La hija de Rapaccini, de Daniel Catán

Publicado: mayo 17, 2019 Última Modificación mayo 17, 2019 Por: Música en México

Dentro del festival de arte y ciencia titulado El aleph, en la UNAM, se presentará una versión de cámara de la ópera en dos actos de Daniel Catán (1949-2011), estrenada en 1991. El texto es una adaptación del escritor Juan Tovar, de la pieza teatral de Octavio Paz, a su vez, inspirada en el cuento del mismo nombre escrito por Nathanael Hawthorne en 1844.  

La ópera, en versión cámara, se presentará el viernes 24 (20:00h) y el sábado 25 (19:00h) de mayo, en la Sala Covarrubias, del Centro Cultural Universitario. Dirección escénica: Cynthia Stokes; dirección musical: Michael Dauphinais. Charlas introductorias: Paulina Rivero Weber, el viernes 24, a las 17:15; Gerardo Kleinburg, el sábado 25, a las 18:15.  

Reproducimos a continuación, la nota de Pablo Espinosa, publicada en La Jornada, en abril de 1991, a raíz del estreno de La hija de Rapaccini:

“Ópera mexicana sobre un texto de Octavio Paz. La hija de Rapaccini, estreno que no cubrió las expectativas. Eros y Thanatos en este jardín. El mar y el sol sobre el mar. Una noche de abril en el Palacio de Bellas Artes, estreno de una ópera mexicana. Una música fluida, viento, clamor como alarido tras un velo […]. La música, desde una explayada bruma impresionista, la claridad de una primera diamantada melodía inicia el trazo de la sucesión espacial y temporal de personajes; inyecta, decanta, extrae los fluidos prosódicos que en adelante buscarán en el canto su razón operística de ser, con vuelos, romos, trazos rasos, ímpetus detenidos, destellos, opacidades. Atrapada en los hondos vericuetos del texto, tal prosodia encuentra topes en su tránsito del foso al proscenio y en su retorno. Vuela en interludios, desciende en recitativos, se desplaza en arias y en dúos y en tríos, halla su redondez en el momento de su expresión de amor. Y vuelve al declive por el peso muerto del fluido. Desde un palco, Octavio Paz; Eduardo Diazmuñoz sobre el podio en el foso, a la batuta; butacas membretadas invisiblemente con los atentos saludos de…Una escenografía que anhela, via el pastel, los terrenos de la fantasía y la leyenda antigua, depositaria del lugar sin sitio. Una producción íntegramente decorosa. Una ópera mexicana producida, los tiempos de la modernidad y la concertación, con dinero de plástico. El resultado final, empero, una ínclita expectativa insatisfecha. Lástima, por la poesía”.

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