OFCM: Cuadros de una exposición de Mussorgsky

Publicado: noviembre 29, 2018 Última Modificación diciembre 2, 2018 Por: adminmusica

El pasado 4 de febrero, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, dirigida por Scott Yoo, ejecutó una de las obras más espectaculares del repertorio orquestal, la magnifica orquestación hecha por Maurice Ravel de Cuadros para una Exposición del compositor ruso Modesto Mussorgsky.

En 1874, Modesto Mussorgsky (1839-1881) visitó una exposición de pinturas y dibujos de Víctor Hartmann, un amigo íntimo, pintor y arquitecto, que había fallecido el año anterior. Profundamente conmovido por el recuerdo de su amigo, el compositor comenzó poco después a apuntar sus impresiones de la exposición en una serie de piezas para piano, y en poco tiempo terminó este homenaje musical. En estos Cuadros de una exposición, el genio de Mussorgsky para la música descriptiva encontró un terreno sumamente propicio, con la ventaja adicional de poder trabajar en piezas pequeñas y de contenido muy variado. El colorido armónico de la obra hizo de su instrumentación una empresa realmente ineludible. De hecho muchos pianistas la consideran sumamente antipianística y casi se le podría ver como una reducción para piano. Existen varias versiones orquestales de los Cuadros de una exposición, entre ellas la de Rimsky-Korsakov, la de sir Henry Wood y la de Leopold Stokowsky. La que se ejecuta por lo común es la de Maurice Ravel, realizada en 1923, realizada por encargo del director de orquesta Serge Koussevitsky. A partir de su estreno, su éxito fue instantáneo.

Para unir a los diez cuadros descritos musicalmente, Mussorgsky se vale de un tema recurrente que representa sus ires y venires por la galería de la exposición, una especie de coral ruso que él llama Promenade (paseo). Este tema inicia la obra y aparece ligeramente variado una y otra vez, aún dentro de los episodios descriptivos. Aparte de la Promenade, la obra comprende los siguientes “cuadros”:

El gnomo. Una sugerente interpretación de una figura grotesca, sombría y furtiva.

El viejo castillo. Un melancólico solo de saxofón evoca las ruinas de un castillo medieval.

Las Tullerías de París. Niños jugando en los jardines del famoso parque.

Bydlo. Un solo de tuba describe el pesado movimiento de un carro campesino tirado por bueyes.

Danza de los pollitos en sus cascarones. Esbozo de Hartmann para el ballet Trilby.

Samuel Goldberg y Schmuyle. Discusión entre dos judíos polacos, uno rico y otro pobre, representados respectivamente por las cuerdas graves y la trompeta con sordina.

El mercado de Limoges. El bullicio y las discusiones de vendedoras y clientes en un mercado provincial francés.

Las catacumbas romanas. Sombrías armonías de los metales muestran a Hartmann estudiando las inscripciones de las catacumbas.

La choza de Baba-Yaga. Otro cuadro grotesco, esta vez el de la choza sostenida por patas de gallina, la guarida de la bruja de la mala suerte.

La gran puerta de Kiev. Un final vigoroso y brillante, con una última aparición del tema de la Promenade.

El extraordinario colorido del arreglo orquestal de Ravel ha convertido a Cuadros de una exposición en un escaparate para el virtuosismo de directores y orquestas, sin demérito de la suite para piano que figura en el repertorio de incontables pianistas.

Fuentes: Edward Downes, The N.Y. Philarmonic Guide to the Symphony, New York, Walker, 1972.

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