1291-1361) bautizó con el nombre de Ars Nova: con esta etiqueta el gran poeta y músico francés reunió todas las nuevas experiencias musicales que, a partir de la segunda mitad del siglo XIII y por todo el siglo XIV, fueron apareciendo en Francia y en Italia como evolución del Arte Antiguo hasta ese entonces conocido.

Ars Nova. Una pregunta surge espontánea: ¿por qué Arte Nuevo? ¿Cuáles fueron las grandes novedades que llevaron a los intelectuales de esa época a tomar conciencia con tanta, sorprendente claridad de dicho cambio? La primera, quizás la más importante, consistió en añadir nuevos valores a las notas musicales: nacieron la máxima (de valor superior a la longa, nota fundamental del organum en el Ars Antiqua) y la brevis y semibrevis, que abrieron nuevas posibilidades rítmicas del discurso musical. De la misma manera, comenzaron a aparecer indicaciones modales al principio de la partitura. Las voces, que con el Ars Antiqua no solían superar el número de tres, llegaron a ser cuatro, con lo cual se complicaba aún más la labor compositiva y ejecutiva de los músicos.

Nuevos lenguajes y nuevas técnicas generaron automáticamente nuevas formas compositivas: bajo la influencia de la poesía, cada vez más desarrollada, nacieron composiciones como la caccia, el madrigale y la ballata en Italia y el rondeaux, la ballade y el virelay en Francia, cada una con sus reglas retóricas, fonéticas y métricas.

Frente a una disponibilidad tan grande de formas y lenguajes, el genio musical no tardó en difundirse en una multitud asombrosa de nombres: en Francia brillaron el ya citado Philippe de Vitry y Guillaume de Machaut (1300-1377), figura extraordinaria en el desarrollo del Ars Nova y de toda la música del norte de Europa. En Italia, cuya historia había generado una cultura policéntrica, el Ars Nova encontró su máxima difusión en Milán, Verona y Florencia con compositores como Marchetto da Padova, Francesco Landini, Jacopo da Bologna y Giovanni da Cascia. Afrontando tanto el repertorio sacro como el profano, cada uno de ellos fue transformando la música medieval de su época en un lenguaje unitario de extraordinaria finura, complejidad y elegancia, casi queriendo celebrar la belleza de un mundo (el que se conocía hasta ese momento) que, a partir de la Batalla de Bouvines, había encontrado una nueva sabiduría: el hombre ya no era un simple instrumento al servicio de Dios, sino un protagonista del mundo, capaz de transformarlo y decorarlo con la fuerza de su ingenio. Eran las bases de lo que muy pronto la cultura europea habría de conocer como Humanismo.

 

Guilleaume de Machaut

Douce Dame Joilie : 

Philippe de Vitry

Douce Paysence:

Marchetto da Padova

Ave Corpus Sanctum: 

Francesco Landini

Non avrà ma’ pietà: 

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