Música y Navidad – Un binomio inseparable.

Publicado: diciembre 10, 2013 Última Modificación diciembre 10, 2013 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón

En un año verdaderamente turbulento enviamos un deseo para diciembre….serenidad espiritual y ¿qué mejor que escuchar buena música? Aquí están algunas de las obras musicales inspiradas en los misterios navideños, una magnífica compañía. Muchos son los compositores que se han visto motivados por ese supremo acontecimiento que de tan humano transformó las religiones –el nacimiento de Jesús- y por su anual recordatorio de sencillez, de paz y luz interior. Aunque nos ocuparemos de comentar obras que se relacionan con la Navidad, lo cierto es que hay otras expresiones musicales que tradicionalmente se representan en la época, no por navideñas sino por ejercer cierta fascinación sobre la gente menuda que al fin y al cabo es el símbolo y principal destinatario de las fiestas decembrinas. Tal es el caso de una ópera romántica, Hansel y Gretel del compositor alemán Engelbert Humperdinck. En 1893 este autor se inscribió en la lista de los inmortales con la musicalización de un cuento de hadas que narra las peripecias de dos niños desobedientes, fácilmente identificables con cada uno de nosotros. Humperdinck demostró un gran dominio de sus melodías al aplicarlas a una orquestación opulenta, de dimensiones tan mayúsculas como la de Richard Wagner. El argumento se adaptó perfectamente a las posibilidades expresivas del compositor y su obra que, desde su estreno, resultó favorita de los aficionados a la lírica. Lo notable es que la atracción que ejerce sobre los mayores se centra en los valores musicales, aunque naturalmente a los niños les interesa la historia en la que uno de los protagonistas es una sabrosa bruja llamada Rosina Dientedulce.

Pero, vámonos a 1734, en compañía de un gran maestro Johann Sebastian Bach. Bach se inspiró en los textos de San Lucas y San Mateo para un maravilloso Oratorio de Navidad. Su idea original no fue la de preparar una composición para una sola representación sino integrar en el servicio religioso tres días de grandes festividades: Navidad, Año Nuevo y Epifanía. Cada parte es una Cantata completa alusiva a estos eventos. Hay una profunda cohesión musical en el conjunto, por su integración coral y perfecto diseño. La sinceridad de Bach y su capacidad genial nos dieron en el Oratorio una de sus obras más bellas. La Introducción coral ofrece al auditorio la posibilidad de una de las elevaciones espirituales más alegres y efusivas jamás compuestas por el hombre. Bach compuso además varias Cantatas, si bien ninguna de ellas transmite tan cabal y espontáneamente como el Oratorio el goce espiritual del Nacimiento y sus misterios navideños.

Llegamos a París en 1854. Héctor Berlioz estrena su Infancia de Cristo. El acontecimiento inquietó a los melómanos franceses, esperaban seguramente algo grandioso y, en cambio, recibieron una Infancia de quietud y dulzura. Esta fue la única obra de Berlioz inspirada en un tema bíblico. La compuso a sugerencia de un amigo que había bosquejado la idea. Se trata de un Oratorio en tres partes: El Sueño de Herodes, la Huida a Egipto y el Arribo a Saïs .El texto está inspirado en San Mateo. La obra encierra un misticismo sereno y sutil. Los cambios nunca son bruscos y al final logra un efecto mágico cuando el Amen termina apenas en un susurro. La ópera La noche de Navidad (compuesta en 1894 y estrenada en San Petersburgo el año siguiente) es un ejemplo del genio de Nikolai Rimsky-Korsakov, mago del colorido orquestal. Rimsky conocía un cuento de Gogol, Vakula el Herrer,o pero no se atrevió a utilizar el tema antes de la muerte de Tchaikovsky, ya que este músico había compuesto una ópera Las zapatillas, inspirada en esta fuente. Gogol describe la vida en Ucrania en el S. XVIII, en una trama que combina lo cómico con lo fantástico. Vakula, el héroe es el herrero del pueblo. Para cautivar el amor de Oksana debe robar las zapatillas a la Emperatriz Catalina y entregárselas. Rimsky confeccionó una Suite Orquestal con los temas principales. Después de una Introducción que narra la Noche Sagrada, el músico nos conduce a las noches de las estepas heladas. Las estrellas combinan su brillo con la nieve con una belleza particular. Viene después el vuelo espacial de Vakula y las estrellas se agrupan para presenciar la hazaña. El cielo se obscurece porque principia una frenética orgía de brujas que solo se detiene al amanecer el día de Navidad. Esta se anuncia con el tañido de una campana desde una iglesia lejana, mientras que los coros cantan loas al Señor. La Suite ofrece magníficos efectos, incorporando ritmos de mazurca y polonesa en el festín de las brujas para terminar en un radiante amanecer, con un cambio emocional digno de la religiosidad rusa. La ópera de Tchaikovsky llamada Cherevicki, fue poco admirada en sus tiempos pero hoy día se está redescubriendo y tiene sus atractivos. El libretto es confuso y cuenta con una heroína poco agraciada llamada Oksana. Dicen que tenía prisa de terminarla pero que merece la atención de estudiantes de este periodo musical.

Para ubicar a Tchaikovsky dentro de la época, nada mejor que su inmortal ballet El Cascanueces, una de las mayores glorias del género coreográfico. Suele representarse en diciembre, todos los años y su popularidad es indiscutible. El ballet se basa en un cuento fantástico de E.T.A. Hoffmann. No es precisamente música para niños pero es una partitura que aman los pequeños. El artista expresó en este ballet el triunfo del bien sobre el mal y como el amor vence a la crueldad. Ambos sentimientos formaron parte de su indisoluble y neurótica existencia. La heroína del ballet es Masha, una niña que se lamenta por la destrucción de sus juguetes Durante la noche cuando los invitados a la fiesta de Navidad se han retirado habla con ellos. Masha les da bríos para luchar y vencer al grotesco Rey de los Ratones, su mortal enemigo. Un Cascanueces, entusiasmado con el valor de la niña, se convierte en Príncipe y la lleva al país de las confituras. La figura del viejo y siniestro Dr. Drosselmeyer, personaje típico de Hoffman, es aprovechado brillantemente por Tchaikovsky. En ella se apoya para dar un sabor mágico a los regalos que recibe Masha: una muñeca y precisamente un Cascanueces. El misterio del Príncipe fascinó a Tchaikovsky desde el primer momento y sus graves aflicciones personales quedaron a un lado en la partitura que se caracteriza por su rica creatividad, belleza melódica y constante inventiva. Hay cristalina claridad en la forma, pero para apreciarla totalmente es indispensable conocer el ballet completo. Se saborea entonces una de las realizaciones musicales que aluden a la Navidad, no solo con naturalidad sino con extraordinaria imaginación.

En el género del Oratorio la obra coral por excelencia es El Mesías de Georg Friedrich Handel. El autor empezó a trabajar en el tema el 22 de agosto de 1741 y dejó descansar la pluma el siguiente 14 de septiembre. La composición se terminó en 23 días, una auténtica marca, prueba de la capacidad de una mente superior. El estreno se llevó a cabo en Irlanda en 1742 y llegó a Inglaterra en 1743. Desde entonces ha sido popular. El Aleluya es de las piezas musicales que todo el mundo ha escuchado. El Mesías ofrece una calidad constante en la presentación de un tema religioso. Los cambios dramáticos han sido acentuados por Handel sin pérdida de la consistencia, y la estructura integral así como la utilización de la orquesta resultan magistrales. Durante muchos años a otros compositores les dio por preparar adaptaciones elefantiásicas, incorporando grandes masas corales e instrumentales, empero, solamente lograban distorsionar las ideas del autor. Hasta Mozart fue culpable de esto. Hoy día, por fortuna, el efecto que produce es sobrecogedor. Cuando los coros anuncian el nacimiento de Jesús con las palabras: “For unto us a Child is born”, nuestra reacción es de profunda alegría y esperanza. Desconocer El Mesías es privarse de una de las grandes creaciones del hombre.

En la noche de Navidad de 1951 se estrenó en los Estados Unidos la primera ópera compuesta expresamente para la televisión, Amahl y los Visitantes Nocturnos, de Gian Carlo Menotti. Pronto se convirtió en un clásico y fue acogida mundialmente. Amahl es un niño lisiado que vive con su madre. Camino a Belén los visitan los Reyes Magos, que han oído hablar de sus tribulaciones. La Madre, sobrecogida por la miseria y las penalidades en las que vive su hijo enfermo decide robar un poco del oro que llevan los Reyes a “la Criatura que ha nacido” y a quienes guía una estrella maravillosa. La sorprenden en el hurto y la reprenden enérgicamente. Amahl la defiende apasionadamente. Los Reyes deciden continuar su camino y Amahl, que no tiene nada que ofrecerles, les pide que lleven al Niño su muleta, “es posible que le haga falta”. Surge el milagro, Amahl sana y su Madre lo envía en compañía de los Reyes a rendirle tributo al Salvador. La ópera es francamente sentimental, de contenido musical agradable e invita al auditor a creer en todo lo que se dice. Otro autor inspirado en la Navidad es Benjamin Britten con su Ceremonia de cantos navideños y la encantadora pieza San Nicolás, admirable antecesor del caricaturesco Santa Claus. También está Carl Orff con su Historia de la Navidad y Cantos Alpinos en donde las frescas voces infantiles dejan huella en un ambiente puro, libre de contaminación. Franz Liszt tiene un ciclo para ´piano llamado El árbol de Navidad y es atractivo. Grandes autores y genios: Corelli, Bach. Manfredini, Vivaldi, etcétera se han ocupado del tema navideño y seguramente seguirán otros. John Adams compuso El Niño cuya fuente es religiosa y tiene el encanto de la melodía además de pinceladas modernas incisivas. Terminemos por ahora y ojala y hayamos abierto su apetito musical:¡ Feliz Navidad a través de la música!


Ricardo Rondón



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