Jaime Nunó, director de orquesta, concertista y compositor

Publicado: septiembre 9, 2019 Última Modificación septiembre 19, 2019 Por: antonio

Jaime Nunó, prócer mexicano de origen catalán

En el seno de una familia humilde nació Jaime Nunó, el más pequeño de los siete hijos que tuvieron Francisco Nunó y su esposa Magdalena Roca.

San Juan de las Abadesas, España, lo recibió en 1824, Su nombre de pila en catalán era Jaume, y es recordado especialmente como el creador del Himno Nacional Mexicano.

Permaneció en diversas ocasiones en el país y estuvo estrechamente vinculado a figuras políticas y episodios decisivos de la historia nacional.

Infancia en España

Siendo todavía muy niño, Nunó recibió los primeros fundamentos de su formación musical gracias a su hermano Juan, que era organista de la iglesia de San Juan de las Abadesas, y quien, pacientemente, lo introdujo en el mundo de la música.

Pero pocos años después del nacimiento de Jaime, empezó un triste período para la familia Nunó. El padre murió víctima de un accidente, lo que obligó a la madre a emigrar con el pequeño Jaime a la capital catalana, Barcelona, donde tenía algunos parientes, a fin de intentar superar las penalidades económicas y labrarse un futuro más esperanzador.

Su tío Bernardo, un comerciante de telas de seda de Barcelona, fomentó las aptitudes musicales de su sobrino.

Magdalena Roca murió, sin embargo, poco después, cuando Jaime Nunó contaba apenas nueve años, víctima de una terrible epidemia de cólera que causó una elevadísima mortandad.

Nunó fue adoptado por su tío Bernardo, un comerciante de telas de seda de Barcelona que inmediatamente empezó a fomentar las aptitudes musicales de su sobrino.

Los familiares de Nunó no tardaron pues en lograr que aquel pequeño, extraordinariamente dotado para la música, fuera admitido en la catedral de Barcelona para cantar en el coro, del que pronto se convirtió en un virtuoso solista.

El destino de Jaime Nunó esperaba al otro lado del Atlántico

Nunó permaneció siete años en el coro de la catedral, donde, aparte de cantar, tocaba también el órgano. Cuando, definitivamente, le cambió la voz, recibió por sus prometedoras aptitudes una pensión para estudiar en Italia, donde asistió a clases de composición con el maestro Saverio Mercadante.

Tras terminar su formación, regresó a Barcelona, decidido a ejercer su profesión, que prometía ser brillante: el joven Nunó había ya compuesto un gran número de piezas de baile, especialmente valses, así como arias y también misas.

Historia del Himno Nacional Mexicano y sus creadores

Aunque inicialmente su vida profesional parecía que iba a transcurrir por cauces tranquilos, en una Barcelona cada día más próspera debido a los cambios económicos acaecidos a raíz de la revolución industrial, el futuro de Nunó había de seguir derroteros muy distintos.

Efectivamente, cuando tras su regreso a España fue nombrado por el gobierno, en 1851, director de la Banda del Regimiento de la Reina, en Madrid, empezaba para este músico una nueva etapa intensa y agitada, repleta de cambios y viajes.

Ese mismo año, el gobierno español le encomendó la misión de organizar las bandas militares regionales de Cuba, entonces posesión española.

Jaime Nunó

Poco después de llegar a Cuba, Nunó trabó una especial amistad con Manuel Concha, gobernador y capitán general de Cuba. Fue allí también donde conoció al general mexicano Antonio López de Santa Anna, con quien habrían de unirle estrechos lazos de amistad.

Cuando Santa Anna regresó a México para hacerse cargo por última vez de la presidencia del país, invitó a Nunó a que se uniera a él y le nombró (1853) director general de bandas militares, con el grado de capitán de infantería de la milicia activa, trabajo por el que habría de percibir un notable sueldo.

La aceptación de dicho ofrecimiento significó para Nunó un cambio radical de vida, ya que no podía imaginar que la decisión de trasladarse junto con la comitiva de Santa Anna a México había de convertirlo años más tarde en prócer del país.

La composición que lo arraigó a México

En 1854, durante una de sus estancias en el país ganó el concurso convocado para componer la música del Himno Nacional, cuya partitura se interpretó por primera vez el 15 de septiembre de ese mismo año.

Se convirtió en un prócer patrio de la historia mexicana, por lo que posteriormente, en 1942, sus restos mortales fueron depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

En 1853 cuando el gobierno de Santa Anna hizo una llamada a los poetas y compositores del país con objeto de escoger e instituir el himno nacional mexicano.

Miguel Lerdo de Tejada, oficial mayor del Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, convocó pues un concurso para componer la música del Himno Nacional, cuya letra, seleccionada anteriormente, había sido escrita por el poeta Francisco González Bocanegra.

La principal normativa que debía cumplirse para poder acceder al concurso era que las partituras tenían que ejecutarse siguiendo unas determinadas normas musicales y en un plazo máximo de sesenta días.

Nunó escribió un himno vibrante, emotivo y triunfante que convenció definitivamente al jurado. El 12 de agosto de 1854 se dio a conocer oficialmente la pieza ganadora del certamen; como Nunó había firmado la partitura con sus iniciales, se le instó a que revelase su identidad.

Estreno en el teatro Santa Anna

Poco después, el 15 de septiembre, se interpretó por primera vez la partitura, en el curso de una función especial organizada para conmemorar el aniversario de la independencia. El acto en el que se estrenó el Himno Nacional tuvo lugar en el teatro Santa Anna.

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Teatro Santa Anna

Aquel día, el himno fue interpretado solemnemente por los cantantes italianos Claudina Florentini, soprano, y Lorenzo Salvi, tenor, que estuvieron acompañados por coros y orquesta de la Gran Compañía de Ópera Italiana, bajo la dirección del maestro Vitessiri.

Jaime Nunó murió en Bay Side, Nueva Jersey (Estados Unidos), en 1908, a los 84 años de edad, siendo inicialmente sepultado en Buffalo, Nueva York.

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