Verklärte Nacht op. 4 de Arnold Schönberg

Publicado: octubre 28, 2017 Última Modificación octubre 28, 2017 Por: adminmusica

Verklärte Nacht op. 4 de Arnold Schönberg (1874-1951)

–versión del autor para orquesta 1943–

 

Orquesta Filarmónica de la Radio Francesa, dirige Pierre Boulez

 

El revolucionario, el descubridor de un método de escritura –el sistema dodecafónico– que cambió el devenir de la música por completo, ha arrastrado siempre la reputación de músico inaccesible, responsable incluso del distanciamiento entre los compositores y su público; un distanciamiento que muchos consideran ya definitivo. Sin embargo, él siempre se consideró “un conservador que se ha visto obligado a convertirse en radical”. En todo momento fue consciente de su papel como perpetuador de la gran tradición romántica austro-alemana, heredero de los Schubert, Beethoven, Wagner y Brahms. Músico autodidacta, fue el fundador, junto a sus discípulos Alban Berg y Anton Webern, de la Segunda Escuela de Viena.

 

Las circunstancias de la composición de Verklärte Nacht [La noche transfigurada] hay que buscarlas en las vacaciones de verano de 1899 en Payerbach, cuando pasó unas semanas de descanso junto a su maestro Alexander von Zemlinsky, de quien se sentía muy cercano. Allí conoció a la joven hermana de su maestro, Mathilde, de la que se enamoró perdidamente. Como reflejo de ese amor naciente, escribió la obra en tan solo veinte días. Y es este amor, más que los sentimientos expresados por Richard Dehmel (1863-1920), autor del poema en que se basa temáticamente la partitura, incluido en su libro Weib und Welt [Mujer y Mundo], el que realmente le inspiró.

 

El texto de Dehmel evoca el paseo de dos amantes a través de un bosque desolado, una fría noche a la luz de la luna. La mujer cuenta al hombre que espera un hijo de otro al que ya no ama. Comprensivo, su amante expresa que el amor que sienten el uno por el otro les unirá y harán el niño suyo. Al final del poema, la pareja se abraza y reanuda su paseo:

 

Dos personas caminan por la pelada, fría arboleda;

la Luna los acompaña, ellos la contemplan.

La Luna viaja sobre los altos robles;

ni una nube oscurece la luz del cielo,

hacia la que suben las negras copas de los árboles.

Una voz de mujer dice:

 

Llevo en mi seno un niño y no es tuyo;

en pecado camino junto a ti.

Profundamente he delinquido contra mí.

Ya no creía en la felicidad

y tenía un gran anhelo

por una vida fructífera, por la felicidad

y la responsabilidad de ser madre; así que me atreví

y, trémula, dejé que mi cuerpo

abrazase un extraño

y quedé encinta de él.

Ahora la vida se ha vengado,

ahora que te he encontrado.

 

Ella avanza con torpe paso.

Mira hacia arriba: la Luna los acompaña.

Su oscura mirada se inunda de luz.

Una voz de hombre dice:

 

Que la criatura que has concebido

no sea una carga para tu alma.

¡Oh, mira, con qué fulgor brilla el universo!

En todo hay un resplandor;

estás conmigo a la deriva en un frío océano,

mas una especial tibieza flamea

de ti hacia mí, de mí hacia ti.

Esto transfigurará al hijo del otro;

por mí lo llevarás, desde mí;

me has traído el fulgor,

de mí mismo has hecho un niño.

 

Él abraza las robustas caderas de ella.

Sus hálitos se mezclan en la brisa.

Dos personas caminan por la elevada, clara noche.

 

Tras una sombría introducción en la que se expone un tema que tendrá una gran importancia a lo largo de la obra, comienza la exposición del drama de los dos personajes. Una suave cantinela que describe la maternidad de la mujer se ve mezclada con un episodio violento que recuerda su sentido de culpa. Una larga sección rápida e inquietante es seguida de un episodio expresivo que expone la respuesta del hombre. Los violines con sordina anuncian la pérdida del sentimiento de culpabilidad. Un canto en el que se alternan violines y violonchelos, interrumpido levemente por el tema principal, otorga a la música un carácter apasionado. La sección final anuncia la esperanza de una vida nueva y la obra concluye con un pizzicato acabado en pianísimo mientras los violines dibujan un tema dentro de este estado de ánimo.

 

El cuarteto encabezado por Arnold Rosé que llevaba su nombre, ampliado a sexteto, estrenó Verklärte Nacht el 18 de marzo de 1902 en la Kleine Musikvereinsaal de Viena. Pese a que armónicamente nada tenía que ver con sus audacias posteriores, parte del público se quedó sorprendido. Algunos consideraron un sacrilegio transferir a la música de cámara la forma de poema sinfónico; pero la mayoría encontró ya revolucionaria la armonía. El propio Schönberg arregló dos versiones para orquesta de cuerda, una en 1917 y otra en 1943.

 

Con el tiempo, el compositor pasó a su segundo período –y el más radical–, su período atonal. Escribió música llena del entusiasmo del descubrimiento y la exploración de un nuevo mundo de sonidos. Sin embargo, antes de que pasara mucho tiempo, se encontró con que necesitaba un principio organizador que remplazara la tonalidad. No compuso nada durante siete años, lapso en el que desarrolló el sistema dodecafónico. Schönberg lo utilizó para conciliar el radicalismo de su música atonal con las tradiciones de su pasado. Las piezas de su tercer período utilizan formas viejas, y emplean sus líneas tonales en formas vagamente similares a los centros de tonalidad tradicionales, así como a los grupos temáticos anticuados. Durante su período final, Schönberg miraba con nostalgia hacia su primera música tonal. Aflojó la rigurosidad de su escritura dodecafónica y hasta llegó a componer algo de música tonal. De este modo, su estilo final incorpora la integración de todos los aspectos de sus estilos anteriores y produjo sus grandes obras maestras: la Fantasía para Violín, el Trío para Cuerdas y sus últimas piezas corales.

 

Aunque no se puedan detectar en Verklärte Nacht todas las direcciones que Schönberg seguiría finalmente, es típica de la personalidad híper emocional de toda su música. En sus últimos años una vez se le preguntó por qué ya no escribía música como Verklärte Nacht. Él replicó: “Lo sigo haciendo, pero nadie se da cuenta”.

 

Fuente: Carlos Vílchez Negrín para la Orquesta Sinfónica de Tenerife

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