Síntesis del pasado, anticipación del futuro: la sonata BWV 1016 de Bach

Publicado: octubre 22, 2015 Última Modificación octubre 22, 2015 Por: adminmusica

sonata BWV 1016 de Bach.

Por Francesco Milella

La música de Johann Sebastian Bach, entre sus infinitas cualidades, tiene la singular característica (común a muy pocos compositores, Beethoven y Rossini entre otros) de sintetizar y perfeccionar toda la tradición precedente poniendo al mismo tiempo las bases para las evoluciones artísticas de su futuro próximo y remoto. Dicho en otras palabras, la música de Bach cierra una época para abrir una nueva.

Pero, ¿cómo se realiza en un sentido más práctico y musical este cambio histórico? ¿Cómo logra Bach, con un lenguaje artístico, cerrar una fase de la historia pasada y poner las bases de una nueva? Acerquémonos a una de sus obras para tratar de encontrar una respuesta. El ejemplo que analizaremos es la sonata para violín y clave (aunque uno de los manuscritos ofrece la posibilidad de ampliar el bajo con una viola da gamba) n 3 en mi mayor BWV 1016, compuesta durante su estancia en Köthen, entre 1718 y 1722.

El principal modelo al que Bach mira en la composición de esta sonata, así como de todo el ciclo al que pertenece BWV 1014-1019, es la música italiana del s. XVII. El compositor alemán conocía perfectamente toda la tradición musical de ese país: no solamente los conciertos de Vivaldi, del cual, como hemos visto, había realizado algunas trascripciones, sino también las sonatas. Sonatas que, a partir del 1600, comenzarán a difundirse en toda Italia en una forma muy peculiar: se trataba de sonatas “a tre” (con tres “voces”: violín, acompañamiento y bajo), en cuatro movimientos (adagio-allegro-adagio-allegro), que Corelli llevará a su máxima expresión musical entre 1685 y 1700.

Bach recupera este modelo en toda su forma. La sonata n. 3 1016 presenta tres voces (violín, la mano derecha del clave que acompaña el violín y la mano izquierda que realiza el bajo) y cuatro movimientos en la misma disposición italiana.

Pero Bach no repite solo el modelo sino también el lenguaje, el gusto musical. En el primer adagio, por ejemplo, la línea del violín recupera el mismo lenguaje que Corelli había utilizado en 1700 para sus sonatas: se trata de una frase amplia, relajada, elegante por su melodía y suave virtuosismo, donde el clave simplemente acompaña la armonía con pequeños acordes de tercias y sextas. Bach mira al modelo italiano del siglo XVII también en los movimientos “allegri”, II y IV. Aquí Bach parece absorber perfectamente el gusto musical italiano, sea en el contrapunto y su compleja estructura matemática como en el II, o en el brillante y ágil virtuosismo del violín en el IV.

Pero Bach es Bach, un genio de la música cuya modernidad nunca deja de impresionar. Volvamos al IV movimiento: claro, el uso del violín tan luminoso y casi “divertido” no deja de recordarnos a Corelli y a la escuela sonatística italiana. Pero hay algo más, maravillosamente bachiano, que nos llama la atención: es el diálogo con el clave. En la sonata italiana el clave se limitaba a acompañar el violín y a realizar el bajo, a veces con un laúd o un chelo. Aquí los dos instrumentos están al mismo nivel, hablan – más bien cantan- al mismo tono acompañándose recíprocamente, apoyándose. A veces el violín es el protagonista, otras, por primera vez, lo es el clave. También hay ocasiones en que ambos son protagonistas, gracias a una escritura musical compleja y fascinante. Bach crea, ahora sí, algo totalmente nuevo: pone las bases de la sonata moderna para dos instrumentos que Beethoven, 70 años después, dejará como herencia al romanticismo.

Sin embargo, es en el tercer movimiento donde Bach da lo mejor de sí y logra cerrar una época para abrir una nueva. El clima es típicamente italiano: el clave da inicio a la música con un acompañamiento tan geométrico como (aparentemente) banal y superficial. Al entrar el violín, desaparece lo italiano, lo tradicional, para dejar espacio al más noble y elegante misticismo de Bach dando vida a un diálogo entre violín y clave que, con su silenciosa y delicada belleza, cambiará la música para siempre.

Frank Peter Zimmermann (violín) – Enrico Pace (piano)

Rachel Podger (violín) – Trevor Pinnock (clave)

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