Grandes sinfonías de Wolfgang Amadeus Mozart

Publicado: febrero 11, 2017 Última Modificación febrero 11, 2017 Por: adminmusica

Sinfonía no. 31 “París” K 297
Mozart solicita empleo

Orquesta Sinfónica de la Radio Danesa, Adam Fischer

Debido a que su padre no pudo obtener permiso para ausentarse de sus deberes en Salzburgo, la madre de Mozart le acompañó en un largo viaje iniciado en marzo de 1777. Iban en busca de empleo para el joven compositor en un centro musical importante. Este toleraba cada vez menos el provincianismo de Salzburgo, donde tanto él como su padre eran empleados del arzobispo Colloredo. Madre e hijo se dirigieron primero a Munich donde se entrevistaron con el elector Maximiliano José para ofrecer los servicios del compositor. Al no haber vacantes en esa corte salieron con las manos vacías. Escenas similares se repitieron en Augsburg, luego en Mannheim y después en París.

Aunque el plan de su madre era regresar a Salzburgo después de Mannheim, ella ya no estaba dispuesta a dejar a Wolfgang librado a sus propios medios. De modo que ambos partieron en un agotador viaje de nueve días a París. Leopoldo Mozart había escrito: “¡Lárguense a París! ¡Encuentren su lugar entre gente grande!” Pero todo lo que Wolfgang pudo encontrar en París fueron trabajos pobres enseñando a alumnos que estaban lejos de ser importantes. Auque las oportunidades para componer eran pocas, Mozart recibió un encargo para una sinfonía. La planeó especialmente para París, para su orquesta y para su público.

Cuando llegó a París, se encontró con una buena orquesta y un grupo de compositores que escribían específicamente para ella. Así que cuando recibió el encargo de Le Gros, director de los Concerts spirituels, de componer una sinfonía para la orquesta de París, la diseñó para impresionar a ese grupo. De modo que la Sinfonía en re mayor fue su primera sinfonía que incluyó clarinetes. Como el conjunto tenía excelentes cuerdas, Mozart las destacó. La sinfonía abre, por ejemplo, con un artificio que era el orgullo de la orquesta de París: un vigoroso unísono de cuerdas conocido como le premier coup d’archet. Otro ejemplo de énfasis de las cuerdas es la apertura del tercer movimiento, con un dúo contrapuntístico de los primeros y segundos violines solos. Ese segundo tema del movimiento se inicia de modo similar, con un pasaje imitativo para los violines. Además, Mozart escribió varios pasajes para cuerdas frente a acordes sostenidos de los vientos.

No sólo compuso específicamente para los músicos de París sino que fue lo suficientemente complaciente también como para sustituir el que tenía con un movimiento lento más corto, cuando Le Gros se quejó de las excesivas modulaciones. El movimiento original, que ha sido restaurado para las interpretaciones modernas, presenta las cuerdas en algunas figuraciones rápidas.

En un sentido, la capacidad del compositor al escribir para un conjunto particular, más su deseo de componer una sinfonía que se ajustara a los gustos del público (y de Le Gros), aseguró el éxito. Le Gros la declaró la mejor sinfonía que se hubiera escrito jamás para su serie y el público quedó encantado con ella.

Tal como el compositor había esperado, la Sinfonía en re mayor fue tremendamente popular. En otro sentido, sin embargo, la obra fue un fracaso, pues no logró el éxito en cuanto a atraer a ningún noble interesado en contratar al compositor. La pauta que acosó a Mozart a lo largo de toda su vida se repitió en este caso: la música fue un éxito, pero el compositor siguió sin empleo. Mozart estaba descorazonado. Luego recibió un severo golpe cuando su madre murió. No quedaba mucho que hacer excepto volver a Salzburgo, donde Leopoldo se las había arreglado para convencer al arzobispo de que empleara a Wolfgang nuevamente.

Fuente: hagaselamusica.com

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