Revueltas: Sensemayá y La noche de los mayas

Publicado: marzo 6, 2019 Última Modificación marzo 6, 2019 Por: Música en México

Ritual poético-musical para matar a una culebra

Es conocido que el espíritu revolucionario de Silvestre Revueltas (1899-1940) está presente en cada una de sus obras. Su música es rebelde y aguerrida, innovadora y novedosa; es moderna en cada aspecto, es la música más original que se haya compuesto en México (aunque haya algunas más vanguardistas en todas las épocas) y, sobre todo, nunca dejó de ser una música auténtica y mexicana.

Revueltas adaptó los ritmos y danzas de México, más bien, los “adoptó” para hacerlos suyos, para integrarlos a su concepto, a su propio lenguaje musical; con excepción, tal vez, de uno o dos temas, Revueltas creó sus propios temas en cada obra, haciéndonos sentir que estamos escuchando temas conocidos y reconocidos de nuestros pueblos, de nuestras regiones, pero que realmente pertenecen a la inventiva original del gran compositor.

Revueltas vivió el contexto ardiente de la Revolución Mexicana, y aunque sea de lejos (o no tanto como parece), le llegan también las llamas de la Revolución Rusa y de la Guerra Civil Española. Revueltas formó parte de la LEAR (la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) y en compañía de varios pintores e intelectuales mexicanos y algunos latinoamericanos, viajó a España para solidarizarse, con presencia y obra, con la causa antifranquista.

Durante su militancia en la LEAR, Revueltas se hizo amigo de Nicolás Guillén, el gran poeta cubano; la obra de Guillén le inspiró, al menos, tres creaciones musicales: el poema sinfónico Sensemayá y las canciones Caminando, para voces y ensamble de cámara, que es más usual escuchar en versión para voz y piano y No sé por qué piensas tú, soldado…, basadas en los tres casos en sendos poemas de Guillén, en el caso de Sensemayá, escuchado en el cálido y caribeño énfasis del propio autor, a quien Revueltas se lo pudo escuchar de viva voz del poeta.

Sensemayá fue compuesta en 1937, en una primera versión para orquesta de cámara grande, que ya sigue el desarrollo y contenido básico de la obra, aunque con diversas sorpresas instrumentales y temáticas que la diferencian de la versión para gran orquesta sinfónica, que Revueltas realizó al siguiente año y que es la que muchos conocemos, que se ha grabado varias veces y se interpreta frecuentemente en conciertos de México y del mundo.

Ya desde la primera versión, están presentes los incisivos ritmos y la fuerza pujante de Sensemayá, pero es hasta la orquestación sinfónica, con una gran riqueza en percusiones, que la obra adquiere su óptima dimensión rítmica y textura sonora y esa pujanza visceral que nos provoca un gran efecto emocional cuando la escuchamos. Se ha dicho que Revueltas concibió la idea basándose en el logro similar de Igor Stravinski en La Consagración de la primavera. Aceptemos que hay una importante influencia, pero ambas obras se apartan en su evocación primitiva y en el carácter rítmico, de un arcaico imaginario en Stravinski y de un poderoso contexto afroamericano, con evocaciones de nuestras civilizaciones prehispánicas, en Revueltas, quien además hace gala de su magistral y personal inventiva para la orquestación.

Subtitulada Canto para matar una culebra, Sensemayá nos permite imaginar el sentido descriptivo del poema de Nicolás Guillén (incluido en el poemario West Indies Ltd.) pero, si ya conocida la obra musical “descubriéramos” el poema o, si conociendo el poema llegáramos a la obra musical de Revueltas, nos sorprenderíamos de la impresionante recreación que hace el compositor de la reiterada frase de Guillén en el estribillo principal, con un absoluto contenido de los rituales religiosos de las culturas africanas y la santería cubana, las cuales parecieran haber sido escritas para que Revueltas las transformara en su obsesivo ritmo, su febril atmósfera sonora y su musicalidad disonante.

Veamos el poema de Nicolás Guillén:

Canto para matar a una culebra.
¡Mayombe-bombe-mayombé!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
La culebra tiene los ojos de vidrio;
la culebra viene y se enreda en un palo;
con sus ojos de vidrio, en un palo;
con sus ojos de vidrio.
La culebra camina sin patas;
la culebra se esconde en la yerba;
caminando se esconde en la yerba,
caminando sin patas.
¡Mayombe-bombe-mayombe! 
¡Mayombe-bombe-mayombé! 
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Tú le das con el hacha, y se muere:
¡dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!
Sensemayá, la culebra,
sensemayá,
Sensemayá, con sus ojos,
sensemaya.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá. 
Sensemayá, con su boca,
sensemayá.
¡La culebra muerta no puede comer;
la culebra muerta no puede silbar;
no puede caminar,
no puede correr!
¡La culebra muerta no puede mirar;
la culebra muerta no puede beber;
no puede respirar,
no puede morder!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, la culebra . . .
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, no se mueve . . .
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, Za culebra . . .
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, se murio!

 

Orquesta Filarmónica de Berlín, dirige Gustavo Dudamel

Desde el principio, las percusiones establecen la pauta rítmica que persistirá prácticamente toda la obra, preparando después de pocos compases, el ostinato sonido del fagot, antes de que la tuba introduzca amenazante el primero de los temas principales de la obra, que después será continuado y elaborado por el corno y por otros alientos. Cuando finalmente entra la cuerda, los violines introducen el segundo tema. El camino está trazado para perseguir y matar a la peligrosa culebra Sensemayá.

Una y otra vez se logra una culminación sonora que siempre parece retroceder, unas veces con una sensación de caos, otras de aparente clímax dramático, hasta llegar a una verdadera culminación de desarrollo y con gran fuerza orquestal, se escuchan simultáneamente ambos temas mencionados hasta llegar a una inclemente coda que nos muestra la culebra acorralada y el golpe final que le da muerte. Es el grito de “Sensemayá se murió”.

Para concluir, nos puede resultar muy emotivo leer lo escrito sobre Revueltas por Leonard Bernstein, otro de los grandes intérpretes de esta obra, como nos consta por su excelente grabación: «El compositor es sofisticado y posee gran capacidad técnica, pero expresa un espíritu feroz, primitivo y violento que se expande en ritmos salvajes, sones agudos y gemidos siempre controlados por la mano sabia de un verdadero artista». Si lo dice un gigante como éste, gran director, pianista, compositor y, un gran maestro y pedagogo musical, ¿qué más podemos agregar de nuestro propio “gigante”?

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Así como resulta muy escasa la oportunidad de escuchar la música de cámara, la obra para piano y para voces, y algunas obras orquestales casi inéditas, (con apenas alguna grabación) de Silvestre Revueltas, es aún más difícil poder conocer su música para cine -en su mayor parte, música incidental, compuesta por encargo para películas poco importantes, música polémica por su resultado final, aun para los musicólogos más afines al compositor.

Las películas que musicalizó Revueltas, cronológicamente, fueron: Redes, ¡Vámonos con Pancho Villa!, Caminos -en la que adaptó su propia obra sinfónica-, La bestia negra, El indio, El signo de la muerte -una de las películas realmente importantes de Cantinflas-, La noche de los mayas, ¡Qué viene mi marido! y Los de abajo; además de Este era un rey, música para la escena. Podríamos incluir también la música para el documental Ferrocarriles de Baja California, que Revueltas convirtió en una suite de concierto titulada sarcásticamente Música para charlar y Erich Kleiber en otra suite desconocidísima que tituló Paisajes.

Mencionemos para la trivia anecdótica, la fugaz escena que hace Revueltas en la película ¡Vámonos con Pancho Villa!, en la que aparece tocando el piano en una bulliciosa cantina, debajo del cartel “Se suplica no tirarle al pianista”

Sin embargo, esta es una de sus partituras cinematográficas que resalta por su calidad e importancia musical y que se ha convertido en una de sus obras más tocadas y grabadas, aunque siempre con un toque de polémica por ser el trabajo de otro autor el resultado final como una suite orquestal, cercana al concepto de una sinfonía.

La noche de los mayas es una muy irregular película de Chano Urueta, filmada en 1939, cuyo aleccionador mensaje pro indigenista apenas fue rescatado por la gran fotografía de las ruinas mayas realizada por Gabriel Figueroa y por la excelente música de Silvestre Revueltas, la cual, entre la limitada técnica de grabación del momento y los equipos de sonido de los cines de la época, pasaba casi desapercibida, excepto para los pocos interesados entonces en la creación musical para cine.

Si tomamos en cuenta que posteriormente Urueta realizó una correcta Los de abajo, pero también la insípida comedia ¡Qué viene mi marido!, veremos que, en cuestión de música para cine, Revueltas no estuvo casi nunca en las mejores manos. Tal vez su momento cumbre en todos los sentidos, fue con la excelente Redes, (realizada por el cineasta polaco-austriaco Fred Zinnemann y co-dirigida, ante la imposibilidad de éste de hablar español, por los directores mexicanos Emilio Gómez Muriel y, pocos lo saben, por otro grande, Julio Bracho).

Como bien la describe el espléndido y acucioso musicólogo Eduardo Contreras Soto, tanto en la partitura para la película como en la suite sinfónica armada y creada por José Yves Limantour, la música de Revueltas para La noche de los mayas es “altamente emotiva, dramática y brillante”.

Hacia 1960, el director de orquesta José Yves Limantour (1919-1976) “preparó” un arreglo en el que utilizando la música de Revueltas y agregando algún tema autóctono y pasajes musicales suyos, logró una división en cuatro movimientos, distintos y representativos, con un gran final apoteósico que Limantour enriqueció con el uso de un arsenal de percusiones.

Revueltas compuso hasta 36 secuencias musicales de diversa extensión que se utilizan en la película al modo cinematográfico usual. El gran logro de Limantour fue dar unidad a todas ellas, en base a la estructura y división mencionadas y llegar, con gran congruencia de los estilos, a la imitación de una sinfonía “clásica”, la sinfonía que Revueltas nunca hizo.

Con la edición de concierto, la obra quedó estructurada con las siguientes partes y carácter musical de las mismas:

Noche de los mayas – Molto sostenuto
Noche de jaranas – Scherzo
Noche de Yucatán – Andante espressivo
Noche de encantamiento – Tema y variaciones

El Primer movimiento, que utiliza, sobre todo, la música para los créditos iniciales de la película, establece un espectacular carácter épico que expresa la grandeza de la cultura maya, contrastado con algún tema reposado y relacionado con el ambiente de la tarde pueblerina y la relación amorosa protagónica, eje de los personajes principales de la película, una joven maya enamorada de un ingeniero “venido de la capital”.

El Segundo movimiento, a modo del scherzo de una sinfonía, es como una fiesta de pueblo y como tal, muy bailable, una de tantas ideas musicales mexicanas, creadas por Revueltas.

El Tercer movimiento desarrolla ampliamente el carácter del tema “amoroso” escuchado en el Primer movimiento, sólo que aquí se logra un contexto a ratos apasionado y en otros, casi pastoral o bucólico (en el que destaca, por cierto, la cita de la bella canción maya Koonex Koonex, que usualmente y por su carácter, se ha difundido como una canción de cuna maya, lo cual corresponde sólo a una atribución posterior, ya que se trata de una canción muy optimista, una especie de canto a la vida, con un peculiar sentido del humor, como cuando señala la posible homosexualidad del joven personaje aludido en la letra, diciendo que tiene “la axila rota”.

Un impetuoso puente en crescendo nos conduce directamente al Cuarto movimiento y desata las fuerzas sonoras del gran arsenal de percusiones que convoca la orquestación de Limantour, muchas de ellas, percusiones autóctonas mexicanas (como el acierto del gran caracol en una ingeniosa sustitución del corno). Como insinúa el título, evoca los ritos ancestrales de “encantamiento”, las luchas heroicas de la raza y la exaltación final de la tristemente utópica victoria del pueblo maya sobre la civilización moderna.

El gran triunfo de La noche de los mayas, según la valiosa descripción del nunca suficientemente llorado José Antonio Alcaraz, radica en la simbiosis de “nacionalismo y modernidad”; y en la manera eficaz como la partitura ejemplificó de forma lógica las diversas épocas y contextos de nuestra cultura musical, que resumimos libremente de la idea elaborada por Alcaraz: 
están presentes “la época prehispánica, con el uso de percusiones de la época integradas a los instrumentos modernos y citas como la melodía maya mencionada antes; la música mestiza como la jarana; la influencia criolla, en las formas rítmicas del Segundo movimiento, nacidas en la época colonial y desarrolladas en el siglo XX; la utilización de los ritmos percutivos caribeños y afroantillanos, desarrollados en nuestras zonas tropicales, en el Cuarto movimiento”. Asimismo, el maestro Alcaraz se luce cuando compara los aciertos de La noche de los mayas con los del muralismo mexicano, “por sus vastas proporciones épicas, la subyugante plasticidad… y cierto ánimo didáctico brechtiano, resultado patente de la Revolución Mexicana de 1910”.

Es preciso mencionar que, excepto en las notas a los programas, casi nunca se menciona a José Yves Limantour como co-creador de la suite sinfónica de conciertos que escuchamos con frecuencia. Nos guste o no la idea, la posibilidad de escuchar esta música de Revueltas y admirarla y emocionarnos en cada audición, se la debemos a José Yves Limantour, aunque, por supuesto, el gran impacto musical reside primordialmente en la poderosa creación de Revueltas.

Ya sería tiempo para que cuando se interprete esta obra se anunciara: Silvestre Revueltas/José Yves Limantour: La noche de los mayas , tal como se hace con otras obras musicales, por ejemplo, Cuadros de una Exposición de Mussorgsky / Ravel, o las terminaciones de alguna de las sinfonías de Mahler y ahora, también de Bruckner.

Recordemos que nada menos que el prodigioso compositor alemán Paul Hindemith (1895-1963), admirador de Revueltas -fallecido poco antes- y habiendo conocido la película, creó su propia edición de La noche de los mayas, tanto con su propia selección y secuencia de las partes musicales, como en la de retocar apenas la instrumentación original de Revueltas para una orquesta típica de cine, quedando editada como una suite en dos partes. Apenas en tiempos recientes muchos pudimos conocer dicha edición al ser grabada por primera vez por Christian Gohmer al frente de su orquesta Tempus Fugit.

Fuente: OFUNAM.

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