Cinco grandes momentos del saxofón en la música clásica

Abril 7, 2015

• Debussy: Rapsodia para saxofón alto (1919). Debussy prácticamente tuvo que ser obligado a escribir una obra que le había comisionado la saxofonista estadounidense Elisa Hall en 1903. Finalmente, en 1911 le envió un borrador inconcluso a Hall pero con grandes huecos. A la muerte de Debussy, en 1918, la obra permanecía inconclusa. Jean-Roger Ducasse terminó la bella Rapsodia – duración 10 minutos – que fue estrenada al año siguiente.

• Mussorgski: Cuadros de una exposición (orquestada por Ravel). En “El viejo castillo”, el segundo de los cuadros de Victor Hartmann que inspiraron este ciclo escrito originalmente para piano en 1874, un trovador canta tristemente ante la ruina. Cuando Ravel orquestó los “Cuadros” en 1922, asignó al saxofón alto el canto del trovador, una acción brillantemente imaginativa que captura el clima de la música original a la perfección.

• Glazunov: Concierto para saxofón (1934). Como en el caso de Elisa Hall, la persistencia rindió frutos a la saxofonista Sigurd Rascher que asedió a Glazunov para que le escribiese un concierto. El compositor ruso se dio por vencido y el resultado – tres piezas líricas, cortas y seductoras – fueron estrenadas por la propia Rascher en Suecia, en noviembre de 1934. Es casi seguro que Glazunov nunca llegó a escuchar su obra en concierto.

• Prokofiev: Romeo y Julieta (1935). No sorprende que Prokofiev haya utilizado el saxofón en su continua exploración del color orquestal. Lo introdujo en su partitura de 1934 para la película El teniente Kijé pero el ejemplo más famoso ocurre en el ballet Romeo y Julieta cuando se escucha a un saxofón tenor tocar la melodía principal del “Baile de los caballeros”, enriqueciéndola con un toque más ligero y movido.

• Vaughan Williams: Sinfonía No. 6 (1947). Pocos minutos después de iniciar el tercer movimiento de la Sexta sinfonía – una de las más agresivas de Williams – surge el sonido de un saxofón tenor con el acompañamiento de fondo de un tambor y cuerdas. Al principio suena como jazz pero, conforme se va repitiendo el motivo una y otra vez hasta que toda la orquesta lo asume, empieza a sonar profundamente inquietante.

Fuente: BBCMusic

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