Roberto Devereux: el trágico triunfo de una reina menguante

Publicado: abril 18, 2016 Última Modificación abril 18, 2016 Por: adminmusica

Por José Antonio Palafox

El pasado sábado 16 de abril tuvo lugar en el Auditorio Nacional la transmisión en vivo desde el MET de Nueva York de Roberto Devereux, penúltima producción de la temporada de ópera 2015-2016.

Aunque en su momento gozó de un considerable éxito, hoy en día esta magnífica ópera es muy pocas veces representada en los escenarios mundiales, por lo que la ocasión resultó inestimable.

Esta interpretación de la obra con que Donizetti cerró su ciclo de la llamada “Trilogía de las reinas” contó con un elenco brillantemente encabezado por la soprano estadounidense Sondra Radvanovsky como la implacable reina Elizabeth I de Inglaterra, quien se debate entre su amor por Roberto Devereux, el hombre que ha puesto en peligro su corona, y su deber para con el Parlamento, que exige la muerte de ese hombre.

La acción de esta ópera transcurre en 1601, cuando la reina contaba ya con 68 años de edad. A pesar de su inmenso poder, se trata de una persona en franca decadencia física, achacosa y que tiene que caminar con ayuda de un bastón. Sondra Radvanovsky hizo entrega de una caracterización soberbia, dando a su Elizabeth el toque justo entre la majestuosidad de la reina, la furia de la mujer herida en su orgullo y la fragilidad del ser humano abatido por la vejez. En cuanto al desarrollo vocal, pocos papeles escritos por Donizetti fueron tan demandantes y complejos como éste, ya que la soprano que se atreva a encarnar a Elizabeth I debe tener una gran resistencia (la reina se la pasa cantando sin cesar poco más de la mitad de la ópera) y un registro agudo excepcionalmente amplio. Radvanovsky libró brillantemente ambos escollos y fue merecedora de una gran ovación por parte del público.

Por su parte, el tenor estadounidense Matthew Polenzani nos ofreció un Roberto Devereux inicialmente desangelado, cálido pero sin fuerza. Afortunadamente, conforme fue avanzando la trágica historia que condujo ante el verdugo al conde de Essex, entró en “calor” y terminó dando la carga perfecta de dramatismo a un personaje que –para defender de la furia de la reina a la mujer que ama- tiene que guardar silencio y soportar sin poder actuar el peso de un destino fatal.

El barítono polaco Mariusz Kwiecień hizo entrega de un espléndido duque de Nottingham, único amigo con que cuenta Roberto Devereux en el Parlamento y quien está dispuesto a defenderlo a capa y espada hasta que descubre que su esposa es la mujer por la que Roberto está dispuesto a desafiar a la reina guardando silencio. La mezzosoprano letona Elīna Garanča encarnó a Sara, quien no solo es la duquesa de Nottingham, sino también la anónima rival de amores de la reina Elizabeth. Ambos cantaron muy bien sus personajes, aunque mientras Kwiecień desarrolló magníficamente a un duque de Nottingham primero desesperado por salvar a su amigo y luego, corroído por los celos, deseoso de verlo muerto, Garanča –al igual que Polenzani- mostró una capacidad actoral bastante limitada.

La puesta en escena corrió a cargo del director teatral escocés David McVicar, quien ofreció una elegante escenografía que representaba el Gran Salón del Palacio de Westminster basándose en un inteligente uso del espacio mediante columnas y candelabros, y con una iluminación muy en deuda con los hermosos claroscuros de Rembrandt. Dos perturbadoras estatuas –una de Cronos y otra de la Muerte-, así como un gigantesco fragmento de la carátula de un reloj, sirvieron como marco a esta poderosa historia donde el hilo que teje la tragedia es el inexorable paso del tiempo.

Por su parte, la orquesta del MET en esta ocasión se encontró bajo la experta batuta del maestro Maurizio Benini, quien hizo entrega de una espléndida lectura de la partitura de Donizetti, vigorosa o sutil según fuese necesario, aunque resultó un tanto desconcertante que, apostados entre las columnas y en la parte superior del escenario, los miembros del coro celebraran cada entrada y salida de los solistas con sendas ráfagas de aplausos como si estuviesen indicando al público en qué momentos tenía que aplaudir.

También desconcertante fue el hecho de que –por razones que ignoramos- los dos primeros actos, que juntos duran casi 100 minutos, se presentaran de corrido y sin ninguna pausa. El público empezaba a revolverse con inquietud en sus asientos, y el telón no bajó sino hasta que la reina Elizabeth firma la sentencia de muerte de Roberto Devereux al final del segundo acto.

Sin embargo, aún más desconcertante –y lamentable- resultó el hecho de que, a la mitad del dueto (“Dacchè tornasti, ahí misera”) en que Roberto y Sara reafirman su amor y aceptan que deben separarse al final del primer acto, empezó a escucharse un diálogo en inglés que dio al traste con la tensión dramática del momento. Efectivamente, como si de una mala broma se tratase, alguien abrió un canal de audio que no debió haber abierto y terminamos escuchando por un par de minutos las instrucciones que un técnico daba tras bambalinas a sus asistentes, encimadas con las voces de los solistas.

El próximo 30 de abril concluye la temporada 2015-2016 de la Ópera del MET con la puesta en escena del fallecido  Patrice Chéreau para la Electra de Richard Strauss, bajo la batuta del destacado maestro finlandés Esa-Pekka Salonen. Esperemos que las sorpresas que se nos deparen sean agradables, no como este penoso accidente acaecido en Roberto Devereux.

 

Gaetano Donizetti – Roberto Devereux: Acto III. Cabaletta / Matthew Polenzani (Roberto Devereux)

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