Recuerdos de Arthur Rubinstein

Publicado: abril 8, 2015 Última Modificación abril 7, 2015 Por: adminmusica

Por su arte y por su personalidad fue durante muchos años el pianista más popular y el más querido del planeta. Treinta y tantos años después de su muerte, ¿cuál es el mensaje musical y humano que dejó esta estrella de su época?

Cronología:

1887 – Nacido en Lodz, Polonia.

1897 – Se traslada a Berlín

1904 – Llega a París

1906 – Debuts en Estados Unidos

1928 – Primeras grabaciones

1939 – Se instala en Estados Unidos

1969 – Rubinstein o el amor a la vida, película de Francois Reichenbach

1973 – Primer tomo de su autobiografía

1982 – Muere en Ginebra

Citas:

“Alguien preguntó a Schnabel: Maestro, ¿por qué usted no toca las sonatas de Mozart en concierto? A lo que respondió Schnabel: ‘Las sonatas de Mozart son muy fáciles para los niños pero muy difíciles para los artistas’.”


“La mayoría de los hombres hacen de la felicidad una condición. Pero la felicidad no se encuentra si no se plantea uno alguna condición”.


“Yo cambio. Hay algo en mí que busca algo distinto en una pieza, en un fragmento, mientras que el disco nunca cambia. Es estático. No hay un solo disco que acepto totalmente después de transcurrido un año”.


“Soy yo quien fue el primer profeta de Chopin en mi país. Y Polonia descubrió que mi manera de interpretar a Chopin tenía algo de auténtico. Me ha llenado de felicidad que el resto del mundo también lo ha adoptado”.

“A veces me intimida hacer una grabación difícil. Visualizo claramente a un hombre en Australia que se está rasurando por la mañana y que le dice a su valet, a su empleado, a alguien: ́Pon un disco de Rubinstein’. Y luego, mientras se rasura, exclama: ‘Dios mío, quita eso inmediatamente, ¡es atroz!’. Entonces me digo que debo tocar lo suficientemente bien para agradar a un hombre malhumorado que se rasura en Australia”.


“Una mujer es como un puro: hay que volver a encenderlo con frecuencia”.


Sobre Rubinstein:

Daniel Barenboim: “Nunca se equivocaba. Su tempo siempre era ‘justo’ – ni demasiado rápido, que hubiera impedido el escuchar todo, ni demasiado lento que lo hubiera vuelto incoherente. Evidentemente todo era proporcionado al contenido. Muchas veces, al dirigirlo, le pregunté: ¿A qué tempo está usted tocando? ‘El tempo justo’, me contestaba. No tenía más que decir”.

Zubin Mehta: Para Arthur interpretar la música era lo más natural, nunca contraído ni pretencioso, jamás destinado a crear un efecto. Cuando tocaba, el concepto de la técnica no entraba en juego. Él se comunicaba con la música, del interior. Su Chopin, por ejemplo, estaba lleno de rubato pero de un rubato natural, jamás artificial ni forzado.

Para Rubinstein, la música era un medio para compartir, nunca un medio para hacer gala de exhibicionismo”.

Stanislaw Skowaczewski: “Me parece evidente, después de observarlo durante los treinta años que trabajamos juntos, que sus interpretaciones se volvieron más profundas y, al mismo tiempo, más sencillas y naturales. Su selección de repertorio para piano y orquesta se concentró en los conciertos más bellos de Brahms, Mozart, Beethoven, Chopin y Schumann. Quería pasar los años que le quedaban a vivir con la música que era más importante para él. Al final de su carrera, al finalizar muchos conciertos, me decía: ‘¿Será quizás el último?’ Como colaborador, al menos conmigo, fue de lo más gentil y respetuoso. Escuchaba la orquesta con atención, tocando como si fuera música de cámara, y al mismo tiempo dejando al director una gran libertad de interpretación. En todos mis años de experiencia nadie ha podido igualar su sonoridad, nadie”.

Fuente: Diapason

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