EL BARROCO ESPAÑOL: LA PUERTA A UN UNIVERSO MUSICAL

Publicado: mayo 11, 2016 Última Modificación mayo 11, 2016 Por: adminmusica

Por Francesco Milella

En Música en México no nos gusta quedarnos quietos, parados en un solo lugar y observar pasivamente. Porque sabemos que la historia es mucho más viva y compleja de como aparece en los libros: en la escuela estudiamos por sectores, por temas aislados sin ponerlos en relación, sin buscar las fascinantes conexiones que existen entre ellos, tanto en el tiempo como en el espacio. Por esta razón quisimos escuchar los diálogos entre Bach y Vivaldi, entre la corte del Rey Sol y la ópera italiana, entre el mundo católico y protestante. Tratamos de unir los puntos de un continente musical, de sus sonidos y sus protagonistas analizando las diferencias entre ellos pero al mismo tiempo encontrando fascinantes elementos en común.

Mucho nos falta aún por descubrir, sobre todo si salimos del camino tradicional que de Italia nos lleva a Alemania y a Francia. Es un recorrido fundamental, necesario que hemos y seguimos descubriendo semana por semana. Pero – como les decía – en Música en México nos gusta tomar caminos insólitos, desconocidos que la gente común suele ignorar. Nos quedamos la semana pasada en Mantua, con Monteverdi y su Orfeo. ¿Qué les parece si de ahí nos vamos a Madrid y a Toledo? Se estarán preguntando el sentido de esta desviación. Pues ahora se los explico.

Mientras que Italia, Francia y Alemania se comenzaban a abrir al nuevo gusto musical del barroco, España emprendió un camino totalmente diferente. El Renacimiento ibérico, durante el Imperio de Carlos V y de su hijo Felipe II, había representado tanto en la pintura como en la literatura y en la música uno de los momentos más gloriosos de la historia europea, el llamado Siglo de Oro. Un momento que la historiografía contemporánea coloca, por calidad e intensidad, junto al Renacimiento florentino de la familia Medici. La muerte de Felipe II en 1598 marcó el inicio de una inexorable decadencia política, económica y, por lo tanto, cultural.

La música española entró así en el Barroco mirando hacia atrás. El modelo seguía siendo el Renacimiento de Morales, Guerrero y de Victoria, cuyas sombras dominaron por casi un siglo de música: compositores como Juan de Oroche (1583-1653), Manuel de León (1580-1632) o Juan de Durango (1632-1696) no son más que nombres que aparecen en los archivos del Escorial en la lista de músicos de la Capilla Real. Sus obras religiosas tristemente interesan solo a desesperados musicólogos que creen haber encontrado tesoros escondidos.

¿Cómo? ¿Junto a las maravillas de la corte francesa y de los orfanatorios venecianos de Vivaldi, nos encontramos con esto en España? Como siempre, las apariencias engañan: debajo de tanta aparente mediocridad la música española esconde un fuego maravilloso, una fuerza que ningún otro país tuvo. Las huellas de la dominación árabe, la presencia de los judíos y la cercanía a toda la cultura africana y mediterránea en general dieron vida a un mundo musical fascinante: a partir de la Edad Media y por todo el Renacimiento la música española fue elaborando sus propios lenguajes musicales en una síntesis única entre elementos totalmente diferentes entre ellos: armonías sefarditas y moriscas, formas árabes y católicas con textos judíos y latinos.

Pero un país fue el que tuvo con España una relación más fuerte y duradera: se trata de Italia. A partir del siglo XVI y por todo la época barroca Milán y toda la rica región del sur, de Nápoles hasta Sicilia, fueron dominadas por la corona española. Comenzó así un diálogo cultural y obviamente musical fuerte e intenso: elementos italianos llegaron a España, elementos españoles viajaron a Italia dando vida a lenguajes musicales imposibles de comprender si ignoramos esta realidad histórica.

Este es el sentido de nuestro viaje ibérico: descubrir la música barroca española, su camino de emancipación de la herencia renacentista y ver cómo el diálogo con Italia y su música dará vida a verdaderos tesoros musicales en ambos lados del mar Mediterráneo. Y más allá, en las colonias. No nos queda más que empezar a caminar, ahora sí, para descubrir un verdadero universo musical.

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