Selección de obras navideñas del Renacimiento a mediados del siglo XX

Más allá de la música tradicional, la Navidad ha inspirado de una u otra forma la música académica. Algunas composiciones han persistido en la memoria popular.

Por Música en México diciembre 20, 2019 Última Modificación diciembre 20, 2019

Por Sergió Villicaña

Con la llegada de las fiestas decembrinas llegan también inevitablemente numeroso villancicos y canciones navideñas que se dejan oír por doquier. Más allá de la música tradicional, la Navidad ha inspirado de una u otra forma la música académica. Algunas composiciones han persistido en la memoria popular —como la suite de El Cascanueces de P. I. Chaikovski— pero por su copiosidad, merecen revisión otras que son igualmente evocativas y menos conocidas. Sin pretender ser exhaustiva, a continuación proponemos a los lectores una lista de piezas y obras acompañada de breves anotaciones.

Durante el Renacimiento y gracias en buena parte a las innovaciones en la polifonía, la música coral se enriqueció más que en ningún otro período. Giovanni Gabrieli fue un celebrado músico en sus días, quien se destacó en Venecia y fue organista de San Marcos a principios del siglo XVII. Compuso múltiples obras para metales y para coros, entre ellos el motete Salvator noster para quince voces, una exhortación al júbilo por el nacimiento de Cristo.

Contemporáneo de Gabrieli, el compositor más destacado de la escuela romana fue el español Tomás Luis de Victoria. Uno de sus motetes más celebrados es O magnum mysterium, cuyo texto habla con solemnidad del misticismo de la Navidad. A excepción del inicio en contrapunto, la mayoría de la pieza se desarrolla en homofonía y con un ritmo binario y sosegado, hasta el Aleluya final, en donde cambia a un ritmo ternario y más festivo.

Toda lista estaría incompleta si no incluyera al portentoso Johann Sebastian Bach. Debido a su puesto de Kantor en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig desde 1723 —en donde estaba encargado de “supervisar” la música que se interpretaba en los servicios religiosos, y de componer una cantata para los domingos y días festivos—, dejó como legado más de doscientas cantatas excepcionales para la historia de la humanidad, y entre todas, treinta y tres cantatas dedicadas a Adviento, Navidad, Año Nuevo y Epifanía (más nueve obras compuestas antes de 1723, o que están extraviadas o inacabadas). En el segundo día de Navidad de 1723 (la iglesia luterana celebra la Navidad con tres días de fiesta consecutivos), Bach estrenó la cantata Dazu ist erschienen der Sohn Gottes, BWV 40, cuyo título corresponde al texto del coro inicial y dice Para esto apareció el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo”; el toque marcial del primer número hace referencia a la lucha entre el bien y el mal del que se habla en la cantata, haciendo recordar a los feligreses el fin último del nacimiento de Jesucristo: vencer al pecado y salvar a la humanidad.

Sin embargo, la obra navideña más emblemática de J. S. Bach es el Oratorio de Navidad, BWV 248, una monumental obra que se interpretó en 1734 a lo largo de los tres días de Navidad, Año Nuevo, el domingo después de Año Nuevo y la Epifanía. La obra está compuesta por seis cantatas independientes, una para cada día de celebración, pero la ilación y coherencia de las partes entre sí permiten entenderla como un oratorio completo.

La obra instrumental de Bach también está sumamente nutrida de referencias religiosas, sobre todo sus numerosas obras para órgano. De éstas últimas una pequeña muestra son los preludios In dulci jubilo, BWV 608 y 729, basados en un himno anterior a la Reforma que describe la felicidad de los corazones por el nacimiento de Jesús.

Por otro lado, los días de Navidad no sólo son de regocijo, sino que también aflora el sentimiento de melancolía y tristeza en mucha gente por la soledad y las carencias. “Esta Noche es Nochepena” dice el poeta Rafael Montesinos. Los mejores ejemplos de lo anterior —como no podía ser de otra forma— los encontramos en el Romanticismo, con Franz Schubert y Frédéric Chopin. El primero compuso el ciclo de canciones Winterreise (Viaje de invierno), Op. 89, que si bien no tienen temática navideña, sí se desarrolla en un paisaje invernal y gélido, proyección exterior de los sentimientos del caminante que protagoniza los poemas de Wilhelm Müller de dichas canciones. Schubert al tiempo de composición de la obra, ya se encontraba con una salud muy deteriorada por la sífilis y moriría al año siguiente, por lo que no es difícil encontrar correspondencias entre el personaje de las piezas y el compositor.

En diciembre de 1830, el joven de veinte años Frédéric Chopin se encontraba completamente solo en Viena; había llegado un par de semanas antes de la Nochebuena con su amigo Titus Wojciechowski, pero éste regresó a Varsovia al enterarse del levantamiento de sus compatriotas contra el dominio ruso. De estas fechas y en estas circunstancias data la composición del Scherzo No. 1 en si menor, Op. 20. La pieza está llena de dramatismo y movimientos vertiginosos y desgarradores. En la sección central, no obstante, una cantabile melodía serena la tormenta musical anterior: Chopin cita un antiguo villancico polaco, Lulajże Jezuniu (Duerme pequeño Jesús), como reminiscencia de la vida en su patria que hasta ese momento había tenido. El scherzo está dedicado a su amigo Thomas Albrech, quien lo convenció de permanecer en Viena lejos de su familia por el peligro de volver, y así poder construir su carrera musical. Chopin nunca regresaría a Polonia posteriormente a pesar de todos sus intentos.

En el siglo XIX muchos compositores dedicaron obras a la Navidad. Weihnachtsbaum (Árbol de Navidad), S. 186/R. 71, de Franz Liszt, es una suite de doce piezas para piano, que el compositor dedicó a su nieta Daniela (hija de Cosima y el director Hans von Bülow); la tercera pieza, In dulci jubilo, es la más conocida por su delicadez y dulzura, compuesta a modo de pastoral para representar a los pastores adorando a Jesús en el pesebre. El compositor noruego Edvard Grieg incluyó en su ciclo de Siete canciones infantiles, Op. 61, una pieza titulada Sang til Juletraeet (el Árbol de Navidad) con texto del poeta Johan Krohn, sobre cómo el árbol adornado con luces y la estrella que lo corona, recuerda el nacimiento del Niño Dios; la melodía es suave y el acompañamiento arpegiado, y transmiten eficazmente la calidez de la celebración. La canción Geistliches Wiegenlied (Nana espiritual), de Johannes Brahms, pertenece a las Dos canciones para voz, viola y piano, Op. 91; el texto es una traducción del poema de Lope de Vega Pues que andáis en las palmas. Félix Mendelssohn sentía una profunda admiración a J. S. Bach, y a imitación suya compuso una cantata basada en el himno lutarano Vom Himmel Hoch (Desde lo alto del cielo vengo), que escribió en el invierno de 1830 mientras se encontraba en Roma; el primer movimiento comienza con una figura descendiente de los violines, simbolizando la venida de los ángeles con el mensaje del nacimiento de Cristo. Asimismo, Fanny Mendelssohn utilizó el mismo coral luterano que su hermano para la última pieza de su serie El año, la correspondiente a Diciembre.

Otro compositor admirador de las formas tradicionales fue el francés Camille Saint-Säens, quien compuso el Oratorio de Nöel (Oratorio de Navidad), Op. 12, terminado en tan solo doce días en diciembre de 1858 y estrenado en la iglesia de la Madeleine en París en donde Saint-Säens era organista. Tiene diez movimientos, destacando el coral Gloria in altissimis Deo (Gloria a Dios en las alturas), el aire para mezzosoprano, Expectans, expectavi Dominum (Espero en ti Señor) y el trio para soprano, tenor y barítono Tecum principium (En el día de tu poder), bellamente acompañado de órgano y arpa.

En la ópera, la representación más ambiciosa y mejor lograda del sentimiento festivo que impera en los días de Navidad se encuentra en La Bohéme (La bohemia) de Giacomo Puccini. Después del idílico e íntimo encuentro entre Rodolfo y Mimí en el primer acto, el segundo inicia con el bullicio parisino en Nochebuena; vendedores de frutas y castañas, niños corriendo y emocionados por ver los juguetes, toda la escena se compone de superposición de distintas voces del coro, dando la impresión de una multitud.

En el catálogo de Jean Sibelius se encuentran como Op. 1 las Cinco canciones de Navidad, aunque realmente las compuso entre 1897 —comenzando por la tercera canción, Det mörknar ute (Está oscureciendo) y 1913. Las canciones gozan de una permanente popularidad en Finlandia, interpretándose comúnmente en eventos públicos, iglesias y escuelas, en especial la cuarta canción, Giv mig ej glans, ej guld, ej prakt (No me des esplendor, oro o gloria). A pesar de la sencillez de las piezas, el compositor les tuvo afecto durante toda su vida por ser interpretadas en su ambiente familiar durante las celebraciones; prueba de lo anterior es el hecho de que las últimas musicalizaciones que hizo de la obra las escribió hasta 1954, tres años antes de fallecer.

El siglo XX significó una renovación completa del lenguaje musical y de las formas tradicionales. Sin embargo, el tiempo de Navidad siempre sirvió de inspiración hasta para los compositores más vanguardistas y radicales. El compositor francés Claude Debussy incluyó en su suite Children’s Corner (El rincón de los niños), L. 113, la pieza The Snow is Dancing (La nieve danza), cuya melodía y ritmo en contratiempo simulan la caída de los copos de nieve. Arnold Schönberg, pocos años antes de proponer las técnicas atonales, compuso una breve pieza coral, Weihnachtsmusik (Música de Navidad), basado en el villancico tradicional alemán Es ist ein Ros entsprungen (Ha nacido una rosa).

Posiblemente la obra más interesante de ese periodo es Une cantate de Noël (Una cantata de Navidad) de Arthur Honneger. La obra inicia en un tono oscuro, simbolizando el pecado que oculta la luz al mundo; en la sección central se exponen múltiples villancicos en una forma de quodlibet; la obra termina con un fragmento del salmo 117 brillante y exhultante.

Para no pasar por alto a los compositores americanos, cabe destacar al guitarrista Agustín Barrios Mangoré, quien compuso una bella pieza con ritmo de pastoral, Villancico de Navidad.
Finaliza esta brevísima lista con la delicadeza de A Ceremony of Carols (Ceremonia de villancicos), Op. 28, de Benjamin Britten, once piezas para voces y arpa.

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