Magno concierto del órgano monumental del Auditorio Nacional

Publicado: febrero 8, 2016 Última Modificación febrero 8, 2016 Por: adminmusica

El 7 de febrero de 2015, el Auditorio Nacional, lleno casi en su totalidad, vibró con las notas de su impresionante órgano monumental en un magno concierto, a lo largo del cual se interpretó un programa sumamente atractivo formado por obras de Johann Sebastian Bach, Arthur Sullivan, Léon Boëllman, Franz von Suppé, Miguel Bernal Jiménez y Camille Saint-Saëns.

La primera parte del evento corrió a cargo del organista italiano Davide Pinna (1977) quien, habiendo perdido la vista a los cuatro años de edad, interpreta su repertorio de memoria. Graduado del Conservatorio de Sassari, en Cerdeña, actualmente Pinna es organista titular de la iglesia Mater Ecclesiae de esta provincia italiana, además de director artístico del Festival Anual Encuentros Musicales, dedicado exclusivamente a la difusión de la música para órgano.

La obra elegida para iniciar no podía ser más acertada: la famosísima Tocata y fuga en re menor BWV 565 de Johann Sebastian Bach (1685-1750) siempre ha sido una de las grandes favoritas de cualquier recital para órgano solo. Sin embargo, un lamentable fallo técnico ocurrido apenas iniciada la interpretación hizo peligrar por un instante la majestuosidad de esta pieza. Profesionalismo ante todo, Pinna no perdió la concentración y continuó desgranando con metódica precisión la difícil partitura de Bach en una interpretación impecable y rigurosa a la que, sin embargo, le faltó vehemencia. Cosa distinta fueron la breve pieza The lost chord, del compositor británico Arthur Sullivan (1842-1900), interpretada con una sutileza encantadora, y la Suite Gótica Op. 25, del compositor francés Léon Boëllmann (1862-1897), convertida por Pinna en una verdadera reflexión mística capaz de transfigurar el espacio del Auditorio Nacional en algo muy cercano al interior de una iglesia medieval.

Para la segunda mitad del concierto se contó con la participación de la Orquesta Filarmónica de Toluca, dirigida por Gerardo Urbán y Fernández. Su vigorosa interpretación de la famosa obertura Poeta y campesino del compositor austrohúngaro Franz von Suppé (1819-1895) encendió los ánimos del público y preparó el ambiente para la presentación del destacado organista Víctor Urbán (1935), quien es egresado del Conservatorio Nacional de Música y se ha desempeñado como solista con casi todas las orquestas sinfónicas y de cámara de México, además de haber tenido la oportunidad de tocar en audiencias especiales para los papas Pablo VI y Juan Pablo II. Incansable promotor de la difusión de la música para órgano, y del rescate y la restauración de estos instrumentos a lo largo y ancho de nuestro país, Víctor Urbán ha sido maestro de órgano en el Conservatorio Nacional de Música (de donde también fue director), en la Escuela Nacional de Música de la UNAM y en la Escuela Superior de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes, y actualmente es organista titular del órgano monumental del Auditorio Nacional.

Amablemente, antes de sentarse frente a su instrumento, el maestro Urbán dio una breve y sencilla explicación acerca del origen y la estructura de la primera de las dos obras que iba a tocar: el soberbio Retablo medieval: Concertino para órgano y orquesta del compositor michoacano Miguel Bernal Jiménez (1910-1956). La interpretación estuvo llena de arranques de inspiración tanto por parte del organista como de la orquesta y de Gerardo Urbán y Fernández, quien tuvo el acierto de hacer hincapié en los fascinantes minúsculos detalles sonoros de que está llena esta obra y que casi siempre pasan desapercibidos porque hay una tendencia general de los directores a darle mayor peso a la grandilocuencia de la orquesta como mera acompañante del órgano y no como creadora de la atmósfera propuesta por Bernal Jiménez.

El magno concierto concluyó con la interpretación del final de la Sinfonía no. 3 Op. 78 en do menor “con órgano”, que el compositor francés Camille Saint-Saëns (1835-1921) dedicó a la memoria de Franz Liszt. Tanto la orquesta como el solista mostraron un inusitado brío que convirtió el cierre del evento en una verdadera apoteosis de niveles casi wagnerianos. Como encore, nuevamente el siempre disfrutable Mester de juglares del Concertino de Bernal Jiménez. El público, agradecido, abandonó el recinto tarareando este conocido tema que ha servido por tantos años como cortinilla de inicio de las transmisiones de Radio UNAM.

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