Las sinfonías de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893)

Publicado: marzo 3, 2018 Última Modificación marzo 4, 2018 Por: adminmusica

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Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt, dirige Paavo Järvi

 

Muchos de los grandes compositores del último tercio del siglo XIX y principios del XX utilizaron un lenguaje inspirado en la música popular de sus países natales sin

abandonar formas y recursos musicales procedentes de la tradición sinfónica centroeuropea del Romanticismo. En la órbita rusa destacó uno de los más inspirados compositores del siglo XIX, P. I. Tchaikovsky (1840-1893), graduado en el Conservatorio de San Petersburgo bajo la tutela de Anton Rubinstein y profundo conocedor de la armonía y la estructura de los grandes géneros de la música instrumental del Romanticismo alemán. Conocedor del gran talento del compositor ruso, Nikolay Rubinstein, hermano de Anton, director de orquesta y pianista en Moscú, propuso en 1865 a Tchaikovsky dar clases de armonía en su academia (futuro conservatorio de Moscú) y le abrió las puertas del círculo musical y artístico de la ciudad.

 

Durante estos primeros años en Moscú, el joven Tchaikovsky  recibió los ánimos de su mentor y la recomendación de componer obras sinfónicas que el propio Nikolay pretendía estrenar con su orquesta. Después de presentar algunas partituras orquestales de menor entidad, Tchaikovsky se embarcó en la aventura de una gran sinfonía, la primera de su catálogo, obra que le supuso grandes esfuerzos y hasta algún que otro problema de salud. Durante dos años, entre 1866 y 1868, el compositor escribió fragmentos de la sinfonía que modificó varias veces debido a las críticas que de ellos hacía constantemente Rubinstein. El primer movimiento que concluyó y estrenó como obra independiente fue el Scherzo, que fue presentado al público el 10 de diciembre de 1866 bajo la dirección de Nikolai Rubinstein. Posteriormente incorporó los otros tres movimientos y dio a la obra el subtítulo “Sueños de invierno” que se refiere a experiencias e impresiones que el compositor había vivido durante sus viajes entre Moscú  y San Petersburgo. Finalmente, la Primera sinfonía fue acogida con calurosos aplausos el 3 de febrero de 1868 y posteriormente revisada y modificada por el propio compositor.

 

Hay que aclarar que pese a que varios de los movimientos de esta sinfonía están encabezados por un título o una breve frase, no se trata de una sinfonía programática o descriptiva. Se trata solamente de evocaciones o “descripciones de un estado de ánimo” al modo de las que utilizaron compositores románticos anteriores a Tchaikovsky como Félix Mendelssohn, a cuyo estilo recuerda esta obra en algunos breves fragmentos. El primer movimiento “Allegro tranquilo” lleva el subtítulo “Sueños en un viaje de invierno” pudo estar inspirado por paisajes nevados, infinitos y bucólicos, que el viajero observaba desde el tren durante largas y frías noches de invierno. El movimiento está construido sobre dos temas, lírico el primero, expuesto por instrumentos de viento madera y que crece en intensidad con toda la orquesta, y elegíaco el segundo, iniciado por el clarinete, al que responde la cuerda, antes de iniciarse el desarrollo de la forma de sonata.

 

El segundo movimiento de la sinfonía es un “Adagio cantabile ma non tanto” de naturaleza sombría que evoca el título que escribió Tchaikovsky al comienzo de su partitura: “Tierra melancólica, tierra de brumas”. Intensamente líricas, las melodías de este movimiento transmiten esa nostalgia que suele emerger en el carácter de la música y la literatura rusas. El “Scherzo: Allegro scherzando giocoso” que se escucha a continuación es más ligero y enérgico y la primera de sus partes está compuesta sobre la base del scherzo de la Primera sonata para piano del compositor ruso. La parte central del movimiento contrasta con su lento ritmo de vals y anuncia los bellísimos ejemplos de vals que nos regalaría genialmente Tchaikovsky a lo largo de su vida, en sus sinfonías y en sus ballets.

 

La sinfonía termina con un “Finale-Andante lugubre-Allegro moderato” bastante complejo en opinión de A. Lischké, debido a la estructura formal del movimiento. Comienza con un sombrío tema basado en una canción popular que se transforma en un tema en modo mayor con una explosión de energía y brillantez que crece en intensidad con una orquestación rica y exuberante. Una sección en textura fugada une los temas con gran dinamismo antes de regresar momentáneamente a las sombras iniciales. La obra finaliza en un brillante crescendo en el que toda la orquesta participa con enorme fuerza y luminosidad.

 

Fuente: Mar García Goñi para la Orquesta Sinfónica de Navarra

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