Obras maestras: Sinfonías de Dimitri Shostakovich (III)

Publicado: octubre 17, 2015 Última Modificación octubre 17, 2015 Por: adminmusica



Orquesta Filarmónica de Leningrado – Evgeny Mravinsky

La vida de Dimitri Shostakovich fue, cuando menos, problemática, por caer de la gracia de las autoridades comunistas con recurrencia. Su primera sinfonía (1924-1925) lo catapultó desde muy joven como un prometedor compositor, pero los políticos soviéticos eran difíciles de complacer. En 1930, su ópera satírica La naríz fue denunciada por una poderosa asociación rusa de músicos proletarios por su “decadencia burguesa”. En 1936, Stalin vio y condenó su ópera Lady Macbeth de Mtsensk y lo mandó al olvido por unos meses, hasta que el compositor contritamente ofreció su Sinfonía no. 5 (1937) como redención. En 1945, su Sinfonía no. 9 le pareció a los burócratas insuficiente para reflejar la gloria de la victoria soviética contra los nazis. Estos fueron puntos bajos, seguramente, aunque estaban separados por periodos de cuasi-adulación, en donde el compositor recibió prominentes premios nacionales. Sin embargo, Shostakovich permaneció comprensiblemente cauteloso de su gobierno, y fue hasta después de 1960, cuando la Unión Soviética perdió un poco de dominio sobre sus artistas, que se sintió con la suficiente confianza para arriesgar y producir la serie de obras mordaces y puntiagudas, ricas en autobiografía musical, que caracterizaron sus últimos años de actividad creativa.

Los compositores eran enlistados por el régimen soviético para producir música de propaganda, y durante la Segunda Guerra Mundial Shostakovich produjo dos, quizá tres “sinfonías de guerra” que se relacionaban directamente con la experiencia de los ciudadanos soviéticos. Luego de triunfo de la Sinfonía Leningrado en 1942. Shostakovich produjo su Sinfonía no. 8, en 1943, sugiriendo que era la segunda parte de una “trilogía de guerra.” Sin embargo, fue tildada de ser demasiado pesimista y de no reflejar la arenga de Stalin en ese año, de que la victoria estaba cerca.

Shostakovich intentó persuadir a la audiencia de lo contrario; en un artículo de periódico describió la pieza como una obra optimista y pro-vida, cuya concepción filosófica puede ser resumida en tres palabras: la vida es maravillosa. “Toda esa oscuridad y maldad se disipará y la belleza triunfará.” Pero sus palabras no aminoraron la crítica. Para 1948 la obra fue señalada como perjudicial para la sociedad y no recomendada. Así lo dijo Vladimir Zakharov, un títere cultural soviético:

“Todavía hay discusiones sobre la pregunta de si la Octava es buena o mala. Esas discusiones son tonterías. Desde el punto de vista de la gente, la Octava no es ni siquiera una obra musical: es una ‘composición’ que no tiene nada que ver con el arte.”

Una respuesta crítica como esa casi siempre acompaña a una obra maestra, y diez años más tarde la sinfonía regresó a la lista de obras aceptadas, incluso admiradas. Aunque una estructura de cinco movimientos no era ajena a Shostakovich, estos movimientos particulares lo son. El primero Lento, los dos siguiente descritos por muchos como scherzos, una gran Passacaglia en el cuarto movimiento y un Allegretto final que termina más bien tranquilo, sin sugerir algún tipo de victoria. La libertad y la estructura de la Octava pueden recordar ciertos procesos sinfónicos de Mahler, a quien Shostakovich idolatraba. Pero lo que Shostakovich dice precisamente en esta obra sigue envuelto en un velo de misterio.

Fuente: Filarmónica de Nueva York 2014.

Valery Gergiev habla sobre la Sinfonía no. 8

Comentarios

Suscríbete y recibe lo mejor de Música en México

Escucha música clásica en línea aquí