Joaquín Beristáin: una breve semblanza

Publicado: junio 17, 2019 Última Modificación agosto 25, 2019 Por: Música en México

A lo largo del siglo XIX, compositores de la talla de Ernesto Elorduy, Felipe Villanueva, Juventino Rosas y, sobre todo, Ricardo Castro, tuvieron un papel preponderante en lo que se conoce como el Romanticismo musical mexicano. Sin embargo, no hay que olvidar la presencia —mucho más discreta debido a su prematurísimo fallecimiento— de Joaquín Beristáin (1817-1839), pianista, violonchelista, compositor y director de orquesta que desarrolló una importante actividad de creación y difusión dentro del panorama musical mexicano de la época.

Joaquín Beristáin nació, vivió y murió en la Ciudad de México. A temprana edad quedó huérfano de padre y fue su hermano mayor, Miguel, quien se hizo cargo de su formación musical inicial. Desde su infancia destacó como pianista, y poco después se dedicó al estudio del violonchelo, instrumento con el que se le llegó a considerar uno de los más grandes virtuosos de su época. A los 17 años de edad se convirtió en primer violonchelo de la orquesta de la Colegiata de Guadalupe, y un año después el compositor y director de orquesta italiano Lauro Rossi (1812-1885) lo nombró su asistente concertador durante las representaciones que la compañía de ópera Rossi ofreció en México entre 1835 y 1837. En plena fiebre operística que se había desatado en la capital del país, Joaquín Beristáin fue nombrado, en 1837, director de la orquesta del teatro Principal, recinto que entonces albergaba la intensa actividad rossiniana de la compañía de ópera italiana del renombrado bajo Filippo Galli (1783-1853). Además de montar en escena los grandes éxitos del repertorio belcantista, Beristáin realizó una admirable instrumentación de la ópera La sonámbula de Vincenzo Bellini, la cual le granjeó el sobrenombre de “el Bellini mexicano”.

Como compositor, Joaquín Beristáin escribió una sinfonía para gran orquesta, un cuarteto para cuerdas, unos Versos de orquesta a octavo tono con pistón obligado (que dedicó al célebre trompetista Manuel Salot), varias piezas de salón y numerosas obras sacras (las cuales forman parte de los archivos de la Basílica de Guadalupe), entre las que destacan Non fecit taliter para coro y orquesta y una monumental Misa, esta última considerada como su obra maestra. Sin embargo, su trabajo más emblemático es la Obertura Primavera. Considerada como la primera obertura escrita en el México independiente, esta pieza ha sido interpretada con regularidad por las más diversas orquestas nacionales a lo largo de los años.

Como si de una carrera contra el tiempo se tratase, Joaquín Beristáin compuso la mayor parte de su obra entre 1837 y 1839, los últimos años de su vida. En 1836 contrajo matrimonio con la soprano, pianista y compositora Ignacia Lizaliturri (1818-1856), con quien procreó al también músico Lauro Beristáin, y en 1838 fundó, junto con Agustín Caballero, su propia academia de música, institución educativa que se puede considerar precursora directa del Conservatorio Nacional de Música. Joaquín Beristáin murió el 3 de octubre de 1839, a los 22 años de edad.

Joaquín Beristáin: Obertura Primavera / Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, dirige Armando Zayas

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