Silvestre Revueltas, tan herido por el cielo y los hombres…

Nacido en Tenancingo, fue un destacado documentalista que con su obra fílmica creó un retrato crítico de los principales movimientos sociales y culturales en el México de la segunda mitad del siglo XX.

Por Música en México Última Modificación septiembre 13, 2021

Nacido en Tenancingo, Estado de México, Julio Pliego Medina (1928-2007) fue un destacado documentalista que con su obra fílmica creó un retrato crítico de los principales movimientos sociales y culturales en el México de la segunda mitad del siglo XX. Entre 1946 y 1948 estudió fotografía con el maestro Manuel Álvarez Bravo en la Academia de San Carlos, y de 1951 a 1963 trabajó en Telesistema Mexicano (actualmente Televisa) y en la Dirección Técnica de Programas de Televisión sobre Cine y Teatro de la UNAM. También fue asesor de la Dirección General de Actividades Cinematográficas de dicha institución, y de 1980 a 1994 se desempeñó como jefe del Departamento de Producción de Documentales y Reportajes de la Filmoteca de la UNAM. De 1995 a 1998 colaboró con el Canal 22 de la Ciudad de México en la creación de la serie de programas documentales Luz de memoria, con la que en 1997 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en Divulgación Cultural. Fue profesor en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, presidente de la Asociación de Documentalistas de México y miembro honorario de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Entre las películas documentales realizadas por Julio Pliego destacan títulos como Días terrenales, testimonio de José Revueltas (1994), El Palacio Negro de Lecumberri: 1900-1976 (2001), Historia del toreo en México (2002), Juan José Arreola. El ingenioso juglar de Zapotlán el Grande (2002), Xochimilco: la lucha por la supervivencia (1995), Ferrocarrileros (2007) y el título que nos ocupa en esta ocasión: Silvestre Revueltas, tan herido por el cielo y los hombres… (2004).

De estructura sencilla pero no por ello menos fascinante, Silvestre Revueltas, tan herido por el cielo y los hombres… es un espléndido acercamiento a la vida del gran compositor, violinista y director de orquesta duranguense cuya obra —tan audaz como compleja— lo llevó a ser considerado no solo uno de los músicos mexicanos más originales e influyentes del siglo XX, sino —en palabras de diversos colegas suyos— el mejor compositor de Latinoamérica. En sus 60 minutos de duración, el documental aborda el inquieto espíritu creativo y la melancólica personalidad de Silvestre Revueltas (1899-1940) a través de los recuerdos y opiniones de algunas personas que lo conocieron muy de cerca, como su hija, la profesora Eugenia Revueltas Sánchez (1934), y dos de sus hermanos, el escritor José Revueltas (1914-1976) y la actriz Rosaura Revueltas (1910-1996). Las entrevistas se complementan con abundantes imágenes tomadas del archivo familiar y la lectura dramatizada de fragmentos de los libros Silvestre Revueltas por él mismo y Apuntes para una semblanza de Silvestre, con las voces del profesor Iván Leroy (Silvestre Revueltas) y el poeta Leopoldo Ayala (José Revueltas), que nos van guiando por los momentos clave en la vida personal y la visión artística de un músico al que la incomprensión hacia su obra sumió en una tristeza de la que jamás pudo desprenderse.

De la tan célebre como polémica relación entre Silvestre Revueltas y Carlos Chávez (1899-1978) hablan José Revueltas y el compositor y director de orquesta Eduardo Mata (1942-1995), quien también dedica un momento a analizar la aventura cinematográfica del compositor duranguense, que alcanzó un nivel insuperable con la brillante partitura de la película Redes (Fred Zinnemann y Emilio Gómez Muriel, 1936). Por supuesto, uno de los momentos más relevantes para Silvestre Revueltas —quien siempre mostró una inquebrantable solidaridad hacia los más desfavorecidos y un gran interés por defender los derechos humanos— fue el viaje a España, en plena guerra civil, como representante de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, encabezada por el escritor y político veracruzano José Mancisidor Ortiz (1894-1956). Este capítulo —en el que lo acompañaron otros intelectuales mexicanos como el propio Mancisidor, los pintores Fernando Gamboa (1909-1990) y José Chávez Morado (1909-2002), y los escritores María Luisa Vera, Carlos Pellicer (1897-1977), Juan de la Cabada (1899-1986) y Octavio Paz (1914-1998)— se encuentra profusamente ilustrado con la lectura dramatizada (en voz de Myriam Moscona) de diversos fragmentos de Memorias de España 1937, testimonio de primera mano escrito por Elena Garro (1916-1998), entonces recién casada con Octavio Paz. Iluminadores textos de autores como el poeta guatemalteco Carlos Illescas (1918-1998) y el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) completan el retrato de este genio atormentado que, aún acompañado, vivió en una honda soledad sufriendo la vida y del que Octavio Paz escribió en Las peras del olmo:

“En Silvestre vivían muchos interlocutores, muchas pasiones, muchas capacidades, debilidades y finuras. […] Esta riqueza de posibilidades, de adivinaciones y de impulsos es lo que da a su obra ese aire de primer acorde, de centella escapada de un mundo en formación. Su obra es el presentimiento de una gran obra. Quizá no pudo expresarse del todo, quizá la presión interior era excesiva. No era fácil ordenar elementos tan ricos y dispares. Mas en esa obra dispersa hay un cierto tono inconfundible y único. Un elemento la rige: no la alegría, como creen algunos, ni la sátira o la ironía, como piensan los más, sino la piedad. La alegre piedad frente a los hombres, los animales y las cosas. Por la piedad la obra de este hombre, tan desnudo, tan indefenso, tan herido por el cielo y los hombres, se sobrepasa y alcanza una significación espiritual”.

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