Cuarta sinfonía en sol mayor de Gustav Mahler (1860-1911)

Publicado: julio 13, 2017 Última Modificación julio 13, 2017 Por: adminmusica

Magdalena Kožená, mezzosoprano

Orquesta del Festival de Lucerna, dirige Claudio Abbado

 

En más de una ocasión, la Cuarta sinfonía de Gustav Mahler ha sido calificada como su sinfonía ligera, o sinfonía fácil. Es posible que, en comparación con sus otras nueve sinfonías, la cuarta sea, en efecto, menos densa, pero el caso es que calificar de ligera o fácil a cualquier obra de Mahler se antoja un tanto temerario. Respecto al lugar que la Cuarta sinfonía de Mahler ocupa en el contexto de su producción sinfónica, el musicólogo Hans Redlich nos dice que las sinfonías 2, 3 y 4 de Mahler forman una unidad indivisible, no sólo desde el punto de vista musical sino también desde el punto de vista filosófico. He aquí las palabras textuales de Redlich al respecto: “Estas tres sinfonías reflejan la lucha del compositor por hallar sus creencias religiosas duraderas, y su hallazgo de ellas a través de la victoria del amor y el perdón sobre la duda y el miedo”. La relación entre estas sinfonías es tan estrecha, en efecto, que la cuarta fue concebida por Mahler a partir de música que había escrito con la intención original de incorporarla a la Tercera sinfonía. Hoy sabemos que una de las principales fuentes de inspiración para Mahler fue la antología poética romántica titulada El cuerno mágico del doncel. De hecho, Mahler compuso en 1888 un ciclo de doce canciones para voz y orquesta sobre poemas de esa antología y más tarde habría de utilizar la misma fuente como materia prima para sus sinfonías 2, 3 y 4. En el año de 1892 Mahler compuso una de sus canciones más alegres y transparentes, sobre uno de los poemas de El cuerno mágico del doncel, y le puso el título de la primera línea del poema: Los gozos celestiales son nuestros. Mientras componía su Tercera sinfonía, entre 1893 y 1896, Mahler tuvo la idea de incluir esta canción en uno de los movimientos de la obra. Sin embargo, pronto descartó esta noción y prefirió conservar la canción para convertirla en el último movimiento de la Cuarta sinfonía. En el verano de 1899 Mahler comenzó a trabajar en los tres primeros movimientos de la obra, puramente instrumentales. La obra fue terminada en agosto de 1900 y publicada, tal como Mahler la había escrito, en 1901. El mismo Mahler se encargó de dirigir el estreno mundial de su Cuarta sinfonía, en Munich, con la Orquesta Kaim, el 25 de noviembre de 1901. Como en el caso de otras obras de Mahler, la sinfonía encontró dificultades para entrar de lleno en el gusto del público y fue recibida con hostilidad, al grado de que en una carta escrita a Julius Buths en 1903, Mahler llamó a la obra mi hijastra perseguida. Un poco a la manera de su admirado Anton Bruckner, Mahler abordó la partitura de nuevo y le hizo varias revisiones, la última de las cuales data de 1910. El estreno mundial de esta última, definitiva versión, fue dirigido por el propio Mahler al frente de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, en enero de 1911, pocos meses antes de su muerte. La introducción del primer movimiento, en flautas y cascabeles, se convierte en un elemento unificador del mismo, y más tarde será también importante en el cuarto movimiento. En el segundo movimiento, Mahler retoma el ambiente de las danzas campesinas austríacas, en particular el ländler, para desarrollarlo de una manera muy particular: varios pasajes de la parte del violín concertino están en scordatura, es decir, con una afinación alternativa que implica que el violín está afinado un tono más arriba de lo normal, dando a la música un efecto irreal, casi fantástico. El tercer movimiento de la Cuarta sinfonía es uno de los momentos más tranquilos y transparentes de Mahler, aunque no está del todo exento de cierto dramatismo que por momentos se vuelve muy intenso. En una ocasión, Bruno Walter le preguntó a Mahler cuál había sido la inspiración para la profunda quietud y clara belleza de este movimiento, a lo que el compositor respondió que su visión había sido la de un sepulcro en una iglesia, con sus figuras de mármol que yacían inmóviles con los brazos cruzados en eterna paz. De esta paz nace la transparencia del cuarto movimiento, en el que después de una apacible introducción orquestal, la soprano canta la canción que Mahler había rescatado de El cuerno mágico del doncel. El compositor divide la canción en cuatro episodios, señalando cada división con el mismo tema de flautas y cascabeles con el que antes había anunciado el inicio de la sinfonía. La canción con la que finaliza a Cuarta sinfonía de Gustav Mahler es una inocente y directa alabanza a los placeres celestiales, a un simbólico banquete preparado en el mismo cielo, a los fértiles jardines de las alturas, a los coros y bandas angelicales y al éxtasis de la transfiguración. En estricta correspondencia al texto de la canción, Mahler concluye su Cuarta sinfonía en un ámbito musical calmado, apacible, casi beatífico. Con este gentil gesto sonoro, Mahler dio por terminada la trilogía de sinfonías vocales asociadas con El cuerno mágico del doncel (y conocidas por ello como las sinfonías Wunderhorn) para dar paso a la trilogía de sinfonías puramente instrumentales de la parte media de su producción sinfónica: la apocalíptica y fantástica quinta, y las oscuras y tormentosas sexta y séptima.

 

Fuente: Juan Arturo Brennan para la Orquesta Sinfónica de la UANL

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