El piano a cuatro manos – Debussy y Ravel

Publicado: julio 22, 2017 Última Modificación julio 22, 2017 Por: adminmusica

Petite Suite – Claude Debussy

Dúo Gromoglasova, piano

 

Claude Debussy publicó en 1889 la Petite Suite (Pequeña Suite) para piano a cuatro manos, la primera de una serie de obras para esta formación que completaría más tarde con la Marcha escocesa de 1891, compuesta por encargo, y los Seis epígrafes antiguos, ya en 1914. La Petite Suite es, pues, una obra de su primera etapa creativa, en la que, sin embargo, puede apreciarse ya su personal estilo. Al parecer, Debussy aquí intenta evocar lo que le sugerían ciertos episodios de los ballets de Leo Delibes, tan celebrados en el París del Segundo Imperio. Debussy sólo compuso dos obras para dos pianos: Lindaraja (1901) y los tres caprichos de En blanco y negro (1915). En Lindaraja, seducido por la Habanera de su más joven colega Ravel, hace uno de sus primeros acercamientos al tema alhambrista que años más tarde ocasionará dos de sus obras maestras pianísticas: “La Soirée dans Granada” de Estampas y “Puerta del vino”, del segundo libro de Preludios.

 

El primer movimiento de la Petite suite se titula En Bateu (En bote). Es una barcarola que se cree fue inspirada por el poema de Verlaine que describe un paseo en bote a la luz de la luna. Cortege (Cortejo) está también inspirado en otro poema de Verlaine. Es un Moderado con un Tempo scherzando en su sección media.  El tercer movimiento de la suite es un Menuet evocador de la característica danza cortesana del siglo XVII. El cuarto y último movimiento lleva el título Ballet, es un Allegro giusto en tiempo de vals.

Fuente: Fundación Juan March


Ma mère l’oye (Mamá la oca) – Maurice Ravel

 

Martha Argerich y Lang Lang, piano

 

En la Francia del siglo XVII comenzaron las primeras ediciones de cuentos de hadas. Una veces eran recopilaciones de cuentos redactados con primor, otras nuevos cuentos inventados en el estilo tradicional. El primero fue Charles Perrault (La bella durmiente, Caperucita Roja, Barba azul, El gato con botas, La Cenicienta, Pulgarcito…). Madame d’Aulnoy le siguió con El cuarto de las hadas (donde se encuentra El serpentino verde) y Madame de Beaumont con La bella y la bestia.

 

Un par de siglos después (ya en el XX), Maurice Ravel eligió algunos momentos mágicos de estos cuentos para inspirar su obra Ma mére l’oye (Mi madre la oca). Primero la compuso para piano a cuatro manos, y más tarde la orquestó. El gran compositor francés comentaba con respecto a su obra: “El deseo de evocar en esas piezas la poesía de la infancia me condujo naturalmente a simplificar mis maneras y a despejar mi escritura”. En el momento más destacado de su carrera, Ravel dedicó esta limpia y sencilla joya musical al público infantil para “evocar la poesía de la infancia.” Nadie discute que es una de sus mejores obras.

 

Es una colección de cinco piezas infantiles escritas en 1910 y dedicadas a los niños Mimi y Jean Godebski, hijos de unos amigos cercanos.

 

Fuente: Fernando Palacios para elartedeescuchar.es

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