El misterio de Chopin

Las interrogantes van surgiendo una tras otra conforme avanza la película, y nuestra percepción de Frédéric Chopin se va viendo modificada después de cada descubrimiento.

Por Música en México Última Modificación febrero 28, 2021

Varsovia, noviembre de 1945. La ocupación nazi ha terminado y, en un gesto simbólico, el corazón del pianista y compositor polaco Frédéric Chopin (1810-1849) —que había sido sustraído de la iglesia de la Santa Cruz durante el conflicto bélico— es devuelto a su lugar de reposo. Bajo el yugo invasor, interpretar e incluso mencionar a Chopin estaba estrictamente prohibido. Ahora, el pueblo polaco encuentra en la figura del inmortal músico la afirmación de su ideal de libertad nacional y una fuerza alegórica para renacer de las cenizas. El escritor Jarosław Iwaszkiewicz (1894-1980) empieza a trabajar de nuevo en su interrumpida biografía de Chopin, y es entonces que lo contacta una misteriosa mujer que dice llamarse Paulina Czernika y que clama ser la bisnieta de la condesa Delfina Potocka (1807-1877), quien fuera alumna, mecenas y amante de Frédéric Chopin. Como prueba, la mujer lleva consigo copias mecanografiadas de un puñado de reveladoras cartas que supuestamente el músico escribió a la condesa durante el tiempo que duró su relación y en las que abundan descripciones harto gráficas de sus deseos sexuales, además de una fuerte carga antisemita. Por supuesto, tan insólito incidente hace que las autoridades polacas (primero con curiosidad y luego francamente alarmadas) tomen cartas en el asunto, y la consiguiente investigación para confirmar la veracidad de las afirmaciones de Czernika da pie a diversas interrogantes: ¿Por qué la mujer no muestra los originales de las cartas? ¿Se trata de un engaño bien elaborado? ¿Cuál es el objetivo de sacar a la luz un poco alentador retrato de Chopin que daña su imagen como héroe polaco precisamente en ese momento? ¿No sería mejor desaparecer esas cartas? Para complicar las cosas, Paulina Czernika —agotada por la presión de las autoridades, desacreditada y después de ser severamente sancionada debido a su incapacidad de proporcionar los documentos originales— se suicida (¿o es asesinada?) el 17 de octubre de 1949, exactamente 100 años después de la muerte de Chopin.

El extraño caso de Delfina Potocka: el misterio de Chopin (1999) es una película donde el cineasta británico Tony Palmer (1941) toma como punto de partida tan curioso como controvertido suceso para explorar, de una manera poco menos que detectivesca, la dimensión humana de Frédéric Chopin. Con singular maestría, Palmer (director de Puccini, Testimony: The Story of Shostakovich, Maria Callas: La Divina, England, my England y Brahms and the Little Singing Girls, entre otros filmes) entrelaza dos historias que corren de manera paralela, una en el siglo XX —la historia de Paulina Czernika, filmada en un austero blanco y negro— y la otra en el siglo XIX —la historia de Frédéric Chopin, filmada en elegantes colores—. Así, a medida que Czernika se va entrevistando con escritores, editores y burócratas, los espectadores vamos conociendo detalles de las cartas, a la par que los sucesos que esos documentos revelan nos son presentados, en orden cronológico, por medio de una estupenda adaptación de época. Las interrogantes van surgiendo una tras otra conforme avanza la película, y nuestra percepción de Frédéric Chopin se va viendo modificada después de cada descubrimiento. Para ello, resultan cruciales los segmentos donde aparece la pianista rusa Valentina Igoshina (1978) interpretando determinadas obras del compositor, porque el objetivo de sus intervenciones es enfatizar los hechos, no la música en sí.

Finalmente, tras largas y sesudas investigaciones, las cartas de Frédéric Chopin a Delfina Potocka fueron descalificadas como falsificaciones. Los expertos aseguran que el estilo en que están escritas es distinto al utilizado por Chopin en sus misivas auténticas, además de que contienen errores que el músico no pudo haber cometido (inconsistencias en fechas, equivocaciones en ciertos detalles de determinadas partituras, el uso de palabras y expresiones que no aparecieron en el idioma polaco sino hasta la primera mitad del siglo XX, comentarios negativos sobre Beethoven). Si el músico y la condesa fueron protagonistas de una más que apasionada relación, es algo que nunca se sabrá con certeza. Lo que sí es cierto es que Chopin dedicó a Potocka varias de sus obras y que, dos días antes de su muerte y a petición propia, la escuchó cantar un aria de Georg Friedrich Händel al pie de su lecho.
El extraño caso de Delfina Potocka está espléndidamente protagonizada por Paul Rhys (Chaplin, El genio de Beethoven, Los demonios de da Vinci) como Frédéric Chopin, Penelope Wilton (La mujer del teniente francés, Match Point, Downton Abbey) en un doble papel como Paulina Czernika y Delfina Potocka (esta última también interpretada por la ya mencionada pianista Valentina Igoshina y la bailarina zimbabuense Elizabeth McGorian), el recientemente fallecido John Shrapnel (Notting Hill, Gladiador, Troya) como Jarosław Iwaszkiewicz y Patricia Quinn (The Rocky Horror Picture Show, Yo, Claudio, England, my England) como George Sand. Póngase cómodo nuestro amable lector e intente desentrañar el misterio de Chopin.

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