Carlos Chávez: cinco discos esenciales

Publicado: julio 25, 2019 Última Modificación julio 25, 2019 Por:

por José Antonio Palafox

Pianista, compositor autodidacta, director de orquesta, creador de la Orquesta Sinfónica de México y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, profesor, periodista, miembro fundador del Colegio Nacional y funcionario público, Carlos Chávez (1899-1978) es considerado figura clave en la consolidación del nacionalismo musical mexicano, gracias sobre todo a sus primeras composiciones de madurez, que se enmarcan dentro de la estética de esta corriente musical. En esas obras, el compositor se sirvió de los temas históricos y legendarios de las culturas nativas como punto de partida para reinventar el folclor mexicano, alejándose de pintoresquismos de postal. Aunque posteriormente adoptó un innovador lenguaje rítmico y armónico influido en gran medida por las vanguardias europeas, sobre todo Arnold Schönberg e Igor Stravinski, la música de Carlos Chávez nunca perdió sus raíces.

Su incesante y rigurosa búsqueda de nuevas sonoridades y su incansable desempeño como gestor cultural (que incluyó el estreno de cientos de obras contemporáneas de los continentes americano y europeo, la creación de un programa de investigación de música mexicana y la instauración oficial del apoyo estatal al arte en México) hicieron de Carlos Chávez eje fundamental y figura ineludible del quehacer musical y cultural en el México del siglo XX. Y aunque su persona ha sido objeto de numerosas controversias —sobre todo por sus relaciones con el poder político y por la borrascosa relación con Silvestre Revueltas— que incluso han llevado a nutridos grupos de intelectuales a declararse antichavistas, lo cierto es que la música de Carlos Chávez posee un inestimable valor que esta modesta selección de cinco grabaciones busca compartir con el amable lector. Inevitablemente, quedaron fuera del listado discos y versiones excelentes, pero hay que recordar que no se trata de una discografía exhaustiva, sino de una invitación a disfrutar algunas de las obras emblemáticas de este polifacético compositor.

1.- Carlos Chávez conducts his Sinfonía India, Sinfonía de Antígona, Sinfonía Romántica / Stadium Symphony Orchestra of New York, dirige Carlos Chávez, Everest Records

Compuesta en 1933, la Sinfonía de Antígona tiene su origen en la música escénica que Chávez escribió en 1932 para la versión que hizo Jean Cocteau de la tragedia Antígona de Sófocles. Se trata de una sinfonía en un solo movimiento para instrumentos de viento, dos arpas y percusiones con la que el compositor busca reconstruir el sistema modal griego. Por su parte, la famosísima Sinfonía India fue escrita en 1935 y es, junto con títulos como El fuego nuevo (1921) y Los cuatro soles (1925), una de las obras que dio a Chávez la imagen de compositor nacionalista por su uso de temas e instrumentos indígenas. También estructurada en un solo movimiento, en esta sinfonía se encuentran presentes ritmos y melodías de los huicholes de Nayarit, los yaquis de Sonora y los seris, también de Sonora, y su orquestación incluye instrumentos indígenas como la jícara de agua, el teponaztli, tenábaris, cascabeles y sonajas. Finalmente, la Sinfonía Romántica fue compuesta en 1953 a petición de la Orquesta Sinfónica de Louisville. Consta de tres movimientos y es una obra de estilo clásico, sin innovaciones estilísticas y con formas melódicas de corte académico, pero que no deja de irradiar la fuerte personalidad del compositor.
Aunque resulta referencia obligada la espléndida grabación de las sinfonías completas de Carlos Chávez que hizo Eduardo Mata con la Orquesta Sinfónica de Londres, el disco que seleccionamos destaca por la brillantez del sonido y por la inspirada fuerza con que Chávez interpreta sus propias obras. Como dato de trivia para el melómano, la versión de la Sinfonía Romántica incluida en este disco es primera grabación mundial.

2.- Music of Latin American Masters: Carlos Chávez / Tambuco y La Camerata, dirige Eduardo Mata, Dorian Recordings

Este magnífico disco contiene algunas de las mejores piezas de cámara de Carlos Chávez y refleja acertadamente el interés que su obra produjo entre la vanguardia artística estadounidense: compuesta en 1940 para la exposición “Veinte Siglos de Arte Mexicano” que se llevó a cabo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Xochipilli es una libre recreación de lo que pudo haber sido la música de los antiguos mexicas. Su título original es Xochipilli-Macuilxóchitl, que es el doble nombre del dios azteca del amor, la belleza, las flores y el maíz. Al igual que en la Sinfonía India, en esta obra encontramos la presencia de instrumentos indígenas. Por su parte, la expresiva Suite para doble cuarteto es una bellísima obra para cuarteto de cuerdas y cuarteto de alientos-madera basada en la música de La hija de Cólquide, ballet que en 1943 la legendaria coreógrafa Martha Graham comisionó a Carlos Chávez. Tambuco es una compleja obra para seis percusonistas que pertenece al periodo de madurez del compositor y se basa en el principio de no repetición, teoría que empezó a desarrollar desde su juventud. Destacan en esta pieza la asombrosa flexibilidad de las construcciones rítmicas, la amplia gama de timbres percusivos y el hábil manejo del espacio sonoro, que por momentos consigue efectos similares a los de la música electrónica. También en una vena abiertamente experimental encontramos la vanguardista Energía, compuesta en 1925 a petición de Edgar Varèse. Esta obra pertenece al periodo de juventud de Chávez, que se caracterizó por una feroz experimentación tímbrica y la yuxtaposición de ritmos. Finalmente encontramos la Toccata para percusiones, que es —al lado de la Sinfonía India— una de las obras más difundidas del compositor. Se trata de una obra formada por complejos contrastes rítmicos y sonoros compuesta en 1942 por encargo del mismísimo John Cage.

El sonido de este disco es impecable, y la interpretación de Tambuco y La Camerata bajo la dirección del malogrado Eduardo Mata (tal vez el alumno más notable de Chávez e incansable promotor de su obra) es de primerísimo nivel.

3.- Eduardo Mata Edition: Chávez / María Teresa Rodríguez (piano), Margarita Pruneda (soprano), Claudine Carlson (mezzosoprano), la New Philharmonia Orchestra, la London Symphony Orchestra y la Orquesta Sinfónica de la UNAM, dirige Eduardo Mata, BMG Classics/RCA Red Seal

Editado en 1995, este álbum doble forma parte de una colección lanzada en homenaje a Eduardo Mata, fallecido trágicamente en enero de ese año. Y nada mejor que ponernos en manos del maestro Mata para disfrutar las espléndidas interpretaciones de seis de las obras más interesantes de Carlos Chávez.

El primer disco incluye el monumental Concierto para piano, compuesto en 1940 y cuya exigente partitura para el instrumento solista ha sido la pesadilla de más de un pianista. En este caso, María Teresa Rodríguez sale avante con una interpretación enérgica, exacta y técnicamente impecable. Nacionalismo en clave modernista —en el mejor estilo de Bartók o Stravinski—, este es uno de los conciertos para piano clave de la época contemporánea, además de una de las obras más importantes dentro de la producción musical de Chávez. En sabio equilibrio, a esta vigorosa obra le sigue una selección de cuatro de los diez Preludios para piano, interpretados con absoluta delicadeza y apasionamiento por la misma pianista, y finalmente la famosa transcripción para orquesta que Chávez hizo de la Chacona en mi menor para órgano del compositor barroco Dietrich Buxtehude (1637-1707) en un esfuerzo didáctico por rescatar del olvido la obra de compositores valiosos pero poco conocidos.
El segundo disco contiene los Cuatro nocturnos para soprano, mezzosoprano y orquesta basados en poemas de Xavier Villaurrutia, una obra en la que Chávez explora las cualidades específicas (registro, timbre, articulación) de la tesitura vocal. Margarita Pruneda y Claudine Carlson se revelan como intérpretes ideales de estas delicadas piezas, dotándolas de una disfrutable aura de misterio en consonancia con los textos del poeta. Por su parte, Caballos de vapor (H.P.) es una suite sinfónica extraída del extravagante ballet del mismo nombre, cuya escenografía y vestuario (que incluían frutas danzantes y una bailarina disfrazada como locomotora gigante) fueron diseñados por Diego Rivera. En ella se entrelazan diversos estilos que van del entonces popular modernismo maquinista (en el estilo de George Antheil) al más vigoroso nacionalismo. Cierra el disco Discovery, una obra compuesta en 1969 en la que el compositor ejerce la libertad estructural de melodía, armonía, ritmo y timbre que caracteriza su principio de no repetición.


4.- Chávez / Cuarteto Latinoamericano, Urtext Digital Classics

Verdadero manjar para el melómano, este disco editado en el 2006 contiene cinco de las obras menos conocidas del prolífico Carlos Chávez, pero que reflejan en gran medida su evolución estilística: los tres Cuartetos para cuerdas (1921, 1932 y 1943, respectivamente), la Fuga HAG, C, también llamada Hommage a Goddard, Columbia (1964) y la Invención No. 2 para violín, viola y violonchelo (1965). En el Cuarteto para cuerdas No. 1 encontramos una brusca yuxtaposición entre elementos propios del nacionalismo mexicano y el refinamiento estilístico de la escuela postromántica europea con un toque impresionista, en el Cuarteto No. 2 hay una interesante búsqueda de posibilidades expresivas sonoras a partir de la curiosa combinación de instrumentos (violín, viola, violonchelo y contrabajo), y el lírico Cuarteto No. 3 se desprende (al igual que la Suite para doble cuarteto) de la música para La hija de Cólquide. Por su parte, la breve Fuga HAG, C es una especie de sencillo apéndice al complejo Cuarteto No. 2, escrito para la misma combinación instrumental. Finalmente, la Invención No. 2 es una enérgica obra con la que Chávez se aventura en los terrenos de la armonía disonante.

Como es costumbre, la interpretación del Cuarteto Latinoamericano brilla por su excelencia. Cabe mencionar como referencia la también notable versión de la Southwest Chamber Music, editada por Cambria Master Recordings.

5.- The Visitors: ópera en tres actos / Lourdes Ambriz (soprano), Encarnación Vázquez (mezzosoprano), Randolph Locke (tenor), Jesús Suaste (barítono), Marc Embree (bajo), Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes, dirige José Areán, CONACULTA/RCA Victor

La obra de Carlos Chávez también incluyó ópera, y aunque solo fue una, esta terminó por convertirse en una de las más importantes del panorama vocal mexicano. Basada en textos de El Decamerón de Giovanni Boccaccio (1313-1375) y con libreto original en inglés del poeta estadounidense Chester Kallman (1921-1975), quien también escribió el libreto de The Rake’s Progress para Igor Stravinski, The Visitors fue estrenada en Nueva York en 1957 con el título Panfilo and Lauretta. En México se estrenó, en inglés, en el Palacio de Bellas Artes en 1959, y después volvió a representarse, traducida al español como El amor propiciado, en 1963, otra vez en Bellas Artes. La desangelada acogida que esta ópera tuvo en su estreno hizo que Chávez dedicara varios años a modificarla y a depurar la orquestación, lo cual la dotó de una benéfica solidez estructural. Sin embargo, el compositor falleció sin terminar de pulir el tercer acto. Finalmente, el musicólogo estadounidense Max Lifchitz, especialista en la obra de Chávez, se encargó de rescatar la partitura y prepararla para la edición definitiva, que se estrenó —de nuevo con el libreto original en inglés y con el título The Visitors— en el Teatro Juárez de Guanajuato en 1999. La grabación de este estreno, que se hizo en el marco del centenario del natalicio del compositor (y hasta el momento la única que existe), es la que recomendamos sin reservas al amable lector.


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