Detrás de Carmen: la vida y la música Georges Bizet

Carmen es sin lugar a duda una de las óperas más famosas del repertorio actual. Pero ¿quién fue su compositor? ¿Quién era ese George Bizet que tantas veces leemos y tan poco conocemos?

Carmen de Bizet
Por Francesco Milella Última Modificación febrero 10, 2021

Carmen es sin lugar a duda una de las óperas más famosas del repertorio actual. Pero ¿quién fue su compositor? ¿Quién era ese George Bizet que tantas veces leemos y tan poco conocemos?

Carmen mató a Bizet dos veces. Lo que podría parecer el título divertido de una novela surrealista y un poco cómica, en donde el célebre personaje de la ópera francesa – o quizás su fantasma – sale del escenario para vengarse de su creador, es en realidad un hecho poco metafórico y para nada literario que nos ayuda a entender la figura de Bizet más allá de su ópera de mayor éxito. La historia nos dice que la repentina muerte de Bizet en junio de 1875 fue causada precisamente por la composición y el sucesivo fracaso de su ópera en marzo de ese año: una tarea apasionante pero desgastante y dolorosa que terminó con un fracaso y con la vida del joven y enfermizo compositor. Hoy, la relación entre Bizet y su ópera parece no haber mejorado. Al contrario: la obsesión contemporánea del mundo de la ópera y de la cultura en general por esa obra maestra y definitiva del siglo XIX que es Carmen, ha puesto el nombre de Bizet en una sombra de olvido y descuido. Su nombre aparece en discos y anuncios teatrales, pero, fuera del mundo académico, pocos parecen preocuparse por la vida, la trayectoria y la identidad musical de ese genio de la música europea. Como si Carmen, eterna y sin tiempo, hubiera nacido de la nada, como un milagro, y nada hubiera sucedido antes de ella (Conoce más detalles sobre Carmen: https://musicaenmexico.com.mx/carmen-la-amenaza-llamada-micaela/). Pero ningún milagro de la cultura, la historia nos enseña, nace espontáneamente: Carmen es el punto final y el resultado de una trayectoria artística fascinante que vale la pena contar, no solo para entender y contextualizar su nacimiento como ópera, sino también para rescatar del olvido y del descuido esa figura tan compleja y completa que fue su compositor: Georges Bizet. 

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La vida y las obras

Nacido en 1838, auténtico parisino, desde joven Bizet crece y estudia rodeado por la mejor cultura musical de su tiempo, gracias también a una familia de profesores de canto y piano. En 1848 Bizet logra finalmente entrar al conservatorio de París para estudiar con Jacques Fromental Halévy y Charles Gounod, dos de los más grandes compositores de esos años. En 1855 compone sin publicar su Sinfonía en Do mayor. En 1857, tras ganar el prestigioso Prix de Rome, Bizet se traslada a Italia por cinco años: una experiencia fundamental y feliz para el joven compositor. Si en Roma Gounod, ganador del mismo premio en 1839, había estudiado como organista la música sacra de la escuela renacentista, Bizet, al contrario, se acerca al mundo de la ópera de Rossini, Donizetti y Verdi. El resultado de sus operísticos estudios, presentado solamente en 1906, será, entre otros, su ópera italiana Don Procopio, basada en un libretto similar al Don Pasquale donizettiano. En 1860 regresa a París para acompañar a su madre enferma y asistir al estreno mundial del Tannhauser de Wagner. En 1862, sin mayores disponibilidades económicas, Bizet comienza a componer lo que el mundo parisino busca y desea: ‘me comprometo – escribe Bizet a su editor Choudens – a componer cualquier cosa – polkas, danzas, cuadrillas, transcripciones anónimas’. Pero es la ópera el escenario que más atrae al genio inquieto de Bizet. En pocos años nace un majestuoso y desafortunado grand-opéra, Ivan IV, presentado por primera vez en 1946, y dos óperas Les Pêcheurs de perles (1863) y La jolie fille de Perth (1867), ambas criticadas por ser o demasiado italianas o, en el segundo caso, demasiado wagnerianas. En 1872 nacen otras dos composiciones: la opéra-comique Djamileh y las músicas de escena para la pièce L’Arlesienne di Alphonse Daudet. A pesar del gran esfuerzo, ninguna de las dos logra levantar el ánimo y las finanzas de Bizet. En 1873 comienza a poner en música el libretto de Carmen de Henri Meilhac y Ludovic Halévy basado en una novela de Prosper Mérimée, una ópera que, como recordamos al principio de este texto, lo lleva a la muerte en 1875, antes de poder ver su verdadero triunfo. 

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¿Un compositor frágil?

No cabe duda de que Bizet fue un compositor frágil y desafortunado, en búsqueda constante de estabilidad y bienestar físico y emotivo. Si Gounod y, como veremos en poco tiempo, Offenbach logran encontrar su espacio y su ritmo en una París viva y dinámica, Bizet se queda atorado en la duda y la inseguridad. Sin embargo, lejos de ser un compositor pasivo e indolente, el compositor parisino logró construir una identidad multifacética, capaz de explorar distintas formas y géneros tanto en el mundo instrumental como en el vocal. Pero el elemento más asombroso en la vida de Bizet es su carácter internacional y sincrético en donde el gusto melódico de la ópera italiana (el dueto ‘Je crois entendre encore’ de Les Pêcheurs de perles sigue siendo uno de los ejemplos más altos de la sensibilidad melódica de Bizet) se une con la orquestación sólida y elaborada del mundo alemán, una orquestación que Richard Strauss consideraba más interesante que la de Wagner y la recomendaba a sus estudiantes como ejemplo de economía y buen gusto. Todo envuelto en un sabor exótico, oriental y ya ibérico antes de Carmen: Les Pêcheurs de perles, Djamileh pero sobre todo la sensual canción ‘Les adieux de l’hostesse arabe’ y la música de L’Arlesienne componen un mosaico de colores y transgresiones, de sabores y sonidos único en el panorama musical de esos años. Estas composiciones, hoy casi todas disponibles en distintas plataformas, aunque muy poco conocidas y representadas, nos piden reconsiderar la figura de Bizet más allá de su Carmen y apreciar no solo la belleza y la variedad de su repertorio sino también la modernidad inquieta y humana de su trayectoria musical. 

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