Vivaldi y su “Concerto per molti stromenti” RV558

Publicado: abril 25, 2015 Última Modificación septiembre 1, 2015 Por: adminmusica

Por Francesco Milella

Uno de los motores más fascinantes de la vida musical veneciana en los siglos XVII y XVIII fue su infinita red de teatros públicos y privados en donde, a partir de 1637, la ópera se había abierto al público ciudadano y había alcanzado niveles de extraordinaria belleza. Pero la música veneciana, sobre todo la instrumental, lograba mantener su energía y vitalidad también gracias a otro pilar, menos conocido, pero quizás aún más fascinante: se trata de los “Ospedali per le putte”, orfanatos para niñas y mujeres abandonadas. Las brillantes y pragmáticas autoridades venecianas, para evitar que estas “putte” acabaran alimentando la prostitución y corrupción en la laguna veneciana, lograron organizar en estos orfanatos excelentes escuelas de música para que estas niñas pudieran aprender un instrumento y así asegurarse un futuro, evitando problemas a la ciudad.

Uno de los más famosos era el “Pio Ospedale della Pietà”, donde, a partir de 1703, las niñas tuvieron la suerte de contar con un maestro de violín muy especial, en aquel entonces, joven violinista de 25 años que aún no se había dado a conocer: se trataba de Antonio Lucio Vivaldi, quien, gracias a este encargo, empezará a escribir una serie de brillantes conciertos para diferentes instrumentos, obivamente tocados por sus alumnas. La belleza y elegancia de las ejecuciones de estas orquestas totalmente femeninas en poco tiempo se difundió por toda Europa. El mismo Goethe, decadas después, durante su viaje italiano, mencionará con tierna emoción el encanto de esas niñas.

Uno de los más bellos, originales y emblemáticos conciertos escritos por Vivaldi para sus alumnas es el RV 558 en Do Mayor. El primer elemento que seguramente impresiona es el orgánico: Vivaldi incluye, además del tradicional conjunto de cuerdas, también mandolinas, flautas, tiorbas y… violines en “tromba marina”. Una expresión un poco ambigua ya que Vivaldi no se refiere propriamente al instrumento “tromba marina” (trompeta marina), un antiguo instrumento de forma triangular y con una sola cuerda, muy común en la Francia del siglo XVII. Al parecer, lo que Vivaldi pretende es que los violines imiten dicho instrumento, con una afinación diferente y con una serie de figuras armónicas en intervalos de tercera y cuarta (fácilmente ejecutables con la trompeta marina).

Un segundo elemento, pero quizás el más importante, es la música. Este concierto es una maravillosa demostración de cómo Vivaldi no era ese compositor que la crítica musical, de Stravinsky en adelante, ha querido presentar: aburrido, repetitivo, poco original. Vivaldi es un compositor fascinante, capaz de crear frases musicales sencillas, claras, equilibradas, inmediatas pero al mismo tiempo enérgicas, brillantes y penetrantes que logran cautivar y encantar la atención del público. Un tercer elemento es la estructura, estructura que caracteriza todos los conciertos escritos por Vivaldi: al utilizar y repetir en diferentes tonalidades (empezando y terminando con la tónica, o sea con la tonalidad del concierto) un estribillo brillante y ágil, el violinista venenciano lo alterna con diferentes temas completamente distintos. Así es el primer movimiento, en donde, con una serie de corcheas en arpegios, Vivaldi logra crear un estribillo elástico y líquido que se alterna con las pequeñas cadencias solísticas de los diferentes instrumentos. El resultado es hermoso: un fascinante diálogo linear y sencillo entre ritmos, entre armonías, entre frases y voces. Y fascinante es, igualmente, el contraste con la tranquila, calmada, casi bucólica melodía del movimiento central: quizás no sea uno de los mejores “adagios” vivaldianos, pero es sin duda una pieza que logra presentar con sencillez el contraste, la pausa entre el movimiento inicial y el final. El tercer movimiento continúa la estética armónica y rítmica del primero: al alternar en diferentes tonalidades el marmóreo estribillo inicial, Vivaldi elabora temas musicales completamente diferentes entre ellos para ofrecernos un concierto heterogéneo y lleno de color, como la pintura veneciana.

Trevor Pinnock – The English Concert

Fabio Biondi – L’Europa Galante (I mov.)

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