Las Suites para violonchelo solo de J.S. Bach V

Publicado: enero 24, 2015 Última Modificación junio 25, 2015 Por: adminmusica

Mischa Maisky – violonchelo

La altura más grave del cello y su octava. Un profundo peso reside en el talón del arco.  El do superior se sostiene para dar inicio con la ondulante línea. Encontraremos en muchos compases este proceder: un intervalo amplio y duradero que se afana por nombrar la evolución armónica, seguido de gestos de espíritu improvisatorio, unos más audaces que otros. El Grave es la primera de dos claras secciones en el Preludio que inaugura la quinta suite.  La penetrante languidez puede atribuirse a la intención de hacer cristalino el desmembrado coral armónico que conduce el movimiento. La región baja enfatiza la verticalidad, mientras que la región cantante permite el sentido horizontal. En medio de ese esquema…libertad. Pero, ¿qué cosa es lo que Bach libera en este tipo de movimientos lentos? La prodigiosa capacidad de expresar líricamente su sensibilidad a través de sistemas musicales rígidos.

No es el Bach mecanicista que hace alarde de su absoluto dominio de la forma y artilugios barrocos, es el Bach que nos susurra directamente sus afectos y temores. Luego de una prolongada sucesión ininterrumpida de semicorcheas coronadas por una cadencia, inicia el Allegro en 3/8, la segunda sección del preludio. Si existiese algo así como una”fuga a una voz”  este sería un posible modelo. Un vigoroso tema fugado aparece como si esperara que otro instrumento le pudiese dar alcance en su escape hacia la dominante. Desde luego, pronto descubre que está solo y que ninguna otra melodía le acompañará. Bach muestra el camino de salida de esta trampa autoimpuesta con enorme ingenio dado el rompimiento progresivo de la expectativa de una exposición de fuga convencional. Es justo nuestra expectativa el terreno de su experimento. Después relegar la idea de fuga por medio de amplios periodos secuenciales el tema principal regresa y remarca esa posibilidad. La última página recalca el sentido del capricho mediante los dos strettos maquillados y la cadencia con la típica tercera de picardía en el acorde final.

La Allemande, de forma binaria,  está hermanada al inicio de la suite en espíritu y factura. Acaso su ocurrir es un tanto más uniforme gracias a la insistencia de la figura de corcheas con puntillo y semicorcheas. La parte B es otra criatura, a pesar de usar materiales similares. Quizá la gesticulación del melodioso inicio en lo agudo recuerde al violagambismo tardío en el s. XVIII. Por supuesto, Bach estaba familiarizado con estas posibilidades, de hecho escribió tres sonatas para viola da gamba y clave, además de utilizar este instrumento en las Pasiónes según San Juan y San Mateo.

La Courante usa el compás de 3/2, medida preferida de Bach en las courantes de sus suites para teclado. El movimiento presenta una masculina danza de aire medieval. La música nos habla de frente, sin disimulos. Fuera de los apoyos en el grave y de unas cuantas notas dobles para marcar la armonía prevalece una textura monódica, hasta la llegada de la cadencia final en donde se perciben con claridad dos voces simultáneas.

Hermosa incertidumbre causada por la desnuda línea de la Sarabande. Páramo de devota introspección: nada más que una sucesión de alturas de origen y destino impredecibles. La similitud de contorno hermana los motivos que de otra manera parecen disgregados. La armonía evade lugares comunes salvo en algunos puntos de llegada. Esta es la voz de Bach que nos dicta al oído la creación de una simple línea melódica.

Un amplio acorde de do menor abre la primera de las Gavottas. El ritmo apenas se compone de dos valores de duración, negra y corchea. Bach dispone con todo atino de las posibles combinatorias de estos valores en un marco de cuatro tiempos para mantener el flujo musical. La factura melódica se caracteriza por evitar notas contiguas, esto produce saltos de diferentes dimensiones que, al añadir la demandante articulación, llevan a un resultado curioso; más que propio de un grácil danzante, una suerte de danza de bufón irónico. La Gavotta II no podría ser más diferente. La línea es mucho más continua y lo anómalo aquí son los saltos. Destaca el sentido de flujo horizontal que el ritmo de tresillos aporta. Casi podemos dibujar en nuestra mente la trayectoria ondulante de la melodía al escucharla. Enorme control y gran sentido del pulso se requieren para salir avante de este torrente de notas. Una vez terminada, se da el regreso integral de la primer Gavotta.

En la Giga impera el ritmo punteado y los saltos. Breves corridas de semicorcheas se intercalan. Impera un carácter noble, de cuento caballeresco. Como si se nos relataran las aventuras de un gentil pero valeroso personaje. Hay momentos de masculina batalla, pero también guiños de cortejo y enamoramiento. La parte B, más extensa que la A, recorre buena parte del registro del instrumento y presenta algunos puntos de reposo, como por ejemplo el mi bemol agudo con apoyatura o los dos trinos consecutivos que conducen hacia un fa por semitonos. Al final, la historia encuentra reposo en el do grave del cello.

Mauricio García de la Torre


Comentarios

Escucha música clásica en línea aquí