Mi amor inmortal

Tras su deceso, sale a relucir entre sus cartas y documentos la existencia de una mujer de la que nunca menciona el nombre (se dirige a ella únicamente como “mi amada inmortal”)

Por Música en México Última Modificación diciembre 12, 2021

El 26 de marzo de 1827, en Viena, muere Ludwig van Beethoven (1770-1827). Tras su deceso, sale a relucir entre sus cartas y documentos la existencia de una mujer de la que nunca menciona el nombre (se dirige a ella únicamente como “mi amada inmortal”) pero a la que, en su testamento, ha legado todas sus posesiones. Es así que Anton Felix Schindler (1795-1864), su secretario y amigo, se da a la tarea —en contra de los violentos arrebatos de Nikolaus Johann (1776-1848), el menor de los tres hermanos Beethoven— de averiguar la identidad de esa misteriosa dama a la que Beethoven entregó su corazón y sus bienes. Para ello, empieza sus pesquisas visitando  a dos de las mujeres que jugaron un papel significativo en la vida del compositor: la condesa Giulietta Guicciardi (1782-1856), quien en su juventud fuera alumna de Beethoven y a la que el compositor dedicó su Sonata para piano No. 14, Claro de luna, y la condesa Anna Maria von Erdődy (1779-1837), quien acogió a un humillado Beethoven cuando este, ya completamente sordo, fue incapaz de dirigir adecuadamente a la orquesta en un concierto y se enfrentó a las burlas del público. Entrevistadas por Schindler, cada una de estas mujeres ahonda un poco más en la compleja vida personal del compositor. El retrato de Beethoven que va surgiendo termina por completarse cuando el propio Schindler relata su experiencia personal al lado del gran sordo de Bonn, pero su búsqueda aún no ha concluido porque las pistas que ha recogido lo llevan de vuelta al seno de la familia de Beethoven, donde hay un último cabo suelto: Karl van Beethoven (1806-1858), el adorado sobrino por cuya custodia Beethoven y su cuñada Johanna Reiss (17186-1869), esposa de Kaspar Anton Karl van Beethoven (1774-1815), se enfrentaron en amargo litigio. 

Con una estructura calcada de esa obra maestra que es El ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), Immortal Beloved (traducida como Amada inmortal, Amor inmortal o Mi amor inmortal), es una película biográfica dirigida por el cineasta británico Bernard Rose (1960), quien cuenta en su haber con títulos como Candyman (1992), Ana Karenina (1997), La sonata a Kreutzer (2008) y El violinista del diablo (2013), película biográfica sobre Niccolò Paganini que abordamos en una ocasión anterior.

Al igual que en el filme de Orson Welles, Mi amor inmortal inicia con la muerte del protagonista, poseedor de un misterio que, a medida que avanza el relato, es desentrañado por medio de los recuerdos de las personas que lo conocieron, los cuales cobran vida ante nuestros ojos en forma de flashbacks. De hecho, el filme —abundante en inexactitudes históricas y anacronismos instrumentales— no se centra propiamente en la biografía de Ludwig van Beethoven, sino que la utiliza muy libremente para condimentar la detectivesca trama donde lo que importa es descubrir la identidad de la amada inmortal. Sin embargo, el acercamiento a Beethoven desde la perspectiva de terceras personas es de gran ayuda —una vez que vamos uniendo los fragmentos presentados— para trazar el retrato no solo de un artista genial, sino de un hombre profundamente solitario y lastimado, irascible y malhumorado por la amargura que le produce la sordera.

Como es costumbre en las películas de Bernard Rose, Mi amor inmortal cuenta con una manufactura impecable y momentos memorables (como la bellísima secuencia del estreno de la Novena Sinfonía, donde las imágenes del concierto se yuxtaponen con recuerdos de la infancia del compositor), pero en esta ocasión el cineasta decidió causar polémica y para ello no dudó en desarrollar elaboradas conjeturas sobre determinados detalles de la vida de Ludwig van Beethoven para proponer —con una lógica pueril no exenta de cierta razón— una solución muy personal (tan audaz como controvertida) al enigma de la amada inmortal, problema que ha provocado grandes dolores de cabeza a los más avezados estudiosos de la vida y obra del genio de Bonn.

El reparto de Mi amor inmortal está encabezado por el espléndido actor británico Gary Oldman, quien interpreta magistralmente a un Ludwig van Beethoven pasional, temperamental e incluso agresivo, pero también sensible, inseguro y vulnerable. Lo acompañan el actor neerlandés Jeroen Krabbé —a quien en ese mismo año vimos como Georg Friedrich Händel en Farinelli (Gérard Corbiau, 1994)— como Anton Felix Schindler, la actriz greco-italiana Valeria Golino como Giulietta Guicciardi, la actriz italiana Isabella Rosellini como la condesa Anna Maria von Erdődy y la actriz holandesa Johanna ter Steege como Johanna Reiss. Completan el elenco Marco Hofschneider como Karl van Beethoven; Gerard Horan y Christopher Fulford como —respectivamente—Nikolaus Johann y Kaspar Anton Karl van Beethoven, hermanos del compositor; y Geno Lechner y Claudia Solti (hija del director de orquesta Georg Solti) como —respectivamente— las hermanas Josephine y Theresa von Brunsvik. 

Por supuesto, salvo un fragmento de La gazza ladra de Rossini que se escucha en una escena de la película, la banda sonora de Mi amor inmortal está formada en su totalidad por obras de Ludwig van Beethoven. Así, lo que escuchamos a lo largo del filme son las partes más identificables de prácticamente todas las obras más conocidas del compositor: las Sinfonías Nos.3, 5, 6, 7 y 9, la Missa Solemnis¸ las sonatas para piano Claro de Luna y Patética, el Trío para piano No. 5, Op. 70, el Concierto para violín Op. 61, el Concierto para piano No. 5, la Sonata para violín Op. 47, Kreutzer y el Cuarteto para cuerdas No. 13, Op. 130, además de una versión completa de Para Elisa. La interpretación corrió a cargo de la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la batuta de sir Georg Solti, y entre los solistas participantes encontramos a los pianistas Emanuel Ax y Murray Perahia, los violinistas Pamela Frank y Gidon Krremer, el violonchelista Yo-Yo Ma y el Juilliard String Quartet.
Desafortunadamente, a la única versión de esta película que pudimos encontrar en su idioma original (inglés) le faltan cuatro minutos, así que tuvimos que optar por una versión íntegra doblada al español. Esperamos que eso no impida a nuestros amables lectores adentrarse en el misterio del amor inmortal de Beethoven.

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