La muerte del CD

Publicado: septiembre 5, 2019 Última Modificación septiembre 5, 2019 Por: Música en México

En los últimos años, la música ha perdido su soporte físico en favor de un nuevo mercado digital. Es la manera de adaptarse a las tecnologías que dominan el mercado y el camino más rápido para trasladar su sentido único a una gran mayoría. Tras la cinta magnetofónica y el vinilo, que aún goza de cierta salud, el CD se hizo con un puesto de privilegio durante unos años de verdadera exuberancia musical (han pasado 37 desde que Phillips y Sony dieran inicio a su comercialización en 1982 con La Sinfonía de los Alpes, de Richard Strauss). Hoy, el sonido no pesa, las plataformas de streaming poseen la discografía del mundo sonoro y todos acudimos a ellas con hambre de escuchar y descubrir. La música no es nuestra y es de todos, no ocupa un lugar, pero podemos acceder a ella en todas partes. De entre todos los factores que han condicionado el mercado musical, destaca la singularidad de la telefonía móvil, su capacidad renovada de adquirir habilidades relativas que centralizan nuestras necesidades inmediatas. Esto ha provocado un cambio radical en el uso y costumbres de los consumidores, contagiados de la virtud táctil del deslizamiento y la pulsación, como si así ahuyentáramos fantasmas del pasado que aún nos conectan con lo analógico. Y de los pocos supervivientes de este nuevo mundo digital, el libro es uno de los grandes ejemplos del inefable valor de la cultura. El objeto ha detenido el avance descontrolado del e-book, abocándolo a un cajón con una carga de miles y miles de textos a la espera de ser reiniciados.


¿Qué hacemos entonces desde una tienda que vende CDs hablando de la extinción del soporte físico? No somos hacedores de un mundo que concuerde con todos nuestros deseos, pero hay un ideal compartido por muchos de nosotros: el placer de la compra y de la escucha, casi como en rito sagrado, propio, con la lectura sincronizada en nuestras manos y la calidad innata del sonido. Las compañías discográficas dedicadas a la música clásica siguen grabando discos compactos (incluso incrementando la extensión y naturaleza de sus libretos) con una tendencia a las portadas cuidadas y la elaboración de un sentido corporativo. Saben que existe todavía una resistencia a las grandes corrientes de comportamiento, bandadas de personas que sobrevuelan otra altitud, con otra mirada, otra sombra. Y son esos catálogos magistrales los que siguen ofreciendo un gramaje necesario, cartas náuticas por las que navegan aún los más audaces, los que necesitan detenerse un instante ante la belleza inevitable, los que no se contentan con el filtro al que se someten otras mayorías. Todavía quedan rincones donde compartir esta insensata visión del mundo. Muy pronto se abrirá una puerta. 

Fuente: Ulyses Villanueva, en La quinta de Mahler, Madrid, 2019

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