Nobu, la historia del pianista ciego

Publicado: octubre 24, 2017 Última Modificación octubre 24, 2017 Por: adminmusica

Se llama Nobuyuki Tsujii pero todos lo conocen por Nobu. Nació en Tokio el 13 de septiembre de 1988, fue ganador compartiendo el primer premio del Concurso Van Cliburn en 2009 y es músico habitual en unas cuantas de las mejores salas de conciertos del mundo. También compone música para cine, pero todo eso palidece ante un hecho adicional: es ciego de nacimiento.

 

La lista de pianistas – y de artistas de otras disciplinas- que han desarrollado carreras importantes pese a tener que hacer frente a graves hándicaps físicos no es pequeña. Paul Wittgenstein ha pasado a la historia por haber perdido la mano derecha en un episodio bélico de la Primera Guerra Mundial y a raíz de ello pedir a los compositores de su tiempo que escribieran obras para la izquierda. Lo hicieron unos cuantos: Ravel, Prokofiev, Strauss, Hindemith, Korngold y algunos más. Gracias a ellos, unos cuantos pianistas mancos pueden subir al escenario para interpretar obras compuestas especialmente para quienes tienen esa limitación. En ese sentido, no están en desventaja porque cuando esas mismas partituras las toca un intérprete con movilidad completa en las dos manos, solo usa la izquierda.

 

La ceguera es un problema mayor. La historia de la música recoge un puñado de nombres de pianistas ciegos, sobre todo en el ámbito del jazz y aledaños. Ray Charles, Stevie Wonder, Tete Montoliu y Art Tatum son algunos ejemplos. Pero la música clásica implica otra dificultad. ¿Razones? No se puede improvisar, los recursos técnicos que el pianista debe desplegar son mayores, las obras superan en numerosas ocasiones la media hora de duración, es preciso ajustar el ritmo con precisión a no menos de medio centenar de músicos (en los conciertos para instrumento solista y orquesta)… Podríamos seguir.

 

Rachmaninov – Concierto para piano no. 2

 

Nobu ha podido con todas esas dificultades. Nació ciego, se aproximó al piano en un “do re mí” –un juguete que tiene un pequeño teclado–, recibió sus primeras clases de música a los cuatro años y continuó su formación en un centro especial para invidentes. A los doce, debutó con un recital en una de las salas menores del Suntory Hall, el auditorio más importante de Tokio; cinco años más tarde llegó a la semifinal del Concurso Chopin – y recibió el premio de la Crítica- y en 2009 ganó el Van Cliburn. En una de las pruebas de ese concurso interpretó la sonata “Hammerklavier” de Beethoven.

 

En 2013, debutó en los Proms junto a la Filarmónica de la BBC, dirigida por Juanjo Mena, tocando el Concierto no. 2 de Rachmaninov. El director vasco quedó impresionado: “Es un verdadero fenómeno”, comentó poco después, en el curso de una entrevista. No es el único que ha mostrado su admiración por el joven artista japonés: Richard Wigley, entonces director general de la orquesta, se convirtió pronto en uno de sus grandes promotores. Sobre todo, por sus cualidades interpretativas, pero no solo por ellas: también por su alegría irreductible, por sus ganas de hacer música a todas horas.

 

Para aprender las obras, no usa transcripciones de las partituras al lenguaje braille. Es un sistema demasiado lento, así que aprende de oído, escuchando registros de otros pianistas. Otras veces, para asimilar mejor algunos pasajes, hace que le graben “a cámara lenta” los fragmentos, incluso en una doble versión: primero la parte de una mano y luego la de la otra.

 

Chopin – Andante spinato

 

¿Y cómo es capaz de seguir las instrucciones del director cuando toca con orquesta? Normalmente, los pianistas “dialogan” sin palabras con ellos: hay todo un código de miradas y gestos que marcan las entradas y los ritmos, y aún así a veces es difícil. Nobu no puede usarlo. Por eso, está atento a la respiración del director, situado apenas a metro y medio.

 

En cuanto a su tarea, suele explicar que no tiene problema para abordar los saltos sobre el teclado que muchas obras requieren, porque el piano se ha convertido en una prolongación de su cuerpo. Para localizar cada una de las partes del mismo no necesita ver, y tampoco lo precisa para moverse entre las teclas.

 

Su repertorio es amplio pese a su juventud y a que parte de su tiempo lo dedica a componer bandas sonoras para el cine. Pero los más grandes compositores para el piano están en sus recitales: Chopin, Liszt, Debussy, Rachmaninov, Ravel, Prokofiev, Tchaikovski, Beethoven… Ha publicado una treintena de discos, una cifra insólita en un artista de su edad. Nobu quiere ser uno de los más grandes.

 

Fuente: César Coca para elcorreo.com

Liszt – La campanella

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