Misa solemne en honor a Santa Cecilia (1855) de Charles Gounod

Publicado: agosto 5, 2018 Última Modificación agosto 7, 2018 Por: adminmusica

Misa solemne en honor a Santa Cecilia (1855)

Orquesta y Coro de la Radio y Televisión Española, dirige Jesús López Cobos

 

Charles Gounod (1818-1895) fue uno de los músicos franceses más famosos de su tiempo. Sus primeros pasos en el mundo de la música estuvieron guiados por su madre, excelente pianista. Alumno del Conservatorio de París desde 1835, en 1839 le fue concedido el prestigioso Gran Premio de Roma, lo que le permitió proseguir sus estudios en la capital italiana. Allí descubrió la música de los antiguos maestros polifónicos, en especial la de Palestrina, la cual iba a ejercer una profunda influencia sobre su producción religiosa. De regreso en París, Gounod centró su actividad compositiva en la ópera, con títulos como Safo (1851), Mireya (1864) y Romeo y Julieta (1867), que fue alternando con la creación de música sacra (Misa de santa Cecilia, de 1855). Sus obras más conocidas, con las que alcanzó el éxito, fueron la ópera Fausto (1859) y su inmortal Ave María, basada en una obra de Bach. Gounod compuso el himno de la Ciudad del Vaticano. En lo personal fue un hombre de gran religiosidad, hasta el punto de querer convertirse en sacerdote. El refinamiento y la inspiración de sus melodias, junto a la calidad de su escritura orquestal, hacen de sus obras las más apreciadas y representativas del repertorio galo anterior a la aparición de Bizet y Massenet, sobre los que ejerció una indudable influencia.

La Misa solemne en honor a Santa Cecilia es una misa con rico acompañamiento orquestal y muy variada utilización de timbres instrumentales y corales. Fue estrenada en la iglesia Saint-Eustache en París el 22 de noviembre de 1855 (día de Santa Cecilia). A lo largo de toda esta Misa se detecta una proximidad a la ópera y la sinfonía. En su estreno, como comentó luego Saint-Saëns, ocasionó asombro y entusiasmo. Durante toda la vida de Gounod, esta obra fue publicada en múltiples ocasiones en toda Europa, lo que acrecentó su popularidad.

Como era típico de era romántica, la Misa incluye un movimiento exclusivamente instrumental, el Offertorium. El Kyrie comienza cantando a capella, leve reminiscencia al canto Gregoriano. Los solo vocales, especialmente el de la soprano al comienzo del Gloria y el del tenor en el Sanctus, demuestran cierta afinidad a la ópera, contrariamente, la escritura coral es en ciertos pasajes de escritura más arcaicista, como en el Credo donde las cuatro voces cantan pasajes al unísono. Las armonias a lo largo de toda la obra son sencillas y las grandes pinceladas de las sonoridades y ritmos predominantemente moderados fueron concibidos para su interpretación en las grandes iglesias. El brillo de la fuga final del Gloria y el bellísimo e intimista Agnus Dei en el que coro y solistas alternan hasta el final son los momentos culminantes de la obra.

Fuente: corosinfonicodelarioja.es

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