Un final de cuento de hadas

Publicado: mayo 1, 2018 Última Modificación mayo 1, 2018 Por: adminmusica

La temporada 2017-2018 del Met: un final de cuento de hadas

por José Antonio Palafox

El pasado 28 de abril se proyectó en el Auditorio Nacional, en vivo desde el Met de Nueva York, la Cendrillon de Jules Massenet, ópera elegida para poner fin a las transmisiones de la temporada 2017-2018.

Pese a que su partitura es muy rica e interesante —con un ballet y fragmentos sinfónicos que nos remiten al Tchaikovski de El cascanueces, breves pinceladas orquestales de aliento prácticamente impresionista, un coro que crea atmósferas fantasmagóricas, un papel masculino diseñado para ser cantado por una mujer en la mejor tradición barroca, un intenso dueto casi wagneriano para dos mezzosopranos, un largo pasaje cantado a capella por prácticamente todos los personajes, un par de textos declamados y hasta un ingenioso comentario final que rompe la barrera entre los intérpretes y el público— por alguna extraña razón esta encantadora e innovadora obra no forma parte del catálogo estándar de ninguna casa de ópera y cuenta con una única grabación hecha en 1978. De hecho, aunque se estrenó con gran éxito en el París de 1899, fue apenas hasta abril del 2018 que se presentó por vez primera en el Met de Nueva York. Y vaya que se trató de un estreno espectacular, como solo esta importante casa de ópera sabe ofrecer.

Para empezar, el reparto estuvo encabezado por la espléndida mezzosoprano de coloratura Joyce DiDonato, quien dio vida a una Lucette/Cenicienta radiante actoralmente y con un equilibrado manejo de sus cualidades vocales. Su cálida y cristalina voz de suave pero firme coloratura se vio complementada con gestos conciliadores y una dulce sonrisa que resultaron perfectos para dar credibilidad a una Cenicienta que es la bondad personificada, capaz de maravillarse con sinceridad ante los mágicos acontecimientos que giran en torno a su persona, pero no exenta de vulnerabilidad y miedo.

Jules Massenet: Ah que mes soeurs sont heureuses (Cendrillon) / Rinat Shaham (Cenicienta) y la Orquesta del Teatro Real de la Moneda, dirige Alain Altinoglu

 

Personaje quintaesencial de los cuentos de hadas, el Príncipe Azul fue encarnado con vigor, simpatía y gran franqueza por la destacada mezzosoprano Alice Coote, quien se ha especializado en cantar papeles originalmente pensados para contratenor. Su enérgica voz, aunque algo cortante en los fraseos largos, ayudó a crear momentos de gran tensión emocional, como el extenso dueto Toi qui m’es apparue que canta con Cenicienta antes de que ella salga huyendo del baile en palacio.

Otro personaje fundamental dentro del imaginario del cuento de hadas es, precisamente, el Hada Madrina. En esta puesta en escena de Cendrillon, el papel corrió a cargo de la soprano de coloratura Kathleen Kim, quien, luciendo un peinado new-wave y una presencia muy desenvuelta y expresiva, dio rienda suelta a una impresionante cascada de trinos y arpegios dignos de la Reina de la Noche mozartiana, con un impecable nivel de agudos que fue reconocido con sendos aplausos en más de un momento.

El reparto fue completado con el barítono Laurent Naouri y la mezzosoprano Stephanie Blythe como el apocado Pandolfo y la tremenda madame de la Haltière, respectivamente padre y madrastra de Cenicienta. La amable y melancólica presencia de Naouri resultó ideal para encarnar al apocado Pandolfo, que se debate entre el pesar por su hija y el miedo a su esposa. De hecho, uno de los momentos más bellos de esta Cendrillon, en el que casi se podía tocar la fragilidad de dos seres profundamente lastimados, fue el dueto Ma pauvre enfant chérie! que cantan Pandolfo y Cenicienta, añorantes de la felicidad perdida. Por su parte, Blythe hizo una verdadera creación personal de su madame de la Haltière. Con su poderosa voz y una actuación deliciosamente caricaturesca, esta madrastra resultó realmente enorme (en todos los sentidos y direcciones).

Jules Massenet: Toi qui m’es apparue (Cendrillon) / Sophie Marilley (El Príncipe Azul), Rinat Shaham (Cenicienta) y la Orquesta del Teatro Real de la Moneda, dirige Alain Altinoglu

 

Al frente de la orquesta del Met, el maestro Bertrand de Billy ofreció una interpretación impecable, sabiamente equilibrada —vigorosa y apasionada, tierna y delicada, incluso misteriosa, en los momentos adecuados— y con un énfasis particular en las fascinantes texturas sonoras de la partitura de Massenet.

Mención aparte merece la espléndida e imaginativa puesta en escena, a cargo del director teatral y de ópera francés Laurent Pelly. El escenario era, literalmente, el cuento de Cenicienta en francés, impreso en grandes caracteres sobre las paredes de los recintos donde se llevaba a cabo la acción, como si nos hubiéramos sumergido entre las páginas abiertas del libro y su contenido hubiera cobrado vida ante nuestros ojos. Las paredes se desdoblaban para crear un espectacular efecto de profundidad, y se desplazaban de un lado a otro para recrear con un mínimo de elementos (tres sillas, unas cuantas lámparas) lo mismo la humilde buhardilla de Cenicienta que el fastuoso palacio del rey. Tirada por cuatro lacayos con cabeza de caballo, la inolvidable carroza de Cenicienta estaba formada, ni más ni menos, por la palabra “Carosse”, al igual que las puertas del palacio real estaban formadas por las palabras “Les portes du palais”. Por este ambiente mágico donde la palabra escrita era omnipresente, deambulaban personajes que realmente eran de cuento de hadas: un rey con corona dorada y manto de terciopelo rojo forrado de armiño, saltarines cortesanos con pelucas y rostros empolvados, dos hermanastras enfundadas en esperpénticos trajes abombados y una troupe de cómicas pretendientas que se pavoneaban de las maneras más graciosas posibles para conquistar al indiferente Príncipe Azul.

En el último momento de la ópera, todos los intérpretes se plantaron frente al público para pedir un aplauso como pago por habernos transportado, por medio de una zapatilla de cristal, al reino de la fantasía. Pero esto lo logró no solo Cendrillon, sino todas y cada una de las diez óperas transmitidas por el Met en su temporada 2017-2018, con todo y sus altibajos. La fuerte ovación tributada por el público de Nueva York y los rostros sonrientes del público mexicano a la salida del Auditorio Nacional fueron la mejor prueba de que al final todos fuimos felices y comimos perdices.

Jules Massenet: La fée! (Cendrillon) / Joyce DiDonato (Cenicienta), Annick Massis (El Hada Madrina) y la Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu, dirige Andrew Davis

Comentarios

Suscríbete y recibe lo mejor de Música en México

Escucha música clásica en línea aquí