Diálogos imposibles: la ópera de Gaetano Donizetti

Protagonista, junto a Vincenzo Bellini, del bel canto después de Rossini, la ópera italiana busca un nuevo diálogo con el romanticismo europeo. El resultado cambiará la historia.

Por Francesco Milella abril 23, 2020 Última Modificación abril 23, 2020

Protagonista, junto a Vincenzo Bellini, del bel canto después de Rossini, la ópera italiana busca un nuevo diálogo con el romanticismo europeo. El resultado cambiará la historia. 

Donizetti vs Bellini

Si Gioachino Rossini tuvo el privilegio, la habilidad y la suerte de poder dominar la ópera en Europa sin muchos otros contendientes, Vincenzo Bellini, al contrario, se vio siempre en la necesidad de tener que competir con otro compositor italiano de su misma generación: Gaetano Donizetti (1797 – 1848). La historia de la música, con su secreto amor por la anécdota y el chisme, colocó a los dos compositores al mismo nivel imaginando rivalidades, recelos y venganzas según el mejor estilo romántico. No podemos negar que entre ambos hayan surgido contrastes, debidos sobre todo al gusto de los empresarios de contraponerlos en la misma temporada y en el mismo teatro para crear escándalo, éxito y noticias. Sin embargo, Donizetti fue en muchos aspectos un compositor casi opuesto a su colega siciliano con quien compartió escenarios, y cantantes, pero también una distinta manera de concebir el teatro y el canto.

Las semejanzas…

Gaetano Donizetti nace en 1797 en Bergamo, pequeña ciudad cerca de Milán. Gracias al apoyo de Johann Simon Mayr, compositor de origen alemana, pero totalmente italiano en el lenguaje, Donizetti – como, de hecho, el mismo Bellini – logra dejar la provincia para trasladarse a una gran ciudad, Milán, y así comenzar oficialmente su carrera operística. La trayectoria geográfica que Donizetti sigue es, en muchos aspectos, muy similar a la de Bellini en cuanto incluye los más grandes escenarios de Europa, desde los teatros La Scala y el Carcano de Milán, así como el San Carlo de Napoli y  el Teatro Italiano de París, además del Theater am Kärntnertor de Viena, escenario que Bellini nunca pisó. Más allá de los teatros, Donizetti y Bellini compartieron también las voces protagonistas de sus óperas: sopranos como María Malibran, Giuditta Pasta y Fanny Tacchinardi Persiani para quienes Donizetti escribió, respectivamente María Stuarda (1834), Anna Bolena (1830) y Lucia di Lammermoor (1835), tenores como Giovanni Battista Rubini y bajos como Luigi Lablache, nombres que hoy pueden incluso resultar desconocidos pero que en esos años (1820 – 1840) eran considerados más poderosos y ricos que un rey. 

… y las diferencias.

Sin embargo, Donizetti fue en muchos aspectos muy distinto, incluso opuesto a su amigo/enemigo Vincenzo Bellini, a partir del numero de óperas compuestas. Si el catálogo del siciliano nos ofrece no más de diez óperas compuestas entre 1825 y 1835, Donizetti compuso entre 1816 y 1845 casi setenta, aunque solo una docena logró alcanzar un éxito suficientemente duradero en el tiempo. Otro elemento que distingue claramente a  los dos compositores se refiere a las tipologías de ópera que ambos enfrentaron a lo largo de su vida:  Bellini, por un lado, dedicó toda su breve carrera exclusivamente a la ópera seria, Donizetti prefirió moverse entre repertorio serio y buffo, consiguiendo grandes triunfos en ambos: con respecto a la primera categoría, además de las tres óperas que mencionamos en el párrafo anterior, cabe recordar también Lucrezia Borgia (1833), Roberto Devereux (1837) y Poliuto; entre sus opere buffe más exitosas tenemos que mencionar necesariamente L’elisir d’amore (1832) y Don Pasquale (1843), probablemente las más conocidas. Además, como ya había hecho el mismo Rossini, Donizetti buscó acercarse también al teatro francés componiendo una exquisita ópera-comique como La Fille du régiment (1840) y grand-óperas como La Favorite y Dom Sébastien en 1840, todos en idioma francés. 

La belleza de Donizetti

 Sin embargo, más allá de estos datos enciclopédicos, aunque históricamente relevantes, lo que define más claramente la identidad operística de Donizetti (y lo aleja de Bellini) es su lenguaje musical y su sentido del teatro. Con Bellini vimos cómo la ópera italiana dilata y supera sus esquemas tradicionales para buscar una nueva profundidad teatral y musical, y para abrirse generosamente al romanticismo del norte de Europa (‘Casta Diva’ de la ópera Norma es un ejemplo paradigmático de la poética belliniana). Donizetti, al contrario, busca un diálogo más equilibrado entre ópera italiana y romanticismo: por un lado, el compositor se mantiene fiel a las convenciones del mundo italiano, a su forma tradicional y a sus modas, por el otro, mira hacia el norte, a las historias atormentadas de la literatura anglosajona y a las nuevas sonoridades del mundo alemán (Donizetti fue un extraordinario orquestador). Curiosamente – aquí tocamos con mano la genialidad y relevancia histórica de este compositor – este contraste musical y, desde luego, cultural se resuelve en un equilibrio extraordinario. He aquí el verdadero encanto del teatro de Gaetano Donizetti: el romanticismo, con sus historias sin tiempo y sus héroes (y heroínas, sobre todo) revolucionarios, con su fuerza social, política y poética, se coloca en un sistema teatral que resalta y aclara la belleza de su teatralidad. Con Donizetti la ópera italiana se abre con más convicción a la poética romántica y la incorpora de manera orgánica a su tradición de placer, forma y entretenimiento.

Francesco Milella
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