Eugene Oneguin de Pyotr Ilyich Tchaikovsky

Tatiana, una joven muy romántica, se enamora de Oneguin, amigo de Lensky, novio de su hermana Olga. Le escribe una carta apasionada a la que Oneguin responde fríamente pidiéndole que no piense más en él.

Por Música en México mayo 12, 2020 Última Modificación mayo 12, 2020

Komische Oper Berlin

Tatyana
Olga
Larina
Filippyevna
Lensky
Yevgeny Onegin
Capitán
Triquet
Zaretski
Príncipe Gremin

Asmik Grigorian
Karolina Gumos
Christiane OertelÇ
Margarita Nekrasova
Aleš Briscein
Günter Papendel
Carsten Lau
Christoph Späth
Yakov Strizhak
Alexey Antonov

Orquesta y Coro de la Komische Oper Berlin

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Dramaturgia

Pyotr Ilyich Tchaikovsky
Henrik Nánási
Barrie Kosky
Rebecca Ringst
Klaus Bruns
Franck Evin
David Cavelius
Simon Berger

Argumento

La acción tiene lugar en la propiedad de unos terratenientes rusos y después en San Petersburgo, a finales del siglo XVIII o justo al comienzo del XIX.

Acto 1

Tatiana, una joven muy romántica, se enamora de Oneguin, amigo de Lensky, novio de su hermana Olga. Le escribe una carta apasionada a la que Oneguin responde fríamente pidiéndole que no piense más en él.

Acto 2 

Celebración del cumpleaños de Tatiana. Oneguin intercepta observaciones que se han hecho a su costa y molesto baila con Olga; Lenski le desafía a batirse en duelo. Al alba del día siguiente, ambos hombres se enfrentan y Oneguin mata a Lenski.

Acto 3

Han pasado seis años. Tras una larga ausencia Oneguin vuelve a San Petersburgo donde encuentra a Tatiana que se ha casado con el Príncipe Gremin. Ella le concede una cita: él se declara, pero Tatiana, a pesar de seguir amando a Oneguin, se niega a abandonar a su marido. Oneguin, desesperado, se va para siempre…

Tchaikovsky y la ópera

Tchaikovsky comenzó tarde sus estudios musicales de la mano de Anton Rubinstein, antes de convertirse, en 1866, en profesor de armonía del Conservatorio de Moscú. Le fascinaba la ópera italiana y entre 1868 y 1876 compone cuatro obras dramáticas de entre las cuales Vakula el herrero (1876) es la primera que incluye melodías populares rusas y ucranianas bajo la influencia del nacionalismo musical de Rimsky-Korsakov, Da a conocer entonces Eugene Oneguin y la peculiar Muchacha de Oriéans (1881), según Schiller, que parece estar dominada por la sombra de Meyerbeer. Tchaikovsky vuelve sobre un asunto específicamente ruso con Mazeppa (1884) y, sobre todo, con La dama de picas (1890). Su última ópera, lolanta, no resiste comparación alguna con La dama de picas pese a algunas hermosas páginas típicamente representativas de la inspiración del compositor.

La producción lírica de Tchaikovsky comprende diez óperas, ajenas a la influencia de Wagner -preponderante entre la mayor parte de sus contemporáneos- gracias a su pasión por Mozart y su familiaridad con la ópera italiana. La estética de Tchaikovsky sigue siendo indefinible, aliando el espíritu cosmopolita occidental con el nacionalismo ruso. Para Shostakovich. la obra de Tchaikovsky es, no obstante, “una de las piedras angulares de cultura musical rusa.”

La composición

Más que una ópera, Eugene Oneguin es una continuación de escenas líricas -cuadros intimistas (pese a la brillante polonesa del último acto); evocaciones del alma rusa muy poco teatrales en principio-, que nos ofrece una partitura donde se revela lo mejor de la inspiración de Tchaikovsky. Se trata de una inspiración melódica en esencia, que tuvo a bien despreciar durante mucho tiempo y cuya enorme riqueza descubren hoy los países occidentales.

Rasgo dominante de Eugene Oneguin: su profunda resonancia psicológica puesta en relación con el genio introvertido del músico. Lo anterior tiene eco en su biografía, pues no hay duda de que la intriga de la obra no se aclara ni vuelve coherente hasta que comprendemos que su héroe, Tchaikovsky, ha descrito su homosexualidad. Si Tatiana está enamorada de Oneguin, éste nunca lo estará de ella: todas sus atenciones van dirigidas a Lenski, al que matará como si fuera su propio doble, un doble quimérico e inconfesable. Su tardía pasión por Tatiana será la de un desesperado que intenta por última vez combatir su fatalidad.

Eugene Oneguin parece estar musicalmente más cerca de la tradición de Glinka (por ejemplo, Una vida por el zar) que de Dargomijsky (véase, El convidado de piedra). Arias y concertantes estấn unidos entre sí mediante un recitativo muy melódico que los enhebra y prolonga, debiéndose a esto la extrema fluidez del discurso musical que, de vez en cuando, nos recuerda al de Mussorgsky: es ejemplar a este respecto la larga escena de la carta escrita por Tatiana, de múltiples episodios apoyados por una orquesta de vivos contrastes y que incluye, aunque vagamente, el motivo conductor de la obra.

Es un lenguaje orquestal que constituye “un auténtico contrapunto subterráneo de gran sutileza, que dice… lo que los actores del drama no pueden expresar directamente” (A. Goléa). ¿Quiên pondrá en duda que a pesar del drama profundo que vive Oneguin es Tatiana el personaje principal de la obra? La imagen pura de esta muchacha romántica, inocentemente exaltada, ha inspirado al compositor páginas de declamación apasionada, profundamente conmovedora, que han hecho de la heroína algo muy entrañable para el corazón de los rusos.

Fuente:

  • OperaVision
  • Tranchefort, Francois-René. La Ópera, Madrid, Taurus Ediciones, 1985, pp 301-303.
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