La épica escandinava de Edvard Grieg

Tras siglos de silencio, el genio de Edvard Grieg transforma la geografía musical europea añadiendo un nuevo país: Noruega, su patria, centro de su música y motor de su inspiración creativa.

Edvard Grieg
Por Música en México Última Modificación abril 27, 2021

Tras siglos de silencio, el genio de Edvard Grieg transforma la geografía musical europea añadiendo un nuevo país: Noruega, su patria, centro de su música y motor de su inspiración creativa. 

‘Mi Troldhaugen, mi Noruega y, más allá, el resto del mundo, forman círculos concéntricos. No me gusta el deporte y, la verdad, no tengo ganas de ponerme a correr en uno de estos círculos. Como artista, me gusta estar sentado en el mero centro de estos círculos. Por suerte, mi piano está justo a mi lado.’ A poca distancia, geográfica y temporal, del mundo ruso y la música de Musorgski, Rimski-Korsakov y Chaikovski, la historia se vuelve a repetir: después del mundo ruso, otra realidad ‘periférica’ comienza a reclamar su espacio, a levantar su voz ante la globalización cultural del occidente musical y la hegemonía de su canon, así como a defender la importancia de lo local ante los grandes y abrumadores pilares de su repertorio. Esta vez es el turno del mundo escandinavo a través de la voz de su representante más conocido y reconocido por ese mismo occidente que buscaba superar y contrastar: se trata del compositor noruego Edvard Grieg (1843-1907). Sus palabras, anecdóticas y un poco sentimentales, ofrecen una perspectiva única para entender la trayectoria musical de uno de los grandes – y menos conocidos – protagonistas de la música del siglo XIX y, con él, el nacimiento de la música romántica (y tardo-romántica) escandinava. 

De Noruega a Europa, y de regreso.

Edvard Grieg nace en la ciudad de Bergen, en Noruega, en 1843. Más allá de sus vínculos profundos con su patria, Grieg crece y es educado en una familia próspera y culta según esquemas profundamente europeos. A los quince años el joven Edvard es admitido en el prestigioso Conservatorio de Leipzig en Alemania. Sin embargo, a pesar de sus reconocidos maestros, Grieg no encuentra ni su lugar ni el conocimiento que esperaba adquirir en el corazón de la vieja Europa. En 1860, tras terminar sus estudios, decide trasladarse a Copenhague donde toma contactos con músicos locales, sobre todo con un joven compositor noruego, Rikard Nordraak, quien, a pesar de su trágica muerte en 1866, revolucionará por completo la trayectoria musical de Edvard Grieg. Nordraak es un firme nacionalista y defensor de la cultura tradicional de su patria. Esta visión tiene un efecto inmediato en Grieg, en abierto contraste con el occidente después de la decepcionante experiencia como estudiante en Alemania. A partir de ese momento, Grieg centra su estética y carrera musical en su patria y su cultura. El nombre y la música de Grieg, gracias a sus viajes (Italia, Alemania), conciertos internacionales y colaboraciones con editores como Peters (1882), comienzan a circular por todo el mundo occidental y, con ellos, la cultura escandinava: sus mitos, sus paisajes y colores y sus canciones populares olvidadas. Gracias al éxito de su obra, de sus conciertos y, también, al nombramiento como director de la Sociedad Filarmónica de Bergen, Grieg logra comprar una casa en el pueblo de Troldhaugen. En los últimos años este pueblo se transformará en centro de su actividad musical, el centro de todos los círculos, como nos recuerda la cita con que abrimos este espacio, y será, también, su último escenario, el lugar donde morirá en 1907. 

Pianos y cantos populares

Los primeros años de actividad musical Grieg los vive en Europa, rodeado por la ópera y la música instrumental de esos años (1860-1870). Su plan, como el de muchos compositores de su generación, es el de continuar por ese camino, siguiendo los pasos de la tradición de Schumann, Schubert y Beethoven. En esos años compone sonatas y piezas para piano en un clásico estilo tardo-romántico. Sin embargo, el inesperado encuentro con Rikard Nordraak modifica sus planes por completo: a mediados de los años 60’ Grieg cambia trayectoria y se acerca a las tradiciones noruegas hasta ese entonces olvidadas e incluso despreciadas. Su catálogo de obras comienza a incluir trabajos casi exclusivamente para piano, realizados a partir de canciones, historias y temas populares de su patria (Danzas y cantos noruegos, 1870; Escenas de vida popular, 1872; Ballata en forma de variaciones sobre un canto popular noruego, 1876; Improvisación sobre dos temas populares noruegos, 1878). En esos mismos años nace el Concierto para piano en La menor, último y genial homenaje a la tradición alemana antes de su definitivo cambio de ruta. 

La épica noruega 

Esta fase de intensa exploración y experimentación desemboca en la fase central de su trayectoria – los años ‘80 – cuando Grieg decide acercarse a la música orquestal y, a través de ella, continuar su labor de recuperación de su cultura. Es el Grieg más popular: con brillante madurez, Grieg encuentra un lenguaje épico y mágico en donde la experiencia sinfónica alemana se une a las habilidades que el estudio de la orquestación de Rimski-Korsakov podía ofrecer para reinterpretar las melodías y las historias de su patria. Nace la célebre Holberg Suite (1885) dedicada al principal escritor noruego del siglo XVIII, Ludvig Holberg y, tres años después, la primera de las dos suites Peer Gynt que Grieg compone para el homónimo poema dramático del célebre Henrik Ibsen (la segunda nace en 1893). La excesiva duración del drama de Ibsen y la belleza de la música de Grieg transformaron estas suites en una obra autónoma, la más exitosa jamás compuesta por el compositor noruego. Similar a Peer Gynt por tono, estilo y función teatral, es la música para escena compuesta para Sigurd Jorsalfar, un drama del escritor noruego Bjørnstjerne Bjørnson (Nobel para la literatura en 1903) sobre la figura histórica del rey de Noruega Sigurd I.  

Silencios líricos

La última y tercera etapa de la trayectoria de Grieg se cierra con un nuevo cambio de ruta. Después de una década dedicada a su patria con tonos y lenguajes distintos, desde el gusto delicado de sus obras para piano hasta el estilo épico y monumental de sus obras orquestales, Grieg entra en su etapa más íntima. Tras haberse trasladado con su esposa a Troldhaugen, se deja guiar solo por su piano, compañero inseparable, con el que compone nueve ciclos de Piezas Líricas, testamento modernísimo y conmovedor en donde el anciano compositor entrega toda su personalidad más profunda y su definitiva visión estética entre herencia occidental y tradición noruega. A pesar de la escasa consideración que su música tuvo a nivel internacional (y sigue teniendo, a excepción de pocas obras muy populares), y más allá de su labor de rescate de la tradición noruega, Grieg jugó un papel extraordinario en la transición musical entre siglo XIX y XX. Tachado de tradicionalista y poco innovador, Grieg en realidad logró ampliar lentamente las fronteras del sistema tonal, anticipando lenguajes y modas que pronto transportarían la música europea a las vísperas de la contemporaneidad. 

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