La nariz estornuda desde el Metropolitan Ópera

Publicado: noviembre 2, 2013 Última Modificación octubre 5, 2014 Por: adminmusica

Por: Ricardo Rondón

Llegó finalmente la transmisión en vivo desde el Metropolitan Opera de la esperada composición de Dmitri Shostakovich, La Nariz y vaya decepción que produjo entre los asistentes. El Auditorio Nacional registro una entrada aceptable y el público se mantuvo quieto o dormido durante las dos horas de la representación, que por fortuna, fue sin intermedios. De cualquier forma nos pareció interminable, como una antesala al Infierno. Podemos admirar el trabajo del productor Willian Kentridge, un artista que obviamente conoce su oficio y que explota todos los medios a su alcance para transmitir el contenido de esta farsa satírica basada directamente en Gogol, Shostakovich inició su composición en 1926 cuando contaba con 20 años y la partitura fue publicada en 1928. Kentridge toma muchas de sus ideas de la parte musical que a su vez se une a los esfuerzos de los compositores excitados alemanes y el trabajo de la compañía teatral de Meyerhold. Las óperas de Alban Berg y el joven Krenek vienen a la mente pero ellos ofrecen productos de un acabado más pulido. Todos se preocuparon por el aspecto descriptivo de sus eventos. Después del estreno, La Nariz tuvo que esperar hasta 1974 para que la Unión Soviética la escuchara en una producción dirigida por Boris Pokrovsky. Esta fue grabada por Melodiya bajo Gennady Rozhdestvensky. Kentridge dio a conocer sus ideas en el Met en 2006 y podemos admirar su sorprendente montaje, uso del escenario, la iluminación, los efectos y el constante uso de la animación. Si todo llevara cierto orden, posiblemente no nos hubieran cansado tan pronto las genialidades de Kentridge pero es como tomar un segundo postre, un tercero y después, ya saben lo que ocurre. Desde luego que la atención se va perdiendo y hacia la mitad de la ópera ya acabamos de estar. No es que sea un suplicio pero tampoco es algo placentero, estimulante o atractivo. Shostakovich da palo sobre palo exhibiendo una juventud inquieta en donde obviamente no recibió las indispensables nalgadas de sus padres a tiempo. Se desboca completamente y si así era el estilo de Meyerhold, ya no produce efecto alguno en estos tiempos. El argumento marca mucha crítica, con fotos de las víctimas y algo semejante a un graffitti pesado. La Nariz es una pesadez musical y escénica y todo lo que sabíamos de su génesis se vino abajo al ver un montaje supuestamente autorizado por los que conocen a fondo el contenido. Kentridge además, tiende a explicar el complicado libreto con supertitulaje a través de los tres actos y colocado en lo alto de la escenografía. La Orquesta de Cámara sonó bien bajo Pavel Smelkov y el enorme elenco hizo lo imposible para que este mamotreto cobrara vida. Hay más de 42 papeles y varios artistas doblan o triplican a sus personajes. ¡Pobres! Kentridge es también responsable de la escenografía, las proyecciones (algunas deslumbrantes) y todo el conjunto de efectos especiales. La animación la manejó al lado de Cathrine Meyburgh.

Hablar del aspecto vocal es un tanto aventurado ya que el compositor tiende a castigar a los intérpretes explotando en los tenores un registro alto cruel y casi imposible de sostener. El role principal de Kovalyov lo cantó el bajo brasileño Paulo Szot, de buena figura y voz destimbrada. Si tiene graves, jamás los pudo proyectar y sus agudos son aproximados. Los tenores estuvieron notables aunque probablemente cuando escribimos esto, estén en terapia intensiva en algún hospital. Todo el elenco se comportó a la altura de un compromiso artístico y musical de primera magnitud. Es una lástima que no se justificó este esfuerzo. Dudamos muchos volver a ver La Nariz y si no la volvemos a enfrentar, será demasiado pronto. Resultado: una pesadez musical con toques de producción notables pero excesivos. Resultado: una experiencia áspera y aburrida..


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