El niño y la música: binomio perfecto

Publicado: abril 20, 2015 Última Modificación abril 20, 2015 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón

Se acerca el tradicional Día del Niño en que celebramos a la gente menuda de muchas formas. Una de las más gratas es darles a conocer obras musicales que han sido concebidas en forma especial para ellos. Serge Prokofiev (1891-1953) es un ejemplo de escapismo musical sin que ésta haya sido su motivación. Pedro y el lobo es un cuento musical pero, dicen que representó aún más – por ejemplo, una alegoría de personajes en donde cada uno tiene su faceta. Podemos creer que Pedro era realmente Prokofiev; el abuelo una protectora tristemente imaginaria de la Patria Rusa; el Pato, su colega Shostakovich, recientemente devorado por los lobos del estado; y los cazadores los deseados vengadores del mal. Pero, bien podría haber sido un de aventuras de un niño valiente y nada más. Sea como sea, los niños y los adultos disfrutan este relato que incluye muchas ideas musicales imaginativas y una melodía deliciosa que describe a Pedro.

La orquestación es brillante en todo momento. Su Música para niños Op. 65 pertenece al mismo período (1935) y cubre una serie de estados de ánimo que van de una belleza sublime, pensamientos profundos, caricaturas, y bromas musicales ridículas. Una adaptación orquestal, ligeramente más desarrollada, se llama Día de verano, Op.65a. Arranca con la salida del tren imitando el avance y la alegría de respirar aire puro.

Hay bailes populares y descansos líricos y termina con el tren regresando en forma de coda. Una fogata invernal en el campo es otra joyita más sencilla en donde podemos identificar todo lo que pretende transmitir Prokoviev. Otro músico ruso, Dmitri Kabalevsky (1904-1987) muestra una extraordinaria aptitud para este tipo de composiciones: Veintidós piezas para niños, Op. 27, una serie de bosquejos, vivaces, precisos y con colorido abundante. Nos permite ver una luz mágica muy atractiva. Benjamin Britten (1913- 1976), uno de los compositores ingleses más distinguidos e individuales, compuso muchas obras que incluyen la participación de voces infantiles, y su Guía orquestal para los jóvenes, Op. 34 es básica en cualquier colección. Britten toma un tema de Henry Purcell y lo desmenuza para acercarnos a los diversos grupos de la orquesta. Es una obra brillante que pone a la orquesta a lucirse o morir. En la fuga del final une todo lo que clínicamente separó en una gran recapitulación del gran tema de Purcell que cierra triunfalmente.. Britten escribió varias parábolas para representarse en la iglesia y nuestra favorita es San Nicolás, que narra la vida de este personaje sorprendente. Aunque su Requiem de guerra es profundo y muy serio, las intervenciones del coro infantil son inolvidables por la fuerza de un recuerdo no solo triste sino abominable.

El músico francés Claude Achille Debussy (1862-1918) escribió en 1908 una deliciosa colección de seis piezas llamada El rincón de los niños. Su finalidad no era una composición para niños sino pequeños cuadros humorísticos consagrados a la niñez. . Está dedicado a su pequeña hija Chouchou con tiernas excusas de un adulto que observa a la niñez con afecto y admiración. Maurice Ravel (1875-1937) escribió un ballet, Mamá la oca, que evoca a los personajes de los cuentos de hadas. Es una maravilla de imaginación y creatividad que logra sacudir nuestros sentimientos. La parte final, El jardín encantado, nos conduce a un paseo tomados de la mano del compositor y deja que la música nos envuelva. Es un momento asombroso del que nunca queremos desprendernos. El húngaro Bela Bartok (1881-1945) dejó una colección de los tesoros del folklore de su país compilados en 1908/1909 llamadas “piezas fáciles de tocar” (¡se estaría burlando de nosotros!): bajo el título de Para niños escuchamos 85 canciones transcritas para piano marcadas por el estilo personal de Bartok y permiten a los adolescentes y a los niños asomarse a la música contemporánea.

Son piezas encantadoras y totalmente aceptables para las mentes abiertas. Bartok revisó la composición meses antes de morir. El compositor alemán Carl Orff (1895-1982) siempre mostró interés en escribir para las voces infantiles y hasta creó un método didáctico para la educación musical de los niños . Si no volvemos a escuchar su Carmina Burana será una bendición pero aquí están dos expresiones frescas, amables, melodiosas y escritas con todo el genio de este músico. Se trata de La historia de la navidad y Canciones navideñas alpinas, son una revelación. Envidiamos a la gente mayor que introduce a sus seres queridos infantiles al mundo mágico de la música. Llenará un vacío en todos.

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