Turandot de Giacomo Puccini

Estrenada en La Scala de Milán, Turandot fue la última ópera compuesta por Giacomo Puccini.

Por Jose Antonio Palafox septiembre 22, 2020 Última Modificación septiembre 28, 2020

Teatro Nacional de Croacia

Turandot Rebecca Lokar
CalafRenzo Zulian
LiuValentina Fijačko Kobić
TimurBerislav Puškarić
AltoumBožimir Lovrić
PingDavor Radić
Pang Mario Filipović
PongIvo Gamulin
MandarínNeven Paleček
Orquesta y Coro del Teatro Nacional de Croacia en Zagreb
MúsicaGiacomo Puccini
EscenaStefano Ricci
ConcertadorMarcello Mottadelli
EscenografíaNicolas Bovey
IluminaciónNicolas Bovey
Vestuario Gianluca Sbicca
CoreografíaMarta Bevilacqua
Dir. de coroLuka Vuksic

Estrenada en La Scala de Milán, Turandot fue la última ópera compuesta por Giacomo Puccini (1858-1924). La acción se sitúa en el antiguo Pekín, donde la hermosa pero desalmada princesa Turandot ha decretado que solo se casará con el pretendiente que pueda resolver tres enigmas, pero si éste falla en uno solo, será decapitado. Y esa es la suerte que corre el príncipe de Persia cuando Calàf, Timur y la esclava Liú llegan de incógnito a la ciudad. Calàf se une al pueblo que clama piedad para el condenado, pero cuando Turandot hace su aparición para ordenar al verdugo que prosiga con la ejecución, cae perdidamente enamorado de ella y decide —a pesar de las advertencias de los ministros Ping, Pang y Pong y de los ruegos de Timur y Liú— probar su suerte para resolver los enigmas. Así, hace sonar tres veces el gong de la plaza, dándose a conocer como el nuevo pretendiente de Turandot.

Si bien la Turandot de Puccini no es la primera —recordemos las versiones de Carl María von Weber (1809), Franz Danzi (1816), Carl Gottlieb Reissiger (1835) y Ferruccio Busoni (1917), por mencionar unas pocas—, sí es la más conocida y aplaudida. En ella, el compositor evoca con absoluta maestría melodías y armonías chinas por medio de un verdadero arsenal de instrumentos de percusión orientales, como tam-tams, címbalos, gongs y xilófonos, que se suman a una majestuosa orquestación para crear una atmósfera de exotismo sin precedente. En cuanto a las voces, el papel de Turandot es extremadamente complejo, aunque en realidad no es muy largo porque la princesa no empieza a cantar sino hasta la mitad del acto II. Su dificultad radica más bien en los frecuentes cambios de tesitura de la voz, en la intensa agresividad que debe ser mantenida (y que, se espera, tiene que sobrepasar en todo momento al coro, a la orquesta y a los otros cantantes) y en un momento climático: la difícil aria In questa reggia (donde Turandot explica la razón de los tres enigmas) con sus temidos do sobreagudos que exigen una voz rotunda y vigorosa, poco menos que wagneriana, lo cual hace de Turandot un papel apto solo para sopranos dramáticas de altura. En comparación, el personaje de Calàf es relativamente más sencillo, pues exige poco más que un bien modulado timbre heroico, un correcto registro agudo y una intensidad capaz de transmitir una pasión inflamada, pero es el que se lleva la mejor parte, porque una buena interpretación de la esperada y famosísima aria Nessun dorma siempre cosecha muchos más aplausos que toda la furia y crueldad de Turandot. Sin embargo, es la esclava Liú quien tiene dos de los momentos más bellos de esta ópera: la tierna Signore, ascolta, que exige delicadeza y expresividad, y la dolorosa Tu che di gel sei cinta, bellísima aria de gran refinamiento y elegancia.

Puccini murió el 29 de noviembre de 1924, sin poder terminar Turandot. La partitura de su puño y letra se interrumpe un par de compases después de que, tras la muerte de Liú, el coro entona dulcemente las palabras “Liù, bontà, Liù, dolcezza, dormi! Oblia! Liù poesia!”. El hijo del compositor, Antonio, comisionó a Franco Alfano (1875-1954) un final para Turandot. Alfano puso manos a la obra y recicló material melódico de las partes previamente escritas por Puccini. Finalmente Turandot se estrenó en La Scala de Milán, el 25 de abril de 1926, con la soprano polaca Rosa Raisa como Turandot, el tenor español Miguel Fleta como Calàf y la soprano italiana María Zamboni como Liú. Al frente de la orquesta estaba el legendario Arturo Toscanini, quien al llegar al punto donde Puccini dejó de escribir, bajó su batuta. La orquesta se detuvo y, mientras el telón descendía, Toscanini se dirigió al público: “Hasta aquí terminó el maestro”. Las siguientes representaciones ya incluyeron el final compuesto por Franco Alfano, que es el que normalmente se interpreta y se graba. En enero del 2002 se estrenó, en el Festival de Las Palmas de Gran Canaria y con la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam bajo la batuta de Riccardo Chailly, Turandot con un nuevo final compuesto por Luciano Berio (1925-2003). A diferencia del apoteósico y grandilocuente final de Alfano, Berio desarrolló una conclusión cerebral y reflexiva —muy acorde con su particular estilo— que se va hundiendo en el silencio con un progresivo piano de la orquesta.

Fuente: José Antonio Palafox para Música en México

Jose Antonio Palafox
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