Tristán e Isolda: un amor trágico en el MET

Publicado: septiembre 28, 2016 Última Modificación septiembre 28, 2016 Por: adminmusica

La de Tristán e Isolda es, sin duda, una de las más tormentosas historias de amor que podemos encontrar dentro de ese impresionante retablo narrativo medieval que es el Ciclo del rey Arturo.

Por José Antonio Palafox

La de Tristán e Isolda es, sin duda, una de las más tormentosas historias de amor que podemos encontrar dentro de ese impresionante retablo narrativo medieval que es el Ciclo del rey Arturo.

Existen diferentes versiones de esta leyenda pero, a grandes rasgos, el relato nos habla de uno de los caballeros de la Mesa Redonda llamado Tristán, quien es el adorado sobrino del rey Marco de Cornualles. El rey se ha comprometido en matrimonio con una princesa irlandesa llamada Isolda “la rubia”, y envía a Tristán en calidad de emisario para que la conduzca a su palacio. Preocupada por lo que a todas luces es un matrimonio sin amor, la madre de Isolda prepara un filtro mágico y se lo da a Brangaine, la doncella de su hija, con la indicación de que deberá dárselo a beber al rey y a la princesa el día de su boda para que surja el amor y sean felices.

Así las cosas, el valeroso Tristán emprende el regreso a Cornualles llevando consigo a la bella Isolda. Sin embargo, durante la travesía y por una desdichada confusión, ambos beben accidentalmente el filtro mágico y terminan perdidamente enamorados uno del otro. La princesa se desposa con el rey Marco, pero la pasión que une a Tristán e Isolda es tan poderosa que cada noche se las arreglan para consumar su amor sin que el rey se dé cuenta.

Sin embargo, los otros caballeros de la corte -ya de por si envidiosos de las hazañas de Tristán- empiezan a murmurar. Las damas también ven con malos ojos la familiaridad con que ambos jóvenes se tratan. El propio rey Marco empieza a sospechar de su esposa y de su querido sobrino. Esta historia de amor no puede acabar bien…

En 1857, Richard Wagner comenzó a trabajar en la composición de Tristán e Isolda, ópera en tres actos que es una de las más grandes creaciones del músico alemán. A esas alturas del siglo XIX, la segunda generación del movimiento romántico alemán tomaba como fuente de inspiración la literatura medieval. Wagner, particularmente, había quedado impactado con la lectura de el Cantar de los Nibelungos, Tannhäuser, Parsifal y Tristán e Isolda (todos los cuales llevó al terreno musical). Aunque se encontraba trabajando en su mastodóntica tetralogía del Anillo del Nibelungo, hizo un paréntesis de dos años para componer Tristán e Isolda tomando como base la versión que de esta trágica historia de amor hiciera el poeta Godofredo de Estrasburgo en el siglo XIII. El propio Wagner, durante la creación de esta ópera, vivió una historia de amor tormentoso digna de los personajes a los que estaba dando voz: viéndose obligado a renunciar a su cargo como director de la ópera de Dresde por su participación en el fallido intento revolucionario conocido como el Alzamiento de Mayo en esa ciudad, Wagner huyó a Zúrich, donde –para consternación de Wilhemina Planer, su primera esposa- se enamoró de la poetisa Mathilde Wesendock (al grado de que compuso una serie de canciones, los Wesendock lieder, con textos de ella), quien estaba casada con el banquero Otto Wesendock, admirador y mecenas de Wagner. Fue en la casa para huéspedes de este matrimonio en Zúrich donde Wagner, en plena efervescencia de su romance “prohibido”, empezó la composición de esa otra historia de amor clandestino que es Tristán e Isolda.

En 1858 la esposa interceptó una carta de la amante y Wagner, temiendo una verdadera masacre conyugal, se trasladó discretamente a Venecia, donde concluyó el segundo acto de su ópera, a la que prefería llamar “drama musical”. Pero, drama conyugal aparte, el músico seguía siendo un prófugo político, por lo que –preocupado ante una posible extradición a Dresde- se trasladó a Lucerna, donde, en 1859, finalizó la composición del tercer acto de Tristán e Isolda.

Una vez concluida su ópera, el problema fue estrenarla: la Ópera de París (entonces el centro del mundo operístico) rechazó Tristán e Isolda después del estrepitoso fracaso, unos meses antes, de Tannhäuser, así que Wagner llevó su partitura a la Ópera de Karlsruhe en Baden, donde le sugirieron la Ópera de Viena como el lugar ideal para estrenarla. Los ensayos comenzaron en 1862, pero dos años después la obra seguía sin ser puesta en escena porque los cantantes estelares no podían con sus papeles y los directores orquestales consideraban que la partitura era demasiado compleja. Finalmente, con el auspicio de Luis II de Baviera y bajo la batuta de Hans von Bülow (con cuya esposa, Cósima, Wagner estaba sosteniendo otra aventura “prohibida”), la obra se estrenó en la Ópera de Múnich en 1865. El tenor alemán Ludwig Schnorr von Carolsfeld y su esposa, la soprano danesa de ascendencia portuguesa Malvina Garrigues, fueron los primeros Tristán e Isolda wagnerianos. Sin embargo, al igual que con los desdichados protagonistas de la leyenda medieval, la tragedia también se ensañó con esta feliz pareja: tras únicamente cuatro representaciones, Ludwig Schnorr von Carolsfeld –con 29 años de edad- moría repentinamente de un infarto, en apariencia debido al titánico esfuerzo que supone cantar el papel de Tristán. La muerte de su amado esposo sumió a Malvina Garrigues en un estado de depresión tal que nunca volvió a cantar.

Víctima de una especie de “maldición” debida a este incidente (años después, en 1911 y en 1968, respectivamente, los directores Félix Mottl y Joseph Keilberth también fallecieron mientras dirigían Tristán e Isolda), la ópera fue “archivada” hasta 1874, cuando fue desempolvada para recibir una modesta interpretación en Weimar. En 1886 -tres años después de la muerte de Wagner-, Cósima (entonces ya su viuda) agregó Tristán e Isolda al llamado “Canon de Bayreuth”, un catálogo de óperas de Richard Wagner que se representan en el Bayreuther Festspielhaus, un teatro de ópera especialmente diseñado por el propio compositor en la ciudad alemana de Bayreuth.

Maldiciones y tragedias aparte, Tristán e Isolda cuenta con algunos de los momentos más bellos de la historia de la música, como el emotivo preludio inicial o la famosísima “muerte de amor” (liebestod) de Isolda, y continúa siendo una de las óperas favoritas del público. El próximo sábado 8 de octubre, el MET de Nueva York inicia de manera espectacular su temporada 2016-2017 con una nueva producción de esta obra cumbre de Richard Wagner, que además será la transmisión en directo número 100 en los diez años que el MET ha dedicado a este proyecto de difusión cultural. En los papeles principales estarán el tenor australiano Stuart Skelton como Tristán, la soprano sueca Nina Stemme (quien cerró la temporada 2015-2016 con una espléndida Electra de Strauss) como Isolda, la mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova como Brangaine y el veterano bajo alemán René Pape como el rey Marco. Al frente de la orquesta del MET estará el legendario director británico sir Simon Rattle, y la propuesta escénica correrá a cargo del vanguardista artista eslovaco Boris Kudlička. La cita, como siempre, es en el Auditorio Nacional.

Richard Wagner: Tristán e Isolda (Preludio al Acto I) / Orquesta Sinfónica de la NBC, dirige Arturo Toscanini

 

 

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