¿Cómo se hace un tenor? (primera parte)

Publicado: mayo 25, 2014 Última Modificación mayo 25, 2014 Por: adminmusica

Las extraordinarias experiencias de Francisco Araiza

por Ricardo Rondón

Hace algunos años, precisamente 1976, con el fin de conmemorar el centenario del nacimiento de Giacomo Puccini, Carlos Díaz Du Pond organizó un concierto. Se incluyeron selecciones de todas las óperas del italiano y se invitó a varios cantantes mexicanos ligados con las puestas en escena de Carlos. Algunos de los invitados no asistieron; eran por supuesto divas y divos. Pero lo importante fue que los aficionados pudimos escuchar a Puccini y a muchos artistas que deseaban dar lo mejor de sí mismos. Abrió el programa el más joven de ellos, un tenor lírico que interpretó un aria de Edgar, la segunda ópera de Puccini. El cantante llamó la atención de inmediato por la notable línea de canto, su musicalidad y escuela. Una bella voz, inconfundiblemente lírica. Se trataba de Francisco Araiza, a quien conocí entonces.

Paco nació en la Ciudad de México el 4 de octubre de 1950. A los cuatro años empieza a mostrar su gusto por la música. Toma sus primeras lecciones con su padre, el organista y director coral José Araiza. Cultiva el piano y el órgano. Luego, en la escuela, se convierte en solista del coro y, claro está, destaca en los festivales de fin de curso. Ingresa al Conservatorio Nacional de Música en 1966. Va a estudiar la carrera de pianista concertante. El maestro le recomienda estudiar canto y Paco lo hace, a modo de simple complemento. Asiste a las clases de Enrique Jaso y Roberto Bañuelas. Pero en 1970 le ocurre algo importante. Conoce a una distinguida soprano mexicana, Irma González, y el encuentro se traduce en un cambio: ingresa a la especialidad de canto. Toma, además, lecciones particulares con Irma. Bajo la tutela de la soprano, ofrece algunos recitales. Canta con la Orquesta de la UNAM-Eduardo Mata dirige-, el papel del primer prisionero en la ópera Fidelio; es uno de los solistas de la Fantasía Coral y el tenor de Cristo en el Monte de los Olivos, de Beethoven. Llega 1972. Escapa milagrosamente de una cita con la muerte. Una fuga de gas está a punto de producirle, a él y a su hermana, una intoxicación fatal. Todavía mal de salud, debe cantar ante un grupo de amigos. Se siente muy bajo de forma y ha de hacerlo con aparente esfuerzo. Conoce así a Erika Kubacek: “inteligente, profesional, honesta, lindísima”.Ella me puso el repertorio de lieder, óperas, el género sinfónico”. Interviene en La Creación de Haydn, y el Requiem de Mozart, con el Convivium Musicum que dirige Luis Berber. Participa también como solista en el coro de las UNAM. Fernando Lozano lo llama –es 1974-para que participe en la Serenata para tenor, corno y orquesta de Benjamin Britten. Araiza cumple espléndidamente su parte y obtiene altas calificaciones de la crítica y del maestro Lozano. Lo acompaña la Orquesta de la UNAM. Graba las canciones de Blas Galindo para la misma Universidad, al lado del pianista Miguel García Mora. El mismo año es becado por la Fundación Morales Estévez y por el Departamento de Difusión Cultural de la UNAM. Viaja hacia Alemania donde debe participar en un concurso de canto. Erika, por otra parte, logra arreglar su ingreso a la Academia de Viena. En el Concurso Internacional de Canto de la Radio Bávara, en Munich, Paco obtiene el segundo lugar. Interpreta selecciones de Andrea Chenier, La Traviata, La Bohéme y Fausto. Se le aplaude fuerte. “Al salir, la segunda vez, encontré una tarjeta que decía: Comunícate conmigo. Robert Schültz. Lo hice y poco después tuve un nuevo amigo y un agente”. Cabe comentar que desde entonces Schültz no ha tomado un solo nuevo elemento. Siguen meses terribles. Araiza se enfrenta a la soledad, a la depresión y se enferma. Le sobreviene una laringitis, contrae una pulmonía y, por si fuera poco, una hepatitis nerviosa. El tenor se encuentra desorientado, ¿Qué hacer? Ha obtenido un contrato por tres años con la Opera de Karlsruhe y Schultz lo sabe administrar, pero se siente muy mal. No tiene dinero, a veces le falta incluso lo suficiente para comer. Por fortuna, “…..llegó mi hermano Rafael, el me ayudó a ubicarme. Es un gran aficionado al canto, me comprende y me financia. Siempre hemos sido amigos y como vive en Munich, con su familia, no podía aceptar que me sintiera solo.”

-Paco, ¿Cómo fue tu infancia?


“Vengo de una familia que nos dio todo. Es decir, sentido de la responsabilidad, disciplina y la formación que necesitas para encarar por ti mismo las dificultades que se te presenten en la vida. Había autoridad en casa. Cuando llegaba mi papá, las cosas tenían que estar en orden. Mi madre, Guadalupe Andrade, estuvo siempre a nuestro lado pendiente de nuestra educación. Estuve becado en secundaria y preparatoria por la Secretaría de Educación Pública, gracias al presidente López Mateos”.

-¿Podrías contarnos algo de tus años de pandillero?


“Verás. Viví en la adolescencia en la Colonia “Victoria de las Democracias”. El vecindario es de origen humilde y hay muchos niños. Frente a la casa se encontraban unos alfalfales. Allí los chicos formaban palomillas. Desde bastante pequeño tuve que aprender a “meter las manos” y defenderme. El modo de vida era agresivo. Para subsistir tenías que formar parte de una pandilla. En la secundaria me peleaba casi todos
los días; me rompieron la nariz y parte del esfenoides. Por esa época me entusiasmó el futbol americano y así pude canalizar mi violencia. En la palomilla andabas con “bóxers” (una especie de guanteletes metálicos) en previsión de lo que sucediera. Un día hubo un choque terrible entre dos pandillas enemigas. Yo formaba parte de una de ellas. Pero ese día-¡bendito sexto sentido!-mi madre no me dejó salir de casa. Un muchacho resultó muerto en el pleito. Me libré de la cárcel por milagro. ¡Santo remedio! No quise saber más de aquel ambiente y cambió el rumbo de mi vida. Has de saber que mi viejo vecindario no se ha transformado mucho. Las cosas siguen aproximadamente igual, aunque quizá todo esté más velado. Y, paradójicamente- para mi satisfacción -, casi todos los miembros de aquella palomilla se han ido colocando como gentes de bien”.

Araiza debuta en Karlsruhe como Ferrando en Cosí fan Tutte de Mozart. La naturaleza lo ha dotado con la voz idónea para interpretar a este inmenso genio y a los compositores en cuyas obras el canto de tenor es lírico ligero. Interviene en La flauta mágica (como Tamino), El rapto del serrallo (como Belmonte), Lucia di Lammermoor (como Arturo) y Don Giovanni (en el papel de Don Ottavio), aunque participa también en la ópera contemporánea. Crea el personaje de Calisto en la ópera Celestina de Karlheinz Fussl, un compositor vienés moderno de la escuela de Schoenberg.

-Paco, ¿Sientes que la estancia en Alemania te ha sido útil?

“Pienso que me ha ayudado a afirmar un carácter y una personalidad. He conocido otras culturas, he superado el fácil malinchismo de pensar que todo lo que está en el extranjero es mejor. Creo que podemos competir con los nacionales de cualquier país en cualquier sentido. Claro, hemos de respetar y adquirir lo positivo y modelar nuestra vida. Es una verdadera lucha tratar de llegar a ser alguien.”

El célebre director húngaro Janos Ferencik llama a Roma a Francisco Araiza. Lo invita a participar en una función de la RAI con la Cantata Profana de Zoltan Kodaly. Después de la grabación, el húngaro se dirige a Araiza y declara en voz alta: “llevo cuarenta años dirigiendo esta obra y jamás había tenido un solista como usted”. Héctor Urbón le propone después actuar como solista en la Petite Messe Solenelle de Rossini, en una
iglesia de Karlsruhe. Al tenor le gusta tanto la obra de Rossini que desea cantarla más.

-¿Quienes son tus compositores favoritos?

“Mozart, Bach, Verdi, Puccini, Richard Strauss, Wagner, Berlioz y Britten”

-¿Qué proyectos y qué compromisos tienes?

“En Karlsruhe haré el Nemorino de El elixir de amor, Idamante en Idomeneo, el Cantante Italiano en Der Rosenkavalier y Cassio en Otello. En Zurich actuaré como Almaviva en El Barbero de Sevilla y Tamino, hasta ahora mi papel favorito. En Colonia el mismo Tamino, Belmonte, Ottavio y Nemorino. En Bruselas me han llamado para Ottavio y en Praga cantaré Belmonte en el teatro en donde Mozart estrenó Don Giovanni y Le Nozze di Figaro”. “En cuanto a grabaciones haré para la RAI la Novena sinfonía de Beethoven. Intervendré en la primera grabación comercial del Otello de Rossini, al lado de José Carreras y Anton de Ridder. Dirigirá Antal Dorati. Esto será para Philips (el proyecto nunca se llevó a cabo). Para la misma marca formaré parte de los elencos de Sir Colin Davis en las óperas de Mozart y grabaré Alceste de Gluck. También tengo recitales en Karlsruhe, Stuttgart y Etlingen. Mi pianista es Frithjof Haas”.



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