La doble cara de Henry Purcell

Henry Purcell
Publicado: agosto 24, 2017 Última Modificación agosto 24, 2017 Por: adminmusica

El destino musical de Henry Purcell (Londres, 1659) fue claro desde el día de su muerte el 21 de noviembre de 1695. En su patria natal fue inmediatamente celebrado como un rey: su cuerpo fue enterrado frente a su órgano en Westminster durante una grandiosa misa.

Por Francesco Milella

 

Todos los poetas más famosos de Inglaterra lo celebraron con odas y poemas, nombrándolo unánimemente como el más grande compositor británico, mientras que el resto de Europa recibía la noticia en silencio, probablemente ignorando su existencia.

El nombre y la música de Henry Purcell han vivido, desde su muerte hasta nuestros tiempos, una doble, contrastante historia: para el mundo británico su nombre es la única respuesta posible a la pregunta «Who is England’s greatest composer?», Purcell es el padre de la música clásica inglesa. Su música marcó el trayecto sobre el cual caminaron todos los grandes músicos ingleses desde Benjamin Britten y Edward Elgar hasta The Who y Michael Nyman. Para el resto de Europa, Purcell es, al contrario, un compositor interesante, a veces genial, y para algunos, la única justificación que tienen los británicos para poder hablar de música clásica.

Que Purcell haya sido el primer grande músico de la modernidad británica, nadie lo puede negar. Que haya sido también el más grande o el único (dicen los europeos…) compositor de la historia inglesa, es una simple cuestión de perspectivas, a veces alimentada por la debilidad o incluso mediocridad de algunos de sus sucesores. Entre el orgullo británico y la arrogancia categórica de los europeos se esconden muchos otros matices. Y es ahí donde es oportuno buscar y construir la verdadera y compleja identidad de Henry Purcell.

Pero volvamos al día de su muerte, al inicio de esta reflexión, para plantearnos una pregunta: ¿cómo es posible que un compositor tan joven, muerto a los 36 años de edad, haya podido alcanzar tanto prestigio y fama?

Ningún otro compositor europeo fue celebrado con tanta magnificencia, probablemente ni el mismo Händel.

La razón es una sola: pocos fueron los compositores capaces de transformar tan profundamente y en tan poco tiempo la identidad musical de su propio país como lo hizo Henry Purcell con Inglaterra.  

Desde la más tierna edad (la historia dice que comenzó a escribir música a los ocho años), Purcell se dedicó vorazmente a todos los géneros que la música barroca podía ofrecer hasta ese entonces: ópera, música celebrativa, música religiosa y música de cámara. Pero su mirada no era la de cualquier compositor del siglo XVII. Su genio musical, del cual Purcell – dicen – estaba más que consciente, lo impulsó a absorber todos los estímulos que tanto el contexto británico como el europeo le brindaban en aquel momento. El objetivo era uno solo: dar forma a una música auténticamente inglesa, una música que encontrará en las otras experiencias formas y lenguajes para dar vida a una propia, nueva y moderna identidad.

Así nacieron las dos joyas Dido and Aneas y The Fairy Queen, la consort musick y las obras celebrativas para la Reina María, los himnos y las sonatas: en cada una de sus obras Purcell mezcla el gusto por la melodía de los italianos, la sabiduría armónica del mundo alemán y las extravagancias rítmicas de los franceces, envolviendo todo en esa delicada intimidad, en esa prudencia y discreción que solo los ingleses habían sabido aplicar a la música.

En su música nunca respiramos la abundancia y la riqueza del barroco “continental”. Aún así, Purcell, como buen inglés, no deja de ofrecernos el placer de la fantasía y de la magia (Dido and Aeneas es un ejemplo magistral), la intimidad del detalle, la belleza en las pequeñas cosas, la espiritualidad directa y sin retórica (la Música para el funeral de la Reina María lo explica todo) y el gusto por la estructura a veces poco original, pero siempre sólida e impecable.

Quizás tengan razón los ingleses, quizás los “europeos”: Purcell fue, sin lugar a duda, uno de los genios más sorprendentes de la música británica, pero también un compositor frágil, que, a pesar de su extraordinaria herencia musical, no supo, quiso o pudo (su carácter complicado y su breve vida nos obligan a dejar abiertas las tres posibilidades) dar continuidad en el tiempo y en el espacio a lo que con tanta sensibilidad y en tan poco tiempo supo realizar. Podríamos continuar escarbando en los hechos y buscar más razones para apoyar uno de los dos partidos. Pero preferimos quedarnos con estas pocas verdades (y muchas preguntas) aceptando la doble cara de un insustituible protagonista de la música barroca.

 

Rondeau de Abdelazer

 

Chaccone de The Fairy Queen

 

Music for the Funeral of the Queen Mary

 

Dido & Aeneas

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