Turandot, de Puccini, hace vibrar al público operístico

Publicado: noviembre 18, 2014 Última Modificación noviembre 18, 2014 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón.

Magnifica resultó la función en forma de concierto del “canto del cisne” de Giacomo Puccini, estrenado dos años después de su muerte y dejado en forma inconclusa. Franco Alfano tuvo la nefasta tarea de terminar el tercer acto, que para muchos no produce un final lógico. Pero la música es tan sobrecogedora y hermosa que el final nos hace vibrar intensamente y así sucedió en la función del 16 de noviembre. Enrique Patrón de Rueda se enfrentó como director huésped a la Orquesta Filarmónica de la UNAM haciendo alarde de control, cuidadosa preparación, felicidades orquestales, balance con los solistas y los coros, y estableciendo de inmediato un contacto verdadero con el público que disfrutó este evento en un altísimo porcentaje. La Orquesta respondió a todas las indicaciones de Patrón que manejó un concepto fluido, descriptivo y de una total musicalidad. Cabe agregar que la Orquesta estaba a en su mejor forma y se cubrió de gloria. Patrón comunicó sus ideas con tiempos felices y lucimiento de sus huestes. Se llevó una gran y merecida ovación al final. El Coro de México que dirige Gerardo Rábago, y los Niños y Jóvenes de la Escuela Nacional de Música, bajo Patricia Morales, contribuyeron con una de las mejores actuaciones corales que hemos escuchado en mucho tiempo, digno de la formidable inspiración de Puccini En esta ópera el compositor se revela como un mago de la orquestación, creando efectos nunca antes imaginados, y los coros, que representan la voz de pueblo, son fundamentales. Todo se conjugó para el éxito gracias al profesionalismo y entusiasmo del gran conjunto.

Othalie Graham encarnó a Turandot con voz grande, penetrante y fuerza en la emisión. Salvo algunos momentos de falta de firmeza en las notas sostenidas, fue loable su trabajo y muy apreciado por el público que llenaba la sala. María Katzarava nos dio una Liu fina y dulce, cantada con pasión y generosidad. Su gran escena en el tercer acto – Tanto amore segretro – fue el momento vocal inolvidable de la función. Necesita afinar sus pianos y pianissimos para flotar las notas largas que marcó el compositor. Ella optó por cantar algunas de estas partes a toda voz y aunque sonó bien, no es la idea de Puccini. Luis Chapa nos dio un Calaf cantado con entusiasmo y dignidad. Su voz es un tanto leñosa pero los agudos son limpios y musicales. Nuevamente podemos citar el profesionalismo de todo el elenco. Ping, Pang y Pong estuvieron en manos de Josué Cerón, Andrés Carrillo y Víctor Hernández y son, sin exageración, los mejores intérpretes que hemos escuchado de este Trío de Máscaras. Flavio Becerra fue un Emperador Altoum correcto y claro.

El público se retiró de la Sala Nezahualcoyotl feliz y emocionado. México ha escuchado muy buenas funciones de Turandot y ésta es de la mejores : no recordamos ninguna que haya tenido semejante acabado musical y artístico. Los responsables tienen todo el derecho de sentirse orgullosos. ¡Bravo!

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